“Creo que un hombre nace varias veces”: Ernesto Navarro

“Creo que un hombre nace varias veces”: Ernesto Navarro

La novela autobiográfica Puerto Nuevo, de Ernesto Navarro (Ciudad Ojeda, 1974), será presentada en la sala Sergio Antillano, del Teatro Baralt, el próximo viernes 22 de abril, en el marco de la celebración del Día Mundial del Libro (23).
El colega Navarro, exintegrante del staff de reporteros del diario Panorama, estará presente esa tarde de viernes, junto con su compañera de vida, la poeta Indira Carpio Olivo.
El poeta Alexis Fernández hará la presentación formal de la novela, mientras que los también poetas trovadores, Israel y Gustavo Colina, dispondrán de un repertorio especial vinculado con la historia. El productor Augusto Pradelli coadyuva en este esfuerzo.
Nuestro compañero de oficio en el área cultural, Alexis Blanco, quien también organiza y produce el encuentro artístico literario, realizó una larga entrevista con su hermano Navarro (los dos ostentan el Premio Nacional de Periodismo) que Noticia Al Día tiene a bien ofrecer ahora a sus lectores con carácter de exclusiva.

DEL AUTOR:

Escribo.
Escribo lo que veo, pero casi siempre lo que me cuentan.
Nací en una ciudad que está bajo el agua, donde se aprende a montar caballos de hierro y el valor se demuestra jugando béisbol o fútbol en calles de asfalto, descalzo, a mediodía.
En mi pequeño pueblo solo habían dos distracciones: ser Boy Scout, o fumar marihuana. Yo primero fui Boy Scout…
Fui monaguillo, animador de «fiestas de 15 años» y anotador de juegos de Bolas Criollas. Me he especializado en hacer reparaciones con Pega Loka, oler comida para saber si está piche y probar la leche que está al borde de la caducidad. Cuento chistes que no dan risa y canto muy bien, aunque se oye muy mal. Me he vuelto capaz de leer 3 ó 4 libros en simultáneo y recordar hasta donde avancé la última vez que lo abrí.
Soy papá de 4 mujeres… (sí, ya sé lo que me espera) que me corrigen todo el tiempo como si fuesen más viejas que yo, y me hicieron experimentar qué se siente ir al baño con público.
Publiqué dos libros de poesía que no se conocen. Luego, una novela. Una gente me dio un premio y después se arrepintió, y ahora paso los días mintiéndo-me.

FUMANDO EN PUERTO NUEVO …
 
1.-Julio Cortázar, al referirse a las Novelas Ejemplares, de Cervantes, las define como un “género a caballo entre el cuento y la novela”. En tal sentido, ¿Cómo definiría a Puerto Nuevo en cuanto a su extensión? ¿Pensó siempre en una pieza breve como para facilitar su encuentro con el lector? ¿Cree que pudo haberse extendido más en cada uno de los trece capítulos para expandir más la dimensión misma de la cadena de historias? ¿No siente que sus lectores podrían quedar “picados” de ganas de leer su exquisita experiencia narrativa? ¿Reconoce influencias, directas e indirectas, en el contexto general de la obra?
 
-Puerto Nuevo es una ficción autobiográfica. Es también una historia íntima que las mujeres de mi familia (muy buenas narradoras orales, todas) fueron tejiendo en mi mente con el paso de los años. Con ella me acunaron o durmieron en la infancia, y fueron poblando de seres extraordinarios toda mi vida.
 
Yo la he contado como la aprendí o quizá como la recuerdo para contarla a mí modo, sintetizando la frase de García Márquez al inicio de “Vivir para contarla”. En ningún momento me propuse una extensión para este texto, no sé escribir de forma tan premeditada. Lo que allí se imprimió es lo que consideré le hacía justicia a la historia que quería contar. Puerto Nuevo no es una biografía de Germán, el personaje principal, tampoco un árbol genealógico, ni un libro de historia formal. Es apenas un capítulo de una vida, que se alimenta con el pasado y el futuro para aterrizarlo en una esquina, de una calle, de un campamento petrolero. Puede ser la vida de muchos, de muchas. Este lado del país está repleto de gente que dejó su oficio de campesino para perseguir el sueño de progreso y futuro que se vendió con el petróleo. Ese aspecto le hace de puente, de comunión, con una buena parte de la población. 

Las personas con alguna conexión a la cultura petrolera son las que, en principio, han expresado que quedaron con ganas de más. Quizá porque Germán podría ser el padre o el abuelo de cualquiera de ellas o de ellos.
 
He intentado capturar aromas, colores y voces que son códigos de la cultura del oro negro, tamizadas -sin duda alguna- por mi propia experiencia como habitante de un campamento petrolero. Por ejemplo, cuando cursé la secundaria debí leer algunas de las novelas del universo petrolero: Oficina Uno (Otero Silva), Sobre la misma tierra (Gallegos), Guachimanes (Gabriel Bracho Montiel) o Mene (Ramón Díaz Sánchez). Son textos que leí varias veces a lo largo de adolescencia. Encontré en esas novelas un montón códigos que me eran cercanos, porque me los había contado mi abuelo, me fueron comunes, pero distaban generacionalmente de mí. Creo ahora que yo estaba gestando mi historia, la que les cuento. Con ese ejemplo de las lecturas quiero decir que mi pluma está asaetada como San Sebastián, no solo por la literatura petrolera, sino por las maneras de contar en esta orilla del lago de Udón (Mamá nos dormía leyéndonos de Panorama las crónicas de Camacho o el Reposo del Domingo). Conservo, fraguado en la memoria del corazón, el asombro feliz por las onomatopeyas fulminantes de Blas Perozo Naveda en su Cheo de va de rumba… y también por esta manera de narrar tan caribeña que se conoce como realismo mágico. Algo de esos espíritus cargo sobre el lomo y dentro de la tinta de la pluma.
 
2.-En sus ensayos Sobre la literatura, el polímata Umberto Eco habla sobre “la idea renacentista de la «sprezzata disinvoltura» (despreocupación desdeñosa): el hombre de estilo será el que tenga el ingenio, el valor (y el poder social) de comportarse transgrediendo la regla, es decir, mostrando que tiene el privilegio de poderla transgredir…”. En su novela, ¿cuáles son las técnicas de escritura que prevalecen?; ¿quiso establecer algún criterio personal acerca del desarrollo de la obra?; ¿sintió alguna necesidad de transformar esa esencia telúrica de los relatos ancestrales que según plantea, instigaron su escritura?; ¿encontró diferencias entre la manera de escribir heredada de sus experiencias periodísticas y esas formas que inquiríamos antes?; ¿qué es para usted el estilo literario?; en todo caso ¿cómo define el suyo?
 
-Debo comenzar señalando que me formé en una sala de redacción, como reportero. En una época en que los medios impresos iban de salida, pero aún no lo sabíamos. Siendo casi niño todavía, trabajé con periodistas de oficio, de esos que nunca fueron a la universidad y que me llamaban borlado por estudiar en la universidad. También con otros que, aunque fueron a la academia tenían el valor y la osadía de romper el corsé de la estructura periodística gringa. Muchos de esos seres me alentaron a escribir siguiendo mi instinto, buscando mi propia voz. Fue algo que entendí que debía hacer, aunque me costó un rato largo conseguirlo. Sólo tuve claridad de que había dos trucos pare ese propósito: escribir mucho y leer más. Vos debéis recordar la prédica incansable de Luis Cañón Moreno: ‘un periodista debe leer kilómetros, para aspirar escribir algunos buenos metros’.
 
Poder dar un paso más allá del periodismo, en mi caso, requirió un ejercicio de conciencia, porque a veces la inercia me arrastra inmisericordemente a la crónica, que ha sido el género que más he cultivado. Del periodismo me guardo eso que llaman ‘el olfato’. Es decir, aprender a encontrar historias en los relatos orales de la gente de cualquier esquina. Formular preguntas o rebanarme el cerebro en el arte de saber preguntar verdaderamente.
 
En algún momento creí que Puerto Nuevo podría ser una crónica periodística, pero el relato tenía otra esencia. Tenía voces, olores y paisajes que fueron apareciendo detrás de mis primeras notas, que se me revelaron y que trascendían con mucho a la forma periodística. De no haber incluido todos esos elementos, no le habría hecho justicia a la historia que me enseñaron.
 
Ahora, no me gusta teorizar mis textos ni los ajenos, para esa tarea hay expertos. Soy de los que se deja impactar por una expresión artística, no las analizo, intento sentirlas y comulgar con la energía que contienen. Yo cuento las historias con la forma que me he fabricado para mí, libando de todo cuanto he leído desde niño y del ejercicio de la reportería. No intento inventar el agua tibia, quizá mi forma sea un estilo y quizá hasta tenga un nombre. Yo lo que hago es contar.
 
El único desafío que me planteo cuando empiezo a escribir es imaginar el final de la historia, eso me permite saber a dónde voy. Después puedo girar, subir o bajar, caminar o correr, pero con la certeza de llegar a un punto que ya conozco. Eso no niega que en algún momento la propia historia me plantee un final diferente, pero me sirve de azimut para la ruta.
 
 
3.- En la segunda década del siglo pasado, muy importante en el acontecer de Puerto Nuevo, el filósofo húngaro Georg Lukacs publica su legendaria Teoría de la Novela, la cual define como “la epopeya de una época en que la totalidad extensiva de la vida no está determinada, en que la inmanencia del sentido tampoco está directamente determinada, pero que aún busca la totalidad.”…¿En qué momento supo que estaba listo para emprender el viaje escritural?; ¿cuáles eran sus certezas, y sus dudas, sobre lo que pretendía legar al lector?; ¿cuáles son esas anécdotas que ahora acompañan su exposición de motivos al compartirla?; ¿está concluida su intención?; ¿o tal vez siente necesidad de proseguirla?
 
-Te cuento algo. La noche del martes ocho de febrero del año 2005, mi abuela María, y Carmen, mi madre, me contaban anécdotas sobre mi abuelo; un obrero petrolero que falleció cuando yo apenas tenía 6 años. Estábamos debajo de un árbol de nísperos, en el patio de la casa de Lagunillas y contábamos con un termo grande repleto de café. Se me ocurrió grabar en un cassette TDK, aquella conversación que fui interrumpiendo con preguntas. Esa noche sentí que las anécdotas que ellas relataban tenían potencial para ser escritas. Luego hice notas que fui perdiendo consecutivamente a lo largo de varios años. Pero el cassette con aquella conversación sobrevivió a incontables mudanzas de residencia.
 
En julio de 2019, catorce años después, lo encontré en una gaveta. Un amigo me prestó una vieja grabadora Panasonic tipo periodista y me bastaron un par de minutos para darme cuenta que Puerto Nuevo, ya estaba armada en mi cabeza, lo supe y lo sentí. Detuve la grabadora y durante una semana entera escribí como en medio de un trance, vacié en las hojas blancas todo cuanto pude, sin detenerme más que para dormir y comer. Volvía a la cinta solo para verificar algún dato o número o nombre.
 
Tuve la certeza de saberme ese relato de principio a fin, incluso de saber el tono que debía tener. Eso que sentí quizá es lo que algunos traducen como inspiración. Con ese impulso me sumergí en la escritura. Obviamente luego vino un proceso de edición, de carpintería de la escritura, donde se pone y se quita, se serrucha o se lija. Seguido de una larga duda sobre hacerlo público, porque publicar es exponerse y eso siempre genera algo de temor.
 
Ahora mismo no tengo claro si esa novela tendrá una continuidad. Yo escribí lo que sentía que debía escribir hasta el punto y final. Le toca a Puerto Nuevo encontrar lugar donde anclarse y decidir y quiere seguir la navegación.
 
4.-En su Paisaje y Lenguaje de la Novela, publicado en la Biblioteca Cervantes, el poeta Mario Benedetti, partiendo desde el cubano Cintio Vitier, nos ilumina: “Para que la naturaleza se convierta en paisaje ha de pasar por la aduana del arte. La naturaleza es una imposición; el paisaje, en cambio, es una elección. Cuando el artista elige un fragmento o un instante de naturaleza y lo incorpora a su estado de ánimo, a su nostalgia, a su hedonismo, sólo entonces ese trozo de naturaleza se convierte en paisaje…”….¿Cómo pensó resolver esa trascendente presencia del paisaje en todo el contexto de Puerto Nuevo?; ¿dibujó de alguna forma ese mapa que bordea el piedemonte andino e involucra varios estados del territorio venezolano?; ¿sintió de alguna manera necesidad de recorrer palmo a palmo ese espacio?; ¿pernoctó y amaneció en tales lares hasta quizás reencontrarse con su propia estirpe?; ¿cuánto de imaginación y cuánto de sensación almacenó en sus textos para descifrar tales dimensiones geográficas?
 
-Era imposible contar la épica de Germán, el personaje principal, sin describir la tierra donde nació, creció y los paisajes que atravesó cuando se contagió con la fiebre del petróleo. La anatomía agreste de la sierra de Falcón, atravesada por el clima semiárido, forja el carácter de los hombres de esta historia, los obliga a buscarse las maneras de adaptarse para vivir y sobrevivir en condiciones durísimas.
 
La novela me planteó el reto de sacar esos paisajes de mi memoria y para hacerle justicia volví a recorrerlos. Emprendimos un viaje familiar por carretera con ruta: Caracas – Barquisimeto – La Pastora – Monay – Boconó – Trujillo – Valera – Mene Grande – Lagunillas – Coro – Punto Fijo – Morón – Caracas. En esos caminos aproveché para entrevistar personas que habitaron esos espacios de Falcón, de Trujillo, de Lara y del Zulia, hablé con cronistas y hasta hurgué en los recuerdos familiares hasta lograr que describieran detalles que a veces se obvian en las charlas de sobremesa. Quería acercarme lo más que pudiera a los escenarios que pisaron los personajes, a las paletas de colores que van cambiando a medida que uno desciende de la sierra de Falcon a la Península o al cruzar los pueblos de Lara que colindan con Trujillo. Resultó una tarea espinosa porque los recuerdos siempre están embellecidos por la nostalgia y aunque la historia es una ficción, ocurre en lugares concretos, reales.
 
Al final, cada lector podrá contrastarlos con sus recuerdos propios, con su experiencia de vida, de allí vendrán las comuniones, o no.
 
5.-Al comienzo, su novela es una incitación: “Cuando Germán murió, Puerto Nuevo dejó de ser Puerto Nuevo y durante varias noches la tierra se fue hundiendo hacia el infierno […] Hasta ese instante, él habría nacido cinco veces…”.¿Podría, por favor, referir de nuevo el origen de este rosario de historias?; ¿dispuso de algún plan específico para hilvanarlas?; ¿cuánta sangre y cuánto llanto necesitó mezclar en su pluma para escribirlas?; ¿dispuso de algún plan o metodología para hacer la reportería, digo, si necesitó constatar tales reverberaciones memoriosas?; ¿se siente satisfecho de y con lo contado en el libro?
 
-Creo que un hombre nace varias veces, en eventos que lo marcan a fuego, como un tatuaje. Germán vivió varios episodios que lo llevaron a tomar decisiones, a virar la brújula, a buscarse otros cielos o a juntarse con otras gentes.
 
En el caso de Puerto Nuevo, aunque la historia tiene una estética que es capaz de otorgarle poesía a un paisaje agreste, por ejemplo, mi desafío consistió en hacerlo creíble, porque el hilo central de la novela es un relato común al universo petrolero de Venezuela. Por ello suprimí un par de escenas que, en algún momento creí que carecían de veracidad.
 
Cada escritor tiene un proceso particular para construir sus textos. Puedo hablar del mío. Yo padezco mis textos, me refiero a que los lloro o los sufro con el personaje. Creo fervientemente que si una historia no me emociona a mí, tampoco a quien la lea. Cuando eso ocurre, desecho o mando a reposo un documento que carece de emocionalidad.
 
A mí me ha gustado mucho el Puerto Nuevo que está impreso. Esperemos ahora a ponerle la distancia del tiempo.
 
6.-En una de sus obras fundamentales, Ludovico Silva expone: “La conexión íntima, esencial, que existe entre Belleza y Revolución aparece inmediatamente […] en el contacto directo y prolongado con las formas artísticas (entre las cuales incluyo a las literarias)… Todo arte verdadero es por eso revolucionario, independientemente o más allá de su contenido ideológico-político, si es que lo tiene. El verdadero arte consiste siempre en la creación de formas nuevas, que amplían el horizonte psicológico y cultural de los hombres y los pueblos. Una revolución social necesita de este ingrediente fundamental para poder realizar la transformación de las conciencias…” …¿Cómo enfoca su obra desde la perspectiva planteada por el filósofo?; ¿cuál es su interpretación de la visión política e ideológica que caracterizó la estirpe de los Navarro, contada por usted en la novela? ¿si transpolara el tiempo, a la luz de los últimos 20 años en Venezuela, en qué línea de militancia política ubicaría a sus principales personajes? ¿significó para usted algún tipo de dilema esta relación?
 
-Toda obra artística tiene la virtud de comunicarse con las personas de formas distintas, en ocasiones cambia vidas e incluso en curso de la historia, he allí al rock and roll. Creo que la honestidad no solo se percibe, sino que se agradece. Refiriéndome al planteamiento del filósofo diría que Puerto Nuevo no sólo aparece en un momento donde está trastocada la humanidad entera a causa de un virus, sino que aborda al petróleo, un tema en el que los venezolanos no tenemos medias tintas y cada cual habla desde su perspectiva. No obstante, entiendo que la obra aparece con muchos años de distancia en relación con otras novelas que tienen al petróleo como elemento transversal, bien podría resultar una nueva mirada, una configuración más cercana, principalmente porque pone la lupa en un asunto relativamente nuevo como el fenómeno de la subsidencia, que comenzó a monitorearse a finales del siglo XX y que determinó la sentencia de muerte a los campamentos petroleros de Lagunillas. Y sin ánimos de sobre exaltar la importancia de mi novela, creo que contribuirá a la preservación de la memoria colectiva y eso debe llegar a la conciencia, al menos de sus habitantes.
 
La patrilinealidad de la familia que protagoniza la novela se entusiasma y compromete con las ideas políticas de cada época en la que vivió, pero también entiende que las consecuencias son siempre para los pendejos, los que no reciben asilos, ni salvoconductos, ni beneficios, simplemente las balas o la cárcel. De allí que cultivan la idea de que no poseen en sus genes la constancia del militante y se vuelcan a la custodia de la familia y sus deberes como buenos vecinos.
 
En ese sentido me sentí identificado con la idea de no tener la constancia del militante. Hace algunos años me entusiasmé más allá de la idea y expuse convicciones que me valieron insultos y amenazas personales. Como muchos de esa generación, decidí un reencuentro con mi origen, es decir con la escritura, con la creación literaria. Porque también se siento alejado de las formas actuales del periodismo venezolano, pero eso es asunto para otro momento de reflexión.
 
Creo que la crisis actual, como ocurre históricamente, potenció la creación artística y surgimiento de propuestas que emocionan a la gente y nos convocan a encontrar lo más sublime que poseemos como raza.
 
7.-En 1998, José Saramago recibió el Nobel y dijo, al recibirlo: “Muchos años después, escribiendo por primera vez sobre éste mi abuelo Jerónimo y ésta mi abuela Josefa (me ha faltado decir que ella había sido, según cuantos la conocieron de joven, de una belleza inusual), tuve conciencia de que estaba transformando las personas comunes que habían sido en personajes literarios y que ésa era, probablemente, la manera de no olvidarlos, dibujando y volviendo a dibujar sus rostros con el lápiz siempre cambiante del recuerdo…”…¿Podría ésta ser una clave para usted? Esa emoción que rezuman sus líneas al proclamar la ética de los Navarro al cumplir siempre la palabra empeñada, ¿configura un ideario intelectual? ¿Está la literatura venezolana, en su opinión cívica, lista para recuperar tales valores morales o deontológicos? ¿En su caso particular, esa acción de constante amor familiar que le caracteriza, está consustanciado con su performance escritural?
 
-Sin duda es una clave. Hace varios años que escribo cuentos cortos de anécdotas familiares con la intensión de aportárselas a la memoria familiar que van creando mis hijas y aunque ahora algunos de mis ancestros muestren el barniz de ese lápiz siempre cambiante del recuerdo, también es verdad que los pude fotografiar antes de que mis viejos dejen de recordar las historias.
 
No tengo dudas al señalar que esa ética de vida, como la referencia a la palabra empeñada, ha sido el estandarte familiar que llevamos a las relaciones, al trabajo, a la cotidianidad.
 
Antes te decía que la actual crisis ha motivado la creación artística, y también ha potenciado lo mejor que llevamos en el ADN nacional y que se traduce como solidaridad. Nos hemos apoyado unas a otros en medio de las emergencias de salud y la búsqueda de medicamentos y el abrazo para sostener el dolor. Yo creo en ello, lo practico, lo enseño a mis hijas y lo divulgo. Esa solidaridad es al mismo tiempo una expresión de amor. Toda mi historia familiar se nutre de potentes historias de amor, incluso hemos aprendido a transformar la cotidianidad en narraciones amorosas para contarlas. La novela es una épica de la historia petrolera del país, pero transversalizada por las promesas de amor que se cumplen hasta más allá de los años. Yo lo conservo conscientemente.
 
8.-Cuando se ha leído Las clinejas de la niña y La mortaja de Papá Lionzo, los sendos primeros capítulos de Puerto Nuevo, resulta inevitable recordar a Alejo Carpentier en el prólogo de El reino de este mundo: “rara es la danza colectiva, en América, que no encierre un hondo sentido ritual, creándose en torno a él todo un proceso iniciado: tal los bailes de la santería cubana, o la prodigiosa versión negroide de la fiesta del Corpus, que aún puede verse en el pueblo de San Francisco de Yare…”. Ritos y mitos, en el mejor enfoque de Mircea Eliade, que perturban y conmueven: unos niños ahogados y una madre transida de dolor y dignidad inútil; un iluminado que reta y vence la sugestión hipnótica de una retahíla de serpientes; un manojo de ombligos sabiamente ofrendados; el trágico ritual de matar a un chivo que antes fue tu mascota; un amor diferido; una malévola partida de dados…¿Cuánto de esa heredad literaria de lo real maravilloso permea la novela y cuánto luchó para mantenerse ecuánime en sus propósitos del relato? ¿Requirió de algún tipo de ayuda profesional para sobreponerse al impacto de tan poderosas imágenes?
 
-La totalidad de los eventos que se registran en Puerto Nuevo son verídicos y los que no lo son en el sentido estricto, son al menos creíbles. Tienen sí, una carga poética que en mi opinión acompañan la historia y la nutren. Creo que es la forma de narrar lo que puede hacer potable –por ejemplo– el momento en el que un niño debe matar a su mascota para poder hacerse hombre o enterrar y desenterrar al dolor para cargarlo de un pueblo a otro, porque se prometió hacerlo.
 
Pero vuelvo sobre la idea de hacer creíble el relato. Por ejemplo, la maniobra de sacrificar un chivo me fue relatada por el trabajador de un matadero de Coro. Tuve que ponerle muy poco a lo que ese hombre me contó, ya que resultó tan natural que haberle agregado palabras le habría restado honestidad. Así también recurrí a colegas periodistas, cronistas de varias ciudades, historiadores que me ayudaron a precisar fechas, lugares y personajes, así como un psicólogo, obreros petroleros y hasta un analista político.
 
Yo comencé a escribir la novela con una grabación y un montón de recuerdos que ya iban camino al tamiz de la nostalgia, así que procurando la veracidad al relato apelé a muchas voces que me ofrecieran luz en cuanto callejón me sumergí. Pero la tarea de reconstruir el dolor o la sangre puede ser igual de dolorosa, así que en ocasiones toca lo que al actor o la actriz, salirse del papel una vez termina la interpretación, dejar que el personaje siga su camino y retornar a la cotidianidad, sabiendo que esas sensaciones se quedan en uno de alguna forma.
 
 
9.- “Pero este truco ameritaba cierta preparación. Lo primero era conseguir que la indicada estuviese fuera de su casa. Así, acudían a todos los bailes organizados en los patios de familiares y vecinos. Si la chica estaba en uno de esos festejos, Lionzo se paraba de espaldas a ella, al menos a siete pasos de distancia y frente al pretendiente. Luego, estrechaba la mano derecha del amigo mientras murmuraba una de sus oraciones impublicables. El enamorado debía mirar por encima del hombro izquierdo del rezandero. De esa forma, según dicen, lograba ver desnuda a la mujer que pretendía. Ese era, quizá, el empujón que faltaba para que el enamorado tomase la decisión de cortejarla.”. Este fragmento del capítulo dos abre cauce para un tema que subyace en el lecho narrativo de Puerto Nuevo: el amor. ¿Cómo clasificaría o, en todo caso, desearía que sus lectores asumieran esa condición constante de la obra? ¿Se planteó en todo momento que estaba escribiendo testimonios de amor? ¿Qué piensa, personalmente de este tema a la luz de su relación con la literatura? De hecho ¿la dedicatoria anuncia en clave esa condición?
 
-La novela abre puertas al amor de varias maneras: la ilusión, la conquista, el deseo, pero también a las promesas cumplidas que, considero, es una de sus fortalezas. No es estrictamente una historia de amor, pero como referí al hablar de las influencias, hay varios temas que cruzan como saetas al hilo principal y lo anudan, lo sostienen. Esa es una certeza. Pero no me gustaría orientar la experiencia particular de los lectores. Cada cual tendrá (o no) una experiencia individual con el texto, me parece que eso es lo hermoso y cruel del arte.
 
Por otra parte, el amor es siempre un tema cardinal en mis textos. Para afirmarlo, negarlo, pontificarlo o maldecirlo. Creo que cuesta mucho explicarse en el Caribe y al Caribe sin considerar el paraguas del amor. Es, en mi opinión, una fuerza nuclear del Caribe Mar y más profundamente de la literatura de este lado del mundo.
 
La dedicatoria del libro: mi amor en esta y otras vidas, es una verdad infinita que no me cuesta declarar. La escritora y poeta Indira Carpio es la mujer que me sostiene en vuelo. Con ella hemos creado letras, casa, hijas… un puerto que fortificado que defendemos con las uñas y los dientes.
 
10.-Una gran periodista y escritora, toda una dama, Elena Poniatowska, reflexiona sobre las dificultades de acercar a los jóvenes a la literatura: “Pues, yo creo que por la televisión, por la vanidad, ha disminuido mucho la creatividad, los medios electrónicos. Todo el mundo, todas las muchachas que salen de las universidades, lo primero que quieren es hablar en la tele, estar en la tele. O en las redes sociales. No quieren desarrollar lo que tienen adentro, incluso si tienen algo maravilloso, lo asfixian con tal de que las maquillen y les hagan maquillaje…”. ¿Qué piensa hacer para luchar contra este difícil asunto? ¿Cree que la novela sea susceptible de desarrollarse en otros formatos? ¿Cuente un poco cómo fue la gestación, la gestión digo, del proceso editorial de la obra? ¿Se siente satisfecho con la recepción percibida hasta ahora?
 
-Querido poeta, creo que la tecnología puede ser una herramienta poderosa capaz de tendernos puentes con los más jóvenes. Obviamente en las redes abunda la banalización de todos los aspectos de la vida y observo una tarea que consiste en orientar qué consumen mis hijas. Ahora bien, no tengo formulas prestablecidas, yo solo replico en casa la experiencia que me acercó a los libros. Le leo a mis hijas como mi madre me leyó a mí durante incontables noches. Hemos visto películas basadas en libros y luego ellas se han interesado por llegar a esos textos. Después lo hemos conseguido, aunque a costa de esfuerzos olímpicos… esto ha funcionado para nosotros, porque la lectura y la escritura forman parte de nuestro ecosistema. Tenemos libros hasta en los baños y ellas están rodeadas de ese ambiente. No sé si para otros sirva como fórmula.
 
Cuando terminé Puerto Nuevo la envié a tres concursos (sin suerte alguna) y luego me dediqué a compartir un resumen con varias casas editoriales. Algunas respondieron muy pronto, pero debí tomarme un momento para evaluar las condiciones que te plantean cuando no eres ‘una firma reconocida’. Finalmente llegué a un acuerdo con la editorial colombo-venezolana El Taller Blanco Ediciones, que hizo una publicación muy bien cuidada.
 
Una vez que se anunció la publicación y presentamos de forma virtual por efectos de la pandemia, se produjo mucha expectativa por esta novela que retrata a un pequeño pueblo petrolero del estado Zulia y que está en camino a desaparecer. Los ejemplares impresos en Venezuela por la editorial El Perro y La Rana se vendieron todos durante la Feria del Libro de noviembre último. En este punto quiero agradecer a mis colegas de los medios de comunicación que realizaron un montón de publicaciones sobre la aparición de la novela.
 
 
11.-La novela termina con un poema doloroso, desde nuestro punto de vista. Ahora recuerdo esa frase ya legendaria de Ryszard Kapuściński, “para ser buen periodista hay que ser un hombre bueno” y también evoca a Roberto Bolaño: “Pero para ser un gran artista no es necesario ser egoísta. Los grandes escritores, los grandes de verdad, los que marcan el canon de nuestra literatura, generalmente fueron hombres y mujeres buenos. Esto suena tremendamente cristiano, escolástico incluso, pero creo que es así.” …¿Qué opina de ambas visiones? ¿Están la literatura y el periodismo en sintonía con estos tiempos de conflageación y de angustia? En todo caso, ¿es el periodismo un género literario? ¿Qué opina de este ramillete o endecágono de preguntas?
 
-Suscribo plenamente a Kapuściński y a Bolaños. Considero incompatible aquello de ‘ese tipo es un genio pero es un hijo de puta’. Las malas personas solo han llevado a la humanidad a la destrucción mientras que el arte engendra la vida, ese es el camino que elijo.
 
Hoy, en el caso de nuestro país, el periodismo sigue empantanado en la polémica y el conflicto. En los medios impresos que quedan y en los digitales abundan la información y la opinión, casi nada o poco de otros géneros que ofrezcan pluralidad a quien los lee. Siento que la prensa va a contramano o ignora a una creciente corriente de opinión que está a favor de des-polemizar y construir, de sumar. Esa es una asignatura pendiente para el periodismo local. En el caso de la literatura es similar. Sobre todo en el exterior, vende mucho el conflicto, el que se fue y reclama, el que se opone y pide asilo, es como el reguetón de la literatura, es lo que la industria dice que vende.
 
Puerto Nuevo es una novela corta, pero al mismo tiempo un réquiem por adelantado para un territorio que será borrado del mapa y del que solo sobrevivirá la memoria. El texto que baja el telón de la obra es, en realidad, un poema muy doloroso porque el tema de desaparecer un pueblo que aún está poblado y del que sus habitantes no quisieran irse configura un drama. Pero es un tema del que se habla poco, mis vecinos lo ignoran y viven el día a día, navegando con los recuerdos de una situación que ya no será. Los campamentos petroleros de Lagunillas van corroyéndose lentamente ante los ojos de sus pobladores.
 
Ya para cerrar te confieso que este ramillete de preguntas me planteó una serie de reflexiones que hasta ahora no había realizado. Ha sido un ejercicio interesante, que he respondido desde el compromiso del autor y la admiración que siento por vos, colega.