Carrao Bracho, el hombre que dominó al béisbol con la magia de su “tenedor”

Carrao Bracho, el hombre que dominó al béisbol con la magia de su “tenedor”

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La leyenda junto a su nieto Leroy y su hijo Iván. Foto Archivo: Luis Molero.

Carrao Bracho se dio el tupé de dominar por más de 20 años los diamantes de la pelota venezolana. Hoy se cumplen cinco años de su desaparición física y Noticia al Día trae de nuevo uno de los últimos trabajos que se le realizaron en vida

Punta Leiva era el destino. Allí debajo de una mata de mango y en su silla de ruedas, nos esperaba él. El mismo personaje que 50 años atrás, dominaba con su tenedor a la pelota profesional venezolana.

Él, simplemente es un ícono. Una leyenda con valor y significado propio, que se niega a morir en los anales del tiempo. Todo aquel mortal que se jacte de amar al béisbol, por lo menos una vez en su vida debió escuchar las historias y crónicas del más grande; del inmortal Carrao Bracho.

De aquel José Carrao Bracho que dominaba la pelota criolla, sólo quedan las crónicas de los viejos periodistas. Ése que se montaba en el morrito y se mofaba de cuanto bateador se paraba en el home plate y lo hacía abanicar la brisa con su mortífero tenedor.

“Contar como mi papá inventó ese lanzamiento me da risa. Cuando mi viejo jugaba Triple A le tocó enfrentar a nada más y nada menos que Willie Mays. Papá sólo me dijo que no hallaba que pitcheo lanzarle a Mays y que optó meterse la bola entre el dedo índice y medio y tirarla fuerte, para su sorpresa le salió la bola con tal efecto que hizo abanicar a un monstruo de la talla del mítico jardinero de los Gigantes de San Francisco”, apuntó con nostalgia su hijo Iván Bracho.

La efectividad de su novedoso pitcheo fue tal, que los entrenadores de la época le recomendaron perfeccionarlo y lo bautizaron como “tenedor” por la peculiar manera de agarrar la bola entre los dedos.

Iván hijo menor, y único varón del Carrao Bracho, contó con pasión cada pasaje que ha compartido con su histórico progenitor.
Según las escuetas estadísticas que avalan su trayectoria de 23 años como jugador profesional. El Carrao ganó 109 victorias, dejando una efectividad de 3.17 (ambas marcas en Venezuela), además de 1769 episodios lanzados con 859 abanicados, defendiendo los colores del Cervecería Caracas, Pastora de Occidente, Navegantes del Magallanes, Oriente, Orientales, Cardenales de Lara, Tiburones de La Guaira y Águilas del Zulia.

Su miedo a las alturas, le truncó ser grandeliga

“A papá no le faltaba nada como lanzador, al contrario le sobraban cualidades. Sólo que el pequeño detalle del miedo a volar evitó la posibilidad que vistiera un uniforme de la pelota mayor”, sostuvo Iván.

Carrao a pesar de sus temores pudo jugar en el béisbol estadounidense. En cuatro campañas con las granjas de los Rojos de Cincinnati, el diestro maracaibero lanzó 71 encuentros, abriendo en 40 de ellos cosechando 18 laureles con 19 derrotas y una efectividad de 3.22.

Su travesía por las menores empezó en 1952 y culminó en 1956 jugando para la novena Havana en la categoría Triple A. “El viejo me contó que no soportó los largos viajes y que en un día se dijo a sí mismo ‘que si los gringos quieren que les piche que se vengan pa’ Venezuela’,” soltó entre risas el único hijo varón del Carrao.

Carrao Bracho fue un personaje dentro y fuera de los diamantes. Con su carisma se ganó la admiración de compañeros y adversarios. “El viejo era ejemplo. No fumaba, ni bebía y siempre mantenía una conducta recta e intachable”.

“Un papá mánager”

Carrao Bracho fue padre de tres hijos. Sus vástagos se contabilizan con dos hembras y un varón. “Como padre mi viejo fue un mánager. Nos crió con firmeza, no dirigía como a un equipo de pelota”, sostuvo Iván.

En la pequeña casa de los Bracho en Punta Leiva se respira béisbol. Carrao sigue siendo el patriarca como lo era en antaño. Ahora es mimado por sus dos hijas Inés e Irene, que cada tarde le preparan al  mejor pitcher en la historia del béisbol venezolano una merienda de ‘orejones’ y refresco de cola, la cual es degustada por Carrao como las más ricas de las delicias.

La personalidad del viejo Carrao no ha cambiado. “Papá se levanta religiosamente todos los días en la madrugada. Sigue teniendo esa chispa que lo caracterizaba, es un mamador de gallo como ninguno y come, come y come cómo él solo”, soltó entre risas Ivancito como le dice su padre.

El “tenedor” como herencia

En un Bracho “a juro” el deporte tiene que correr por sus venas. Iván no fue pelotero, pero fue un respetado basquetbolista que militó en las filas de Gaiteros del Zulia a mediados de los años 80.

Pero en realidad las esperanzas del viejo Carrao están en su nieto Leroy, quien milita en la Pequeña Liga Coquivacoa, siendo un pitcher con futuro y como era de esperarse domina a la perfección el arte de lazar la bola de tenedor.

El espigado muchacho de tez morena,  no sólo heredó el apellido Bracho. En su ADN están los genes del gran Carrao. El porte, la mirada y hasta la magnitud de manos y dedos es una fiel copia genética de su famoso abuelo.

Leroy al regresar en las tardes de cada entrenamiento mira y reta a su abuelo con esta frase: “Yo te voy a superar, ganaré más juegos que vos Papá Carrao”.

Y la confianza del mítico Carrao con su Leroy no es “coba” el viejo intercambia a cada segundo picaras miradas con el imberbe, como diciendo en la mente “Éste será el Bracho que inmortalizará el tenedor en las Grandes Ligas”.

 

Manuel Portillo/Noticia al Día

Trabajo publicado en el 2011