Un torrente de devoción, tradición y pura zulianidad desbordó el corazón del casco histórico de Maracaibo la tarde de este 5 de noviembre de 2026, ya que a las 5:30 de la tarde, las puertas del emblemático Teatro Baralt se abrieron para dar la bienvenida a la época decembrina con un hecho sin precedentes en la cultura nacional: la primera Procesión de Furros de la historia de Venezuela, enmarcada en el homenaje "Por Amor a la Chinita". El sonido rítmico de la gaita zuliana retumbó en el ambiente como el latido mismo de un pueblo que se congregó para renovar su Fe y su profundo amor por la Virgen del Rosario de Chiquinquirá.
Poco antes de este sentido cortejo, la junta directiva de la casa del arte Zuliano rindió un sentido tributo al legado de siete auténticos gigantes de la gaita que marcaron para siempre la identidad sonora de la región: Gladys Vera, Ingrid Alexandrescu; Lula López; Douglas Ochoa; "El Parrandero Mayor" Marvin González, Humberto Sánchez, "Ovejo"; y Valmore Albornoz, el popular "Fortachón". Con aplausos de pie y una memoria vibrante, la institución reconoció el trabajo de quienes contribuyeron a darle forma y alma al folklore de la tierra del sol amada otorgándoles una estrella en el Paseo Baralt.
Tras el emotivo acto protocolar y musical, el público tomó la calle 94 en un recorrido cargado de espiritualidad que partió desde la majestuosa fachada del teatro con destino al Monumento a la Virgen, justo en el lugar que, según la historia, apareció. A este acto de amor se sumaron personas de todas las edades, habitantes de sectores aledaños al centro de la ciudad, en una muestra de fe y devoción por La Chinita.
Desde abuelos con lágrimas en los ojos hasta niños que caminaban entonando con voz firme y clara las notas del clásico "Reina Morena", la feligresía llegó a la magestuosa imagen que engalana el Paseo de La Virgen. La directora del Teatro Baralt, Elizabeth Miquilena Verde, acompaño la procesión y unió su voz al unísono con el pueblo participante para ofrecer una conmovedora cantata rebosante de fe, gratitud y entrega a la Excelsa Patrona.
El punto cumbre del recorrido se vivió al arribar al Monumento de la Virgen, donde el fervor religioso se fusionó con la semilla del folklore regional. En ese altar al aire libre, niños y adolescentes tomaron el protagonismo para regalarle a la Chiquinquirá una sublime serenata con los clásicos gaiteros más emblemáticos de nuestra tierra, sellando así una velada espiritual y cultural sin precedentes en la memoria reciente de Maracaibo.


José Gregorio Flores
Noticia al Día
