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Algunos comercios en la franja costera de La Guaira abrieron sus puertas a casi tres meses del doblete sísmico

Varios comercios de Caribe levantan santamarías. Foto: Últimas Noticias.

A casi tres meses del doble sismo del 24 de junio, comerciantes de la avenida La Costanera de Caraballeda, en el estado La Guaira, comienzan a levantar nuevamente sus santamarías y a recuperar, poco a poco, la actividad en una de las zonas más afectadas por el movimiento telúrico.

En el lugar, todavía permanecen cerrados más de 30 establecimientos, mientras varios edificios de la franja costera continúan afectados y una parte importante de sus antiguos habitantes se ha desplazado hacia otros sectores.

Sin embargo, algunos comerciantes decidieron permanecer en la zona y volver a abrir sus negocios. Entre ellos están los trabajadores de la barbería y peluquería Acrópolis, Techito Market y Cerrajería Roger, establecimientos que intentan mantener activa la zona con la clientela que permanece.

En la cerrajería, Roger Cardona lleva aproximadamente 35 años trabajando. El terremoto redujo considerablemente su actividad comercial, debido a que buena parte de los edificios que históricamente le generaban trabajo resultaron afectados o colapsaron.

“Los edificios se cayeron todos; ahora ya es mucho más difícil. Estamos trabajando con la poca gente que quedó en Caraballeda y es difícil, pero bueno, aquí estamos”, relató desde su puesto de trabajo.

Para Cardona, cerrar definitivamente tampoco es una opción. Su negocio ha sobrevivido al deslave de 1999 y ahora enfrenta las consecuencias de los sismos.

“Lo que hay, hay que comenzar desde nuevo. ¿Cómo hacemos para irnos y dejar esto botado? Alguien necesita hacer una llave y aquí estamos”, recalcó el comerciante.

Considera que la recuperación de Caribe será un proceso complejo y que todavía existe incertidumbre sobre cómo cambiará la zona en los próximos meses. No obstante, insiste en que quienes permanecen deben continuar trabajando. “Tenemos que seguir resistiendo, ¿qué más vamos a hacer?”, expresó.

Cardona recuerda que, después del deslave de 1999, la actividad comercial pudo sostenerse porque buena parte de las edificaciones permanecieron en pie y continuaron generando demanda para los negocios de la zona. Tras los sismos, explica, el escenario es diferente por la pérdida de numerosos inmuebles y el desplazamiento de sus habitantes.

A pocos metros de la cerrajería, la barbería y peluquería Acrópolis también intenta recuperar su ritmo de trabajo.

El establecimiento permaneció cerrado durante aproximadamente un mes después del terremoto debido a la falta de electricidad. Cuando pudieron reabrir, encontraron una realidad distinta: muchos de sus clientes ya no vivían en la zona.
Antes del sismo, en una jornada de bajo flujo podían atender hasta 40 personas. Actualmente, el máximo ronda los 10 clientes diarios.

Luis Miguel Castillo, uno de los barberos, regresó recientemente después de casi tres meses. El terremoto también le dejó pérdidas familiares y durante semanas permaneció inactivo. “Muchísima gente se ha ido”, contó.

Con siete u ocho años de trabajo en Acrópolis, decidió volver a su puesto porque considera que La Guaira sigue siendo su lugar. “Yo no me voy de mi Guaira. Yo quiero que hagan mi Guaira, yo hago mi Guaira y definitivamente aquí estaré”, afirmó.

El establecimiento contaba antes del terremoto con 12 barberos, dos peluqueras, dos ayudantes y dos cajeras. El retorno de los trabajadores ha sido progresivo, mientras el negocio se adapta a una clientela más reducida.

También volvió Yarilis Calzadilla, estilista con 25 años de trayectoria y sobreviviente del colapso del edificio donde residía en el sector Tanaguarena de Caraballeda.

Calzadilla resultó lesionada al lanzarse desde el balcón de su apartamento durante los sismos. Una parte de la estructura cayó sobre su pierna y debió ser operada. Actualmente tiene placas y tornillos y trabaja con una jornada reducida, de 9 de la mañana a 1 de la tarde, interdiario y previa cita.

“Esto es mi hogar, esto es mi sitio de confort, esto es mi lugar”, manifestó sobre su decisión de regresar a Acrópolis.
Sus clientas también fueron parte del impulso para volver a trabajar. “Me sentía un poco frustrada porque no podía trabajar. Las clientas dándome aliento, diciéndome que podemos, que hay que tratar de salir adelante”, relató la estilista mientras atendía a una clienta con su pierna lesionada sobre una silla.

La peluquería funciona actualmente de lunes a sábado, entre las 8 de la mañana y las 6 de la tarde. Aunque el movimiento todavía está lejos del registrado antes del doble terremoto, las puertas permanecen abiertas.

Calzadilla tampoco contempla marcharse de La Guaira. La estilista, quien además sobrevivió al deslave de 1999, asegura que ha tenido que reconstruir su vida en más de una oportunidad.

“La Guaira tiene un potencial. Es el principal aeropuerto, el principal puerto. Aquí siempre hay fuente de trabajo”, sostuvo.
En la avenida La Costanera, las santamarías cerradas todavía forman parte del paisaje, pero también comienzan a verse negocios que vuelven a encender sus luces y retomar la rutina comercial del litoral central.

Para quienes permanecen, abrir una puerta, atender a un cliente o hacer una llave representa algo más que mantener un comercio activo. Es la decisión de continuar trabajando en el lugar donde han construido buena parte de sus vidas, mientras esperan que la actividad de la zona vuelva a tomar forma. “Tenemos que salir adelante”, resume Yarilis.

Y en esa cotidianidad que vuelve a las calles del estado La Guaira, la reconstrucción también empieza a medirse en pequeños comercios que deciden no bajar definitivamente sus santamarías y seguir impulsando la economía local.

Con información de Últimas Noticias

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