Saigón pedalea en la Curva de Molina

Saigón pedalea en la Curva de Molina

Saigón pedalea en la Curva de Molina. Foto: Gustavo Baüer

Dos mil 127 Ciclocarruchas entrelazan a Maracaibo Oeste

Transportan en promedio, treinta dos mil ciudadanos por semana, y con estos, poco más de nueve toneladas de frutas, verduras, proteína animal, refrescos y bultos de harina de maíz, de trigo, de arroz y de pasta. Seis parroquias de Maracaibo: Carracciolo Parra Pérez, Idelfonso Vásquez, Venancio Pulgar, Raúl Leoni, Antonio Borjas Romero y San Isidro, son testigos protagónicos del desarrollo de esta actividad económica

Veinte kilómetros a la redonda, constituyen el área de influencia de estas hormigas urbanas que pedaleando, trasladan puerta a puerta a los maracuchos de la Maracaibo Oeste. No es casual -en consecuencia-, que al irrumpir en el territorio, creamos encontrarnos al parpadeo, en una Saigón que a diferencia de la original, se comunica en wayunaiki, toma chirrinchi y no conoce a Ho Chi Minh.

La rutina de los conductores es implacable. La Era del Motor por Combustión en estos predios pasó a mejor vida y aunque sesudos científicos no hayan medido los niveles de CO2 de la Limpia recto hasta el final y sus alrededores; los propios usuarios lo confirman: “Viajar en los Ciclos es más fresco y se respira mejor”, dijo la joven Milaydi Madueño, tomando su puesto en una bicicleta modificada para llevar pasajeros.

 

Foto: Gustavo Baüer

 

“Vivo en la 78 con avenida La Limpia y aunque uno se tarda un poquito más en hacer las diligencias, es más sano para el que conduce, para el usuario y para la ciudad”; aseguró a modo de despedida, esta hija, orgullosa, de la Pachamama del Maracaibo oeste.

 

Radio de acción

 

Todo lo que se tenga que mover, para fortalecer la economía de una ciudad como la capital zuliana en las parroquias Carracciolo Parra Pérez, Idelfonso Vásquez, Venancio Pulgar, Raúl Leoni, Antonio Borjas Romero y hasta la lejana y olorosa a campo San Isidro, tiene que ver con las cuatro Terminales de Ciclos ubicadas en la Curva de Molina; centro neural de este particular sistema de transporte público maracaibero.

 

Foto: Gustavo Baüer

 

Acarrean en promedio, treinta dos mil ciudadanos por semana, y con estos, poco más de nueve toneladas de plátanos, topochos, cambures, melones, lechosas, mangos, “six pack” de refrescos “a granel”; bultos de harina precocida de maíz y de trigo, de arroz del malo y del bueno, de pasta larga, corta y de rollitos. Todo esto, en una vorágine de movimiento humano; de un y ir y venir sin detenimiento ni parabienes, con quienes absortos sean testigos de este increíble laboratorio de Economía Popular.

 

Foto: Gustavo Baüer

 

Juan García, wayú de 43 años y conductor de un Ciclo, tomó la palabra cuando el sol intentaba rasgar a fuerza de arrechera, la loneta que funge de techo en la bicicleta modificada para llevar pasajeros (tres en total, cuatro, cuando viajan Modo Hora Pico) y que el conduce a puro pulmón.

 

Foto: Gustavo Baüer

 

“Hay cuatro paradas digamos principales que son la Ruta 6, la Curva de Molina, Panamericano y la de la 3B -comienza a echarnos el cuento, arrebujándose en el asiento nada antiprostático de su bicicleta-. Esto se llama Ciclo –nos corrige y prosigue-, y con este aparato yo llevo pasajeros hasta la Plaza de Toros”.

 

Foto: Gustavo Baüer

 

Juan se apoya en el volante de su instrumento de trabajo y subraya lo dicho con una oración que imagina el cansancio:

-¡He llevado gente de aquí, de la Curva de Molina hasta Las Pulgas, ida y vuelta!

Esa es la carrera más larga que nuestro interpelado habría realizado a un costo de 16 dólares estadounidenses.

– 8 “dolitas” ida y 8 “dolitas” vuelta.

– ¿El viaje corto cuánto cuesta? Sale como pregunta obligada.

– Un dólar y el largo cuatro. Responde anticipándose por falta de tiempo.

– Y me voy, se acerca la hora buena.

De seis a diez de la mañana se considera el horario más productivo y que se traduce en el recorrido de 15 a 20 kilómetros diarios entre callejones, carreteras y avenidas de las antípodas maracuchas, recolectando a quienes sustentan este enjambre humano sobreviviente de pandemia.

 

Foto: Gustavo Baüer

 

El hormiguero

 

Son dos mil 127 Ciclos los que entretejen esa extensa área del occidente urbano y metropolitano de la capital zuliana. Dos censos municipales y electoreros lo confirman. Danilo García, operador político de las comunidades cercanas, lo refrenda:

-Esta gente le ha sido de una utilidad gigantesca para quienes vivimos por acá. Los censos que se realizaron según son -dice con un dejo de escepticismo genuino, convicto y confeso-, para hacerles una Terminal a los Ciclos y organizar un poco todo esto.

 

Foto: Gustavo Baüer

 

El desorden vial, no solo atribuible a los particulares medios de locomoción, es manifiesto; una torre de babel en desbandada le sigue a la plaza Bolívar de la Maracaibo Oeste; detrás de ella la Babel, antes de ella los Ciclos, hormigueando de aquí para allá.

“El primero de todos fue un paisano que vendía yuca -narra Edwin Dávila, otro conductor en cola, en la Parada Ruta 6, develando la identidad de la primera hormiga-, el hombre comenzó a hacer viajes transportando yuca y después vino otro, que vio el mismo sistema pero con gente allá en Colombia y se instaló en la Curva de Molina”.

A la semana, nos dicen testigos vivenciales de los sucesos: Darío González y Joan David, se multiplicaron como los peces bíblicos el número de ciclocarruchas y estas cayeron como anillo al dedo al usuario, caminante sin opción, ante la escasez de combustible del momento.

 

Foto: Gustavo Baüer

 

Así, con la falta de combustible en las estaciones de servicio, más la imposición de restricciones sanitarias anti Covid 19, junto a una población urgida de comida, se impusieron los elementos de una sazón que permitió al hormiguero, convertirse en una palpitante colonia.

 

Foto: Gustavo Baüer

 

Legalizar, carnetizar, censar, son las palabras que a diario se escuchan en los corrillos de conductores de ciclocarruchas. Pero eso es lo menos que los ocupa.

– Cómo hacer con el mantenimiento de los Ciclos, observamos introduciendo el elemento perturbador del oficio.

 

Foto: Gustavo Baüer

 

– Vértale …–dice rascándose la cabeza Jonathan González-. La grasa y la guaya del freno cuestan un dólar. Los cauchos buenos cuestan 15 dólares. Los malos once.

 

Foto: Gustavo Baüer

 

– ¿La cadena?

– ¡Las cadenas! –puntualiza con anular apuntando al cielo inclusive-. Si es Carreta es una cadena. Si es Ciclo son dos (estos últimos soportan la adaptación de la cabina, por lo que hay que alargar el burro de la bicicleta; por eso usa dos cadenas), ¿a tres dólares cada una? Seis “dolitas” por el pecho.

 

Foto: Gustavo Baüer

 

– ¿Carreta?

– Sí; es como una bicicleta de carga, pero más grande. Esa usa una sola cadena.

– ¿Es tuyo el Ciclo?

– No; me lo alquilan por 5 dólares diarios.

– ¿Hay cooperativas que los hayan reunido?

– No. Hay varios propietarios de los Ciclos.

– ¿Cuántos?

– No lo sé.

La hora pico es la hora de los Ciclos en la Curva de Molina, es cuando los tuk tuk vietnamitas – al otro lado del mundo-, están estacionados libres de los mohines de los turistas. Es cuando en Maracaibo Oeste, comienza la conquista por el pan de cada día a fuerza de resolana, pulmón y puro pedal.

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Juan Carlos Guillén

Noticia al Día

Fotos: Gustavo Baüer