La ilusión de la Navidad también es un regalo

La ilusión de la Navidad también es un regalo

La ilusión de la Navidad ya es un regalo – Foto: @socram_photo

El último mes de cada año la humanidad recuerda aquel hecho trascendental  y milagroso que tuvo lugar en un pesebre de Belén, cuando Dios vino al mundo a través de una joven virgen. Llega la Navidad.

En absoluta sencillez, sin otros bienes que el amor de sus padres, la emoción de los pastores y la admiración de tres reyes que vinieron de tierras lejanas, Jesús llegó para morar entre nosotros y dividir la historia de la humanidad en un antes y un después.

El profeta Isaías lo anunciaba: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. En Jesús de Nazaret está encarnada la esperanza de salvación, la cercanía con la bondad de Dios y con todas las virtudes que, como humanos, podemos aspirar.

 

Foto: Archivo NAD

 

La celebración por el nacimiento del Hijo de Dios está rodeada de tradiciones, una de ellas la entrega de regalos. Algunas fuentes aseguran que esta costumbre tiene orígenes paganos, cuando algunos pueblos al celebrar los rituales durante el solsticio de invierno, realizaban intercambios de regalos para desear buenas cosechas al año siguiente. También los Tres Reyes Magos honraron al Niño Jesús a través de sus presentes: oro, incienso y mirra.

Lo cierto es, que por una razón u otra, los regalos son parte de la Navidad junto a los buenos deseos para el Año Nuevo.

Algunos pueden obsequiar objetos suntuosos, mientras que los más humildes entregan – desde el corazón – lo que esté al alcance de sus posibilidades.

 

Foto: @socram_photo

 

La Navidad desde los ojos de los niños

La ilusión es la misma para el niño rico de cuna, que para el humilde. Los pequeños de la casa son ajenos a esas complicadas convenciones del mundo adulto; para ellos algo hermoso y sublime acontecerá junto al nacimiento del Niño Dios.

Recordemos a Panchito Mandefuá, aquel personaje que nos presentó en su cuento José Rafael Pocaterra. ¿Cuáles eran sus tesoros? Un trompo, cordeles, chapitas, un carrito de plástico. «… tonterías que cuando las ponía a jugar con su imaginación lo alejaban de las noches frías y de los días de lluvia, y de hambre y de la soledad de las calles», nos dice la historia.

Era un niño que vendía loterías, que había dejado los estudios para ayudar en la casa. ¿Cuántos Mandefuá conocemos?

En otro lado de la realidad están los que viven rodeados de los mejores juguetes, pero que anhelan un tiempo para ser escuchados o atendidos por sus padres, o pasar un día lejos de los conflictos adultos o recibir el regalo de la salud.

Los regalos no son una mala práctica, en modo alguno; sin embargo, su valor no está determinado por el dinero invertido, ni deben ser el centro de la celebración de la Navidad.

Un presente sencillo, entregado con cariño puede marcar la diferencia y hacer brillar la mirada con tanta luz como el más sofisticado de los obsequios.

La fraternidad, la paz, la unión familiar y los gestos de generosidad, es lo que una familia cristiana debe inspirar y practicar. Que tales regalos del alma no falten en estas fiestas y sean el ejemplo que reciban nuestros pequeños.

Pongamos la mirada en aquel, que siendo Rey se hizo pequeño, siendo Todopoderoso exhibió su fragilidad, para vivir como uno de nosotros. Jesús nace en cada corazón cuando aprendemos a vivir la Navidad desde los detalles más sencillos.

 

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F. Reyes

Noticia al Día