El papa llega a Chipre en una visita centrada en la migración

El papa llega a Chipre en una visita centrada en la migración

El papa llega a Chipre en una visita centrada en la migración. Foto: Petros Karadjias / POOL / AFP

El papa Francisco lanzó el jueves en Chipre un llamamiento a la «unidad», en plena crisis migratoria en Europa y en una isla dividida en dos, durante la primera etapa de un viaje de cinco días que incluirá también a Grecia.

Se trata de la segunda visita de un papa a Chipre, una isla poblada especialmente por cristianos ortodoxos, tras la realizada por Benedicto XVI en 2010.

El avión del pontífice argentino, de 84 años, aterrizó a las 14H52 local (12H52 GMT) en el aeropuerto de Larnaca, al sur de Chipre, entre cánticos de «le queremos, papa Francisco», de un grupo de niños.

A su llegada al aeropuerto, las autoridades chipriotas recibieron al papa Francisco con una banda de música y la alfombra roja desplegada bajo un sol resplandeciente. 

El sumo pontífice se dirigió justo después a la catedral maronita de Nuestra Señora de la Gracia, en Nicosia, donde se reunió con el patriarca de esta iglesia católica oriental (que representa a menos del 1% de la población chipriota, pero está presente en Siria y Líbano), el cardenal Béchara Rai.

«Para construir un futuro digno para el ser humano hay que trabajar juntos, superar las divisiones, tirar los muros y cultivar el sueño de la unidad», declaró el papa en la catedral.

Francisco, que el sábado acudirá a Grecia, trasladará con él a Italia a 50 migrantes, según indicó el presidente chipriota Nicos Anastasiades, en un anuncio no confirmado por ahora por el Vaticano.

«Su simbólica iniciativa es, ante todo, una señal fuerte de la necesidad de la revisión de la política migratoria de la UE», dijo Anastasiades.

En 2016, el pontífice ya llevó a Roma a tres familias sirias tras visitar la isla griega de Lesbos.

 

– «Caminar juntos» –

 

«Necesitamos acoger e integrarnos, caminar juntos», añadió refiriéndose a la crisis de los migrantes en el Mediterráneo, «un mar que fue cuna de tantas civilizaciones, donde aún hoy desembarcan personas, pueblos y culturas de todas partes del mundo».

A pocos metros de la catedral, en un café maronita, decenas de personas seguían el discurso del papa por televisión.

«He venido para escuchar su corazón, un corazón que está con el respeto, la dignidad y los derechos humanos. Que busca abordar el problema de los migrantes», contó a la AFP Avril Fortuin, de 57 años, una mujer cristiana que vive en Limasol (sur de Chipre).

En cuanto al Líbano, país vecino de Chipre, el papa dijo estar «muy preocupado» por la crisis social, económica y humanitaria: «Siento el dolor pueblo cansado y afectado por la violencia y el sufrimiento». 

Responsables de la Iglesia dijeron que más de mil libaneses viajaron a Chipre para la visita del papa. 

– «Terrible herida» –

Francisco también se reunió con el presidente Anastasiades para abordar el conflicto que divide a la isla.

El papa pidió diálogo para curar esta «terrible herida», el conflicto que en 1974 separó Chipre entre la República de Chipre, miembro de la Unión Europea y la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre (RTNC), reconocida sólo por Turquía.

«El camino de la paz, que sana los conflictos y regenera la belleza de la fraternidad, está marcado con una palabra: diálogo», declaró el sumo pontífice.

«Con su ayuda, pueden pasar cosas, es nuestra esperanza», confiaba Moncia Despoti, una maronita de 55 años que esperaba la llegada del papa.

Ersin Tatar, presidente de la RTNC, acusó el jueves a las autoridades de la República de Chipre de usar la visita del papa para «objetivos políticos contra Turquía y la RTNC». 

El viernes, el papa celebrará en Nicosia una misa en un estadio, frente a 7.000 fieles y una oración ecuménica con los migrantes, cerca de la «línea verde», la zona desmilitarizada administrada por la ONU que divide la ciudad y la isla en dos partes, un gesto considerado particularmente simbólico.

La misa será el único evento en el que participará la comunidad católica de Chipre, compuesta por unas 25.000 personas (entre 5.000 y 7.000 maronitas), sobre una población de un millón, la mayoría de religión ortodoxa.

Más de 500 policías velarán por la seguridad del papa Francisco.

«11 años después, el nuevo papa está aquí. Para nosotros, los católicos de Chipre, es un gran acontecimiento», explicaba a la AFP Josephina Skoullou, una chipriota maronita.

El diálogo con los ortodoxos, que se separaron de la Iglesia católica en 1054 durante el gran cisma entre Oriente y Occidente, también está en el orden del día.

El viaje será también la ocasión de «acercarse a la humanidad herida» y «tantos migrantes que buscan esperanza», dijo el papa el miércoles.

Las autoridades de Chipre aseguran que reciben el mayor número de solicitudes de asilo de la Unión Europea en comparación con su población, unos 10.000 durante los 10 primeros meses del año.

El jueves, 36 oenegés de defensa de los Derechos Humanos pidieron al papa que intervenga para que cesen las expulsiones ilegales de migrantes en la frontera entre Grecia y Turquía. 

 

 

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AFP