De Interés: respetar o no respetar (María Elena Araujo Torres)

De Interés: respetar o no respetar (María Elena Araujo Torres)

El respeto es una virtud. Desde el seno familiar es una de las principales enseñanzas a los nuevos miembros. Se le enseña a los niños el respeto hacia los padres, los mayores, los maestros, conocidos y desconocidos.
Pero qué es conceptualmente el respeto: “(del latín respectus, ‘atención’ o ‘consideración’) es la consideración y valoración especial que se le tiene a alguien o a algo, al que se le reconoce valor social o especial deferencia”. Esto dice Wikipedia. Sin embargo, cotidianamente entendemos el respeto como evitar ofender, decir palabras altisonantes, vulgares, a otra persona.
Desde la Escuela se enseña también a respetar, porque es que sin reglas de respeto la existencia e interacción humana sería intolerable. “El respeto es un concepto que hace referencia a la capacidad de valorar y honrar a otra persona, tanto sus palabras como sus acciones, aunque no aprobemos ni compartamos todo lo que haga. El respeto es aceptar a la otra persona y no pretender cambiarla”, así se conceptualiza en los portales web el respeto desde la escuela.
Sin embargo, el respeto va más allá, es algo así como la columna vertebral de las relaciones humanas, es básico para mantener la armonía con otras personas, sean familiares o no. La paz social depende de ello, la guerra también, pues por el irrespeto comienza la agresión, la ofensa, los enfrentamientos, el caos.
Expertos consideran que el respeto es un deber. “Respeto a la naturaleza: cuidar la naturaleza y no dañarla”. Es decir, no talar indiscriminadamente los árboles o plantas que sabemos generan el oxígeno que respiramos; respetar los cauces de cañadas, evitar usarlas como botaderos de basura. Aquí califican también playas de lago y mar. Tampoco acumular basura sin empacar en lugares de uso público.
“Respeto a la autoridad: seguir las normas que dicta la autoridad”. Lamentablemente en muchos espacios algunos representantes de la autoridad se comportan con total irrespeto por el ciudadano común (léase, sin dinero y sin poder), en consecuencia la mayoría se ha ganado el irrespeto de las personas quienes más que verlos como autoridades los califican como pillos.
“Respeto a las leyes: obedecer lo que manda la ley”. La verdad que para muchas personas obedecer la Ley es más por miedo que por respeto, en virtud del abuso que en su función han realizado y realizan precisamente muchos de quienes se encargan de hacer respetar la ley, pero no dan el ejemplo. Aquí se resalta la influencia económica para pagar cuando se ha irrespetado la ley.
“Respeto a los padres: tratar a los padres con respeto y obediencia”. Esta recomendación más que una regla es una práctica de la interacción diaria con los padres. Muchos niños aprenden a irrespetar a sus padres cuando se les permite toda clase de conducta, cuando se les complace en toda exigencia material que hagan, cuando se les tolera berrinches o altanerías por cualquier situación que no quieran asumir. El respeto familiar se gana con el ejemplo, las reglas y tareas a desempeñar acorde con la edad de los niños.
La lista es larga, pero fácil de cumplir si se convierte en costumbre, en hábito, de lo contrario es cuesta arriba. Es menester el “Respeto a los valores: seguir los valores que dictan las normas morales; a las buenas costumbres: respetar las costumbres que se siguen en el lugar al que se va; a las normas sociales: comportarse de acuerdo a lo que marca la sociedad como respetuoso; a los animales: no maltratar a los animales, ni abandonarlos, por el contrario cuidarlos y protegerlos”.
Finalmente el “Respeto a uno mismo: respetar las creencias y valores propios”. Quien no se respeta a sí mismo jamás podrá respetar a nada ni a nadie. Respetar el cuerpo, cuidarlo, alimentarse bien en lo posible, ejercitarse; respetar los propios pensamientos, canalizar las ideas perniciosas y ocuparlas con pensamientos benignos; evitar invadirse de furia y tratar de calmarse cuando las situaciones externas sean adversas a nuestros deseos, para analizar qué enseñanza nos aporta (aunque en principio no lo entendamos), qué debemos corregir para superarlo o qué conducta debemos asumir para enfrentarlo sin dañar a otros ni dañarnos, para respetar y respetarnos.
María Elena Araujo Torres