De Interés: el camino hacia la felicidad (María Elena Araujo Torres)

De Interés: el camino hacia la felicidad (María Elena Araujo Torres)

Desde que tengo uso de razón escucho a la mayoría de las personas estar en busca de la felicidad, en busca de hacer realidad sus sueños. La verdad es que suena bien, alentador, pensar que mientras nos esforcemos, trabajemos, estudiemos o nos juntemos con gente bien posicionada en cargos políticos, empresas o con buenas cantidades de dinero, pues la cosa va bien encaminada.

La realidad es, como dice la mayoría de influenciadores espirituales, que la felicidad empieza en el corazón, es de adentro hacia afuera, no al revés. Los sueños, para la mayoría de las personas, con el pasar del tiempo se convierten en quimeras, y si se logran concretar pues muchas veces es tan distorsionado el resultado, por escabroso el camino, que no genera la felicidad esperada.

Hemos aprendido a soñar en solitario con lograr esas cuestiones materiales que nos traerán la tan ansiada felicidad. La verdad es que eso es lo que hemos aprendido de generación en generación, basta sentarse a ver películas de cualquier género, siempre destacan el cumplimiento de sueños para ser feliz.

Las fórmulas no existen, pues depende de lo que sueñe el soñador. Entre las recomendaciones ofrecidas por expertos en felicidad: “Es una decisión diaria ser feliz, y cómo cualquier otro hábito, requiere un compromiso constante para internalizarlo. Es decir: dejar de buscar la felicidad, y empezar a vivir la felicidad”.

Excelente recomendación. Sin embargo, el entorno de cada persona es diferente. Las familias son el primer reto a resolver, porque es precisamente en la familia donde suelen presentarse los conflictos que perturban el proceso para ser feliz. Expertos en sicología hablan de familias disfuncionales. Las definen así: “Una familia disfuncional es toda familia que no es capaz de proveer lo necesario para que los hijos crezcan sanos (tanto física como emocionalmente) y felices”. Pero en este concepto habría que profundizar para considerar varias aristas causantes de esa problemática. Es hasta un problema ancestral, que se repite generación tras generación hasta que algunos de sus miembros asumen conductas y acciones radicales que rompen con ese constante dolor. Lo cierto es que ninguna familia es perfecta y totalmente confortable, pues las diferencias de cada uno de sus miembros matizan la armonía o conflicto cotidiano.

La felicidad es un término con diferentes conceptos, es la fruta deliciosa que esperamos encontrar al final de un camino. Y es precisamente por pasar el tiempo buscándola que perdemos los detalles de la vida que realmente nos generan felicidad. Lo triste es que usualmente nos damos cuenta cuando ya hemos transitado un largo camino y al mirar atrás la reconocemos, en los recuerdos que están allí para evocarla.

Es verdad que la vida está llena de dificultades, de sinsabores. Como dice un maestro de Tao: en la juventud se sufre por amor (de pareja); en la adultez por la economía, pues debemos resolver con dinero las necesidades materiales de la familia; y, en la edad avanzada se sufre por salud, y también por la economía. Para la mayoría, la única etapa de felicidad es la niñez, cuando solo se juega y se realizan las necesidades básicas del organismo, pero sin preocupaciones, pues ni siquiera se sabe qué son.  

En medio de este entramado de dificultades se puede disfrutar de felicidad. Es una labor diaria, con nuestras actitudes hacia lo externo. Fácil no es pero si posible, si así lo decidimos y accionamos. Tratar de entender que todo lo vivimos trae una enseñanza. Son lecciones para aprender a calmar el corazón; reflexionar qué debemos aprender de cada conflicto, de cada dolor; aprender a cultivar la tolerancia ante quienes nos agreden, pues si respondemos con la misma moneda nos convertimos también en seres insoportables y botamos a la basura la propia tranquilidad. Y ese es el camino de la felicidad, según han demostrado con sus enseñanzas reconocidos sabios a través de la historia. Solo así, apartando el velo de los defectos que hemos aprendido a tener, es cuando empezaremos a ver y sentir los valiosos momentos de felicidad. Y lo mejor, se lo contagiamos a quienes nos rodean.

María Elena Araujo Torres