ARFID en niños: ¿en qué consiste?

ARFID en niños: ¿en qué consiste?

Mejor con Salud nos explica en un articulo que el trastorno por evitación restrictiva de la ingesta de alimentos (ARFID, por sus siglas en inglés) es un trastorno de la alimentación relativamente nuevo que está incluido en el DSM-5. Hasta hace muy poco se le denominaba trastorno de la alimentación selectiva y se solía confundir con la anorexia. Hoy te enseñamos todo lo que deberías saber sobre el ARFID en niños.

Normalmente, los padres tienen que lidiar con comportamientos quisquillosos en cuanto a la alimentación de los más pequeños. Esto puede hacer que pasen por alto señales que indican que de hecho padecen de un trastorno. El ARFID en niños es muy común, tanto que los investigadores estiman que afecta hasta el 22,5 % de la población pediátrica. Te enseñamos más en las próximas líneas.

¿Qué es el ARFID en niños?

Es importante que los padres sepan diferenciar un trastorno de la alimentación de las típicas rabietas por consumir ciertas comidas.

El trastorno por evitación restrictiva de la ingesta de alimentos (ARFID) es una categoría incluida en 2013 en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales en su quinta edición (DSM-5). Su inclusión se hizo con la finalidad de recoger a aquellos pacientes que no respondían a las características de otros trastornos. Por ejemplo, la anorexia o la bulimia.

En efecto, los pacientes con ARFID no están preocupados por su peso. No están insatisfechos con su imagen corporal, la forma o el tamaño del cuerpo. Por tanto, no practican comportamientos alimenticios destinados a perder peso de forma poco saludable.

El ARFID es un trastorno de la alimentación que se caracteriza por la evitación de la ingesta de ciertos tipos de alimentos, o en todo caso de la cantidad de comida ingerida. Como ya hemos expuesto, no se relaciona con preocupaciones por la imagen corporal o el peso; de manera que las motivaciones del comportamiento son diferentes a las de otros trastornos.

Es muy fácil que esta condición se solape con las fases típicas de alimentación selectiva de la etapa infantil. Para esto, el DSM-5 puntualiza los siguientes criterios de diagnóstico:

Pérdida significativa de peso (o incapacidad para adecuarse al peso en función de la etapa de crecimiento).

Deficiencia nutricional.
Dependencia de suplementos nutricionales o alimentación enteral.
Interferencia significativa con el funcionamiento psicosocial.
No se relaciona con prácticas culturales o dificultades para acceder un dieta equilibrada.
Se manifiesta con independencia a la anorexia nerviosa y a la bulimia nerviosa.
La alteración no se puede explicar por medio de otro trastorno o a través de una condición médica subyacente.
Estos criterios sirven como guía al momento de hacer un diagnóstico del ARFID en niños. Por tanto, solo un profesional de la pediatría o salud mental puede hacerlo. No todo comportamiento que implique evitación en la ingesta de alimentos se puede catalogar dentro de este trastorno. Los más pequeños deben acoplarse a las consideraciones presentadas.

¿Cuáles son las consecuencias del ARFID en niños?

La alimentación durante la etapa infantil es crucial para garantizar un desarrollo saludable. Las alteraciones de la frecuencia, los hábitos o el comportamiento en este sentido tienen grandes repercusiones que no pasan desapercibidas.

Un estudio publicado en 2015 en la revista Children´s Health Care encontró que el crecimiento deficiente y la deficiencia nutricional son dos de las consecuencias más frecuentes de este tipo de trastorno. En efecto, la restricción de nutrientes esenciales para el desarrollo impide que se puedan cumplir las expectativas de crecimiento de acuerdo con la etapa infantil.

Los niños también pueden desarrollar retraso en la pubertad (si el comportamiento se alarga más de lo esperado), deshidratación, hipotensión, complicaciones cardíacas, reducción de la masa ósea, fluctuaciones de los niveles de azúcar en sangre, problemas gastrointestinales, alteraciones neurológicas, alteraciones endocrinas, anemia, desnutrición y muchas más.

En general, las complicaciones serán más severas a medida que se extiendan los episodios de ARFID en niños. La disminución de la energía, la somnolencia, las alteraciones en los estados de ánimo y la falta de concentración también son consecuencias directas. En definitiva, los desequilibrios de la alimentación en una etapa tan importante tiene consecuencias severas.

¿Cuáles son las causas del ARFID infantil?

Los científicos no están seguros de por qué los niños o los adultos desarrollan ARFID. Dejando a un lado los criterios de preocupación por el peso o la imagen corporal, las hipótesis siguientes son las más probables:

Experiencias traumáticas al comer (un episodio de atragantamiento, por ejemplo).
Falta de interés por la comida.
Alteraciones sensoriales (son más sensibles al sabor o la textura de los alimentos).
Alteraciones digestivas subyacentes (enfermedad celíaca, reflujo y demás).

Un estudio publicado en Journal of Adolescent Health en 2014 encontró que este trastorno es más frecuente en varones y pacientes que padecen de trastorno de ansiedad generalizada. También se piensa que es más común en aquellos que padecen de trastorno obsesivo compulsivo, trastorno del espectro autista y trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

El ARFID infantil puede aparecer a cualquier edad y puede durar desde unos pocos meses hasta varios años. No siempre se encontrará un desencadenante directo, de manera que sus causas a veces permanecerán difusas. Dado que es un trastorno reciente, aún queda mucho por investigar al respecto.

¿Qué opciones de tratamiento existen?

El ARFID en niños tiene tratamiento

El tratamiento del ARFID depende mucho de la colaboración entre pediatras, psicólogos infantiles y los mismos padres o cuidadores.

Dada la complejidad del trastorno en cuanto a las consecuencias que puede generar en la salud de los pequeños, es prudente incluir un tratamiento lo más pronto posible. No existe una alternativa estándar en cuanto a cómo proceder, pero en general se hace teniendo en cuenta la participación de profesionales especializados en trastornos de la alimentación.

En este sentido, el equipo puede estar formado por pediatras cualificados, dietistas, nutricionistas, terapeutas y psicólogos. El ocasiones un logopeda y un pedagogo pueden ser útiles de acuerdo con las posibles circunstancias que han desencadenado el comportamiento.

La ruta de acción se determinará considerando los aportes que los profesionales pueden hacer desde sus respectivos campos. Algunas veces se pueden recetar medicamentos que estimulen el apetito o para tratar condiciones subyacentes (ansiedad, reflujo y demás). Lo importante es lograr lo siguiente:

Adecuarse al esquema de alimentación saludable de acuerdo con la etapa de desarrollo.

Recuperar el peso perdido.

Valorar las posibles consecuencias que la restricción de nutrientes ha tenido en el cuerpo.
Mejorar la relación que el pequeño tiene con la comida.
Mejorar la relación del pequeño con sus padres y quienes lo rodean.

El tratamiento del ARFID en niños puede ser complicado y extenderse durante meses o años. Un diagnóstico temprano puede ser de gran ayuda. En caso de que se observen conductas alimentarias que se alejan de las típicas rabietas, se debe buscar atención profesional para descartar este trastorno.

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