Y ahora, el referendo revocatorio presidencial (Nirso Varela)

Y ahora, el referendo revocatorio presidencial (Nirso Varela)

Una nueva cita electoral espera a los venezolanos en 2022, tal cual reza el artículo 72 de la Constitución, alusivo al referendo revocatorio presidencial. Esta vez no sería una contienda entre partidos, ni únicamente entre gobierno y oposición. Sería el choque de antichavista contra chavistas, el voto por el  “SI”,  contra el voto por el “NO”, según se redacte la pregunta en la consulta electoral. Sería una gesta decisiva, la confrontación del 90% de la población que detesta este régimen destructor, contra el 10% de votos duros que aún mantiene el chavismo.

En términos extremadamente optimistas, un referendo  significaría básicamente, el triunfo de la ciudadanía, de la población en general, de los venezolanos  que han sufrido la debacle socio económica, y no solo de los partidos políticos ni de la oposición, aunque ineludiblemente, sean ellos a quienes corresponda activar la convocatoria, recoger las firmas y defender los  resultados.

El triunfo definitivo dependerá, en primer lugar,  de cómo se desarrollen los nuevos careos políticos antes y después de un posible referendo, porque habrá que tener un candidato único casi listo para los próximos 30 días posteriores a la convocatoria. Y en segundo lugar, si el gobierno acepta los resultados, pues sus voceros y sostenedores han dicho que la oposición jamás volverá a gobernar. Barinas es ejemplo, o un ensayo, de lo que pudiera suceder a escala nacional.

No obstante, la consigna sería, todos a votar. Con los resultados de las pasadas elecciones el 21N, se comprobó que con el voto popular, es posible derrotar al  gobierno. De los casi 9 millones de votantes (42% del padrón electoral) que asistió a las urnas electorales, 54% lo hizo contra el chavismo, que alcanzó un dudoso 46%, más de 500 mil  votos por debajo de la oposición. Pese al llamado a no votar, pese a la guerra de egos, las divisiones partidistas, pese al escepticismo que sembraron conspicuos analistas y comunicadores sociales, pese al diseminado voto popular, la balanza se inclinó contra el chavismo.

Hubo diversas artimañas que reseñan los medios de comunicación y las redes sociales, chantajes, compra de votos, los puntos rojos, las UBCH tarifadas, las bolsas de comida, extorsión a padres y representantes en escuelas, politización de las instituciones del Estado, las “chambas juveniles” obligados a llenar en 1X10, incluso, bandas armadas amedrentando los votantes, más un CNE tildado de espurio y parcial, los resultados indican que el voto popular aun estando disperso, desorganizado, sin orientación, sin testigos y bajo amenazas, se impuso en todo el territorio nacional en contra del chavismo, y alcanzó 122 alcaldías.

  Si priva la sensatez, si las ambiciones personales se dan una tregua y cesa la guerra de egos, si se aprehende la lección de las más recientes elecciones, errores y aciertos, el resultado será 90 a 10. El gobierno no podrá evitar la derrota y se vería impelido a perpetrar el más descarado fraude electoral a la vista de todos, para mantenerse en el poder a la fuerza, apoyado por menos del 20% de electores integrados por fanáticos, sectarios, insensibles e ignorantes, y un sinnúmero de corruptos visibles e invisibles, chavistas y no chavistas, que han hecho fortunas a lo largo de 22 años.

El Zulia dio un claro ejemplo de unidad. Se sabía que la abstención sería tan alta como en el resto del país, pero  las emociones  despertaron ante la posibilidad de sacar del poder al peor enemigo que ha tenido el Zulia en toda su historia. De verlo fuera de las sagradas instituciones gubernamentales. La gente votó tanto en contra como a favor, drenó su animadversión contra los destructores y materializó el voto castigo.

Sin dudas, cumplió un importante papel el liderazgo de Manuel Rosales, que aglutinó en torno a su candidatura a militantes de todos los partidos, adecos y copeyanos, a izquierdistas y derechistas,  a no simpatizantes de su persona ni de su tolda política, a exchavistas y exdirigentes chavistas honestos, a intelectuales, educadores, sindicalistas, empresarios, comerciantes, el clero, la juventud, adultos mayores, y eclipsó a los divisionistas bien pagados pero carentes de carisma.

Fue sobre todo, una victoria de las familias y comunidades víctimas de la destrucción y el saqueo del país. En el Zulia hubo una sola voz, un solo clamor y la gente salió a votar sin ambigüedades y sin heridas graves que restañar. Así se alcanzó un triunfo rotundo que podría repetirse a nivel nacional, si los políticos de oposición se ponen de acuerdo.

En un  referendo  del “SI” contra el “NO”, la población saldría a votar en masa y a defender su voto, como lo hicieron las comunidades de Barinas, Apure, Zulia y Mérida. El pueblo no tiene miedo. Está dispuesto a defender su soberana voluntad hasta las últimas consecuencias. Si por causas de diferencias de criterios y falta de acuerdos, la oposición no logra la convocatoria del referendo, se estará perdiendo una oportunidad de oro de sacar al PSUV del Miraflores. Y así bajen un ángel del cielo como candidato para las elecciones de 2024, la abstención superará el 80% y la emigración para ese año, rozará los 10 millones.

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