Motovidas 1 (Josué Carrillo)

Motovidas 1 (Josué Carrillo)

Estaba allí seco de gasolina. El intolerante pitaba en su 4X4 para que me echara a un lado. Le hago señas que ya voy. Empujo con dificultad. Con 60 años ahora cualquier cosa es cuesta arriba. No me decido: echarle el medio litro guadado como reserva en la botella de Coca Cola o caminar arriando la motocicleta como un manso caballo. «Qué le pasó viejito», escucho a un colega motorizado quien se acerca. Es un hombre blanco, de esos blancos catires de La Cañada, cultivadores de barbacoas, lleva ajustada a su espalda una niña como de tres años – no hay dudas que es su hija – ambos sonríen con tal belleza. «Voy para allá, detrás de la bomba», digo, «Móntese», pone el pie en el estribo, me impulsa, me lleva largo trecho hasta la entrada de la urbanización donde vivo. Le doy las gracias, de nuevo el rostro iluminado de un hombre de bien destaca en aquella tarde para mi insoportable.

La chiquilla le abraza con fuerzas. Puede reconocer mi agradecimiento. Se van. En la habitación medito en la imagen del padre y la niña. Puedo escucharle el pensamiento, la admiración por su padre «papi es un hombre bello, bueno», eso lo tendrá siempre presente, crecerá con ella, hará que sus sentimientos sean grandes y nobles».

Que afortunados los dos de tenerse.

Josué Carrillo