El hambre ficticia de la Piedad (Javier Sánchez)

El hambre ficticia de la Piedad (Javier Sánchez)

Es posible que algunos lectores crean que estoy solicitando al gobierno de Nicolás Maduro que por piedad enfrente la hambruna que hay en el país cuando ven el título del presente trabajo, aunque en realidad no fue la intención inicial, no está de más hacer por está via una solicitud al Todopoderoso de que lo haga, que está a tiempo de implementar programas de fortalecimiento comunitario contra la inseguridad alimentaria, pero en verdad a lo que refiere mi título es a la que fue senadora en Colombia, Piedad Córdoba, la expolítica fiel adepta al chavismo que el ocho de octubre se dió una pasadita por Miraflores (no estuvo en la calle) no se sabe con qué intención y cuando regresó a Colombia, dijo a los periodistas que era mentira que en Venezuela haya hambre, que aqui no hay ciudadanos que estén en esa situación, ni buscan comida en la basura y que en su paso por este país no vio nada ligado con esa realidad. ¡Qué de bolas! fue la expresión que aquí se escuchó.

La tipa con mucha certeza y descaro (ojalá hubiera recorrido de noche el centro de Caracas o el mercado Las Pulgas de Maracaibo o la Curva de Molina) dijo repetidas veces que eso de que en Venezuela hay gente comiéndose un cable y que «martilla» (pide) en la calle y que esculca la basura para comer es pura paja, es pura mentira.
En el momento en que la colombiana regresaba y daba esas declaraciones iniciando así su programa de jaladera de bolas al mandatario nuestro, cientos de personas frecuentaban las afueras de los restaurantes del centro de la capital venezolana y otros estados así como en los sitios de comida rápida, a las afuera de los edificios y centros comerciales en busca de algo para sustentar entre los desperdicios y otros persiguendo los camiones de la última ruta nocturna del aseo urbano y en cada parada tomar algo y matar el hambre mientras que al mismo tiempo centenares de ancianos y niños arapientos deambulaban por las calles y avenidas de las principales ciudades del país, incluyendo Maracaibo, pidiendo limosnas o algo de comer.

Es el día a día que vivimos desde hace muchos años en las llamadas metrópolis del país donde los gobernantes tratan de esconder la inseguridad alimentaria que existe y reciben alagos de gente como la Piedad mentirosa para congraciarse con un régimen que a cambio da mucho cositas entre aplausos y besos.
A lo mejor si lo sabe pero se hace la «musiu» por interés propio pero le recuerdo a la colombiana que casi un tercio de la población venezolana, alrededor de 9,3 millones de personas, enfrenta dificultades de acceso a los alimentos, sufre desnutrición o pasa hambre. Actualmente el 96% de la población venezolana es pobre y el 79% de ese total está en situación de inseguridad alimentaria aguda y corre el riesgo de empeorar, según lo advierten la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la Agricultura y la Alimentación (FAO en inglés) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, lo que se ha agravado con la pandemia del Coronavirus siendo Venezuela uno de los más afectados donde los niveles de nutrición de los niños menores de cinco años ya son comparables con los de los países más pobres del planeta.

Estos datos los conocen a leguas, cómo diría un maracucho, tanto los funcionarios de salud del mal gobierno de Nicolás Maduro como los «estudiosos» del tema a nivel del ministerio de salud y especialistas en la materia no gubernamentales que hacen recomendaciones para enfrentar la problemática que se quedan en el tintero. La inseguridad alimentaria en amplios sectores de la población y el hambre en los más pobres, ha venido conformando una situación delicada que afecta la calidad de vida, la salud, el desarrollo y compromete la alimentación y nutrición de los más vulnerables, tales como la infantil, mujeres embarazadas y adultos mayores. 

Alimentarse en Venezuela ya es casi un lujo y en muchísimos sectores es casi imposible porque lo ingresos son limitados. Los alimentos son cada vez más caros y escasos lo que hace que el pueblo viva angustiado.
El último estudio realizado por la Unidad de Información y Estadística (UIE) de la Camara de Comercio de Maracaibo revela qué el costo de la canasta alimentaria familiar durante el mes de octubre reflejado en dólares, es de $366, lo que indica una variación absoluta de $43 con respecto al mes anterior.
Es una realidad que el gobierno se esfuerza en negar en este país hace años que existe una emergencia humanitaria que podría mejorar si se aceptara ayuda alimentaria externa y no con bolsas Clap dos o tres veces al año. El problema tiene su origen en las erradas políticas socioeconómicas tomadas desde Hugo Chávez y perpetuadas por su sucesor Nicolás Maduro, que ha provocado una profundización de la desnutrición, situación muy grave para estar con políticas de «jalabolismo» en este momento con adulados y aduladores que buscan dinero y espacio con esta vieja práctica a la que están acostumbrados hombres y mujeres de este mundo político, gente repugnante de la fauna de los mediocres que pululan y prosperan en algunas organizaciones a las que pertenecen. Ante este tipo de gente, que el Señor nos cuide y tenga piedad de nosotros.