Yulimar Rivas, una misionera venezolana que llevó el amor de Cristo a Mozambique

Yulimar Rivas, una misionera venezolana que llevó el amor de Cristo a Mozambique

Foto: Cortesía

Este domingo 31 de octubre concluye el mes misionero de la Iglesia católica, en el cual no sólo se motiva el apoyo económico destinado a los territorios en misión a través del Día Mundial de las Misiones -Domund- que es el tercer domingo de octubre, también alienta a jóvenes y adultos a llevar el mensaje de Jesús. La misión es permanente.

En este contexto, compartimos el testimonio de la profesora Yulimar Rivas, una misionera venezolana que estuvo entre 2014 y 2017 en África como parte de “Misioneros Ad Gentes Virgen de Coromoto”, apuntalada por las Obras Misionales Pontificias y la Conferencia Episcopal Venezolana.

Yulimar junto a Néstor Quintero y Efrén Chirinos cumplieron su servicio y al cabo de su período fueron relevados por otro equipo, integrado por Génesis Machado, Yuruanni Guzmán y Alonzo Velásquez. Todos han tenido el mismo entusiasmo misionero en la población de Manje, Diócesis de Tete, en Mozambique, África.

El testimonio de Yulimar y sus compañeros sigue vigente y es enaltecedor no sólo en esta fecha en la que concluye en el mes misionero de la Iglesia.
No está recogida toda la experiencia vivida por Yulimar, pero lo que con ella se logró hablar en su oportunidad es muy alentador. Su experiencia misionera es un testimonio digno de replicar en nuestra Iglesia y en nuestras vidas.

Fue el 19 de mayo de 2014, cuando el padre Emérito Peña de la Diócesis de Barinas y los jóvenes laicos: Efrén Chirinos, Néstor Quintero y Yulimar Rivas, procedentes de la Arquidiócesis de Coro, Diócesis de Punto Fijo y Diócesis de San Carlos de El Vigía, respectivamente, fueron enviados con pocos equipajes, con sus biblias, rosarios y mucho entusiasmo hacia el continente africano.

 

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Yulimar Rivas, contactada por el corresponsal de Aleteia, accedió a narrar parte de su trabajo en esas remotas tierras.
Yulimar es profesora y procede de la Parroquia Santísimo Sacramento de Tucaní, en San Carlos de El Vigía. Es la segunda hija de 5 hermanos dentro de una familia que, según refirió, viene de un proceso de conversión.

“Fui la primera en ser llamada a servir hace 10 años, para luego ser el instrumento de evangelización que usó Dios para la familia”, dijo.

La llegada del equipo misionero a “su tierra prometida”: la ciudad de Tete, Mozambique, ocurrió el 29 de mayo, a las once de la noche. Fueron recibidos por el Obispo de Tete, Don Ignacio Saure, sacerdotes, religiosas (os) y laicos.

“Antes del viaje recibimos mucha información del lugar pero estar aquí y palpar la realidad es otra cosa”, dice Yulimar.

“A cada rato me encuentro con personas que por mi color (morena clara) se dirigen a mí y, al entablar una conversación, consigo que esa persona no es bautizada, que nadie le ha hablado del Reino de Amor y Justicia”, relataba la misionera durante su estancia en África.

 

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Además del reto de hablar portugués junto a sus compañeros aprendió chinyanja, una lengua local. “Estoy agradecida con mi Dios por todo lo que me da y pido cada día más fortaleza”.

Aunque no dejó de añorar a su familia, amigos y pueblo natal, se manifestaba feliz por la labor realizada. “Es verdad que me hacen mucha falta, pero estoy alegre (…) Colaboro en la pastoral carcelaria que llevan unas religiosas franciscanas, además de la catequesis que organizan las hermanas vicentinas. También colaboramos en un orfanato que llevan unas religiosas de San José de Cluny”.

Enfrentó desafíos en una localidad llamada Manje, en la frontera con Malawi. “Nunca antes los misioneros estuvieron allí y las necesidades son mayores, es un lugar sin servicios básicos mínimos necesarios. No tiene agua potable”.

Sobre las enfermedades se refirió a lo que mayormente ocupaba su atención. “Aquí lo más alarmante es el sida. En la comunidad donde realizaremos nuestra misión venezolana hay al menos 70 casos de niños infectados del VIH por las madres y son huérfanos. No tienen refugio ni un centro de apoyo. Viven con parientes, pero no les dan atenciones. Es otro desafío porque además no hay preescolar”, fue su testimonio.

Otra enfermedad muy común es la malaria. “A uno de mis compañeros le dio y es muy fuerte porque descompensa prontamente y da fiebre tan alta que hace delirar”.

Además, con el carbón y la explotación de minerales “están surgiendo muchas enfermedades respiratorias porque las minas están muy próximas a las comunidades”, indicó.

 

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Mensaje a los jóvenes

Yulimar Rivas dijo que su vocación es misionera laical. “Amo el servicio misionero, pero no tengo vocación a la vida consagrada religiosa. Soy una chica que lleva una vida normal como todo joven: muy alegre, me gusta cantar, animar y bailar. Y espero un día a mi regreso consagrar mi vida al matrimonio y tener 3 hijos”.

Indicó que su mensaje es para que los jóvenes vean que ser misionero no es dejar de vivir su vida y abandonar sus proyectos personales de profesión y matrimonio.

“La misión es la respuesta a la invitación que nos hace Jesús a seguir su vocación de ser anunciadores de su Reino de Amor, de Justicia y de Paz”, dijo finalmente.

 

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Con información de El Guardián Católico