Navidad: claridad para la casa y oscuridad para la calle (Javier Sánchez)

Navidad: claridad para la casa y oscuridad para la calle (Javier Sánchez)

Navidad que vuelve, tradición del año unos van alegres y otros van llorando
Hay quien tiene todo, todo lo que tiene y sus navidades siempre son alegres. Hay otros muy pobres que no tiene nada, son los que prefieren que nunca llegaran…

La tradicional canción navideña de Billo’s Caracas Boys nunca perdió vigencia y hoy en día es tarareada con más fuerza por el venezolano al llegar la navidad en el mes de diciembre identificándose con su mensaje lleno de melancolía y sabor decembrino.

Viene a nuestra memoria tiempos aquellos cuando Hugo Chávez estaba en en el poder y celebraba las navidades a su forma en Miraflores para pedirle al Niño Jesús los deseos en la tradicional carta y una vez en diciembre del 2002 reunió un grupo de chiquillos y les dijo: “El niño pide un juguete, el empresario pide un año bueno para sus negocios, el trabajador pide un salario digno y el Presidente pide a todos los venezolanos en este momento la mayor humildad y que el odio, rencores y cosas negativas queden a un lado”
Se murió y sus deseos aún persisten y los del actual Jefe de Estado quien este año emulandolo adelanta las navidades colgando en los jardines del Palacio de Gobierno angelitos, pesebres, guirnaldas, navideñas, renos y cualquier figura importada que simboliza la navidad incluyendo el tradicional arbolito al que Chávez detestaba por ser figura del Imperio.

Maduro busca de esta forma que sus seguidores en los sectores populares mantengan eso llamado «chavidad» es decir, las navidades a lo Chávez, que por cierto solo se distinguen de las mismas en que el actual Presidente si pone arbolito y tiene las bolas de adorno.

El mensaje de paz, unión, hermandad y felicidad no lo aplicó el comandante eterno durante su gestión y tampoco Nicolás Maduro ya que queda demostrado con hechos que saltan a la vista, de ahí que los venezolanos consideren que adelantar las navidades no es más que una distracción ante la crisis política y social que vivimos.

Él habla del plan «feliz y segura navidad» liberando fondos para comprar diez millones de juguetes para «nuestros niños»con el fin de llevar esperanza, alegría y una sonrisa a cada hijo e hija de este país sin embargo la realidad es la misma que en oportunidades anteriores cuando se ofreció «el pernil revolucionario” a las clases populares y brilló por su ausencia en la mesa navideña.

La gente vive del día a día, lucha por sobrevivir y no le importa esta fecha, ni la navidad, ni el carnaval, ni ninguna otra cosa que no sea buscar para el sustento, los medicamentos para el tratamiento de sus dolencias incluyendo el Covid y tener los servicios básicos como agua, electricidad, aseo urbano y transporte público. El país sufre apagones constantes, un calvario eléctrico que se multiplica e incluye racionamientos por horas y bajones diarios. Las fallas en el servicio del agua son cada vez mayor, las colas kilométricas ante las gasolineras se llevan días de paciencia y por si fuera poco ahora con fallas en el servicio de internet y redes sociales, la diáspora y la pandemia que ha dejado tristeza en miles de hogares ¿habrá tiempo para pensar en fiestas decembrinas? No creo.

Se trata de una estrategia heredada e inventada por Hugo Chávez durante su gestión con el objeto de desviar la atención de la crisis económica y como maniobra para tratar de reimpulsar el comercio nacional que trata de sobrevivir.

El gobierno asegura unas navidades felices, brillantes, llenas de luces y colorido, pero en la mayoría de los hogares no habrá hallacas, pernil, lomo negro y demás platos navideños y las luces del arbolito no resistirán los apagones que cada vez son más prolongados. Titilaran solo las de Miraflores y las de las mansiones de los militares y personeros gubernamentales que tienen escoltas hasta para cuidar los pesebres, renos, ángeles y demás figuras luminosas que colocan en sus jardines.

El país sigue en ruina y resulta cuesta arriba hablar de una cena de Nochebuena. Se despide el séptimo año seguido con una recesión y el tercero con una hiperinflación. Una navidad más amarga que las anteriores se vivirá con resistencia al terror y la crueldad de un gobierno enemigo de su pueblo, sin embargo debería ser la fiesta de la solidaridad con quienes más han sufrido los atropellos del régimen cómo son los casi 300 presos políticos para los que no habrá cantos de Noche de Paz.

Solo el recuerdo de lo que fueron navidades felices en otros tiempos es lo que los venezolanos tendrán en la Nochebuena cuando sin distinción de clases todos juntos, esperaban diciembre para reunirse en torno a una mesa, en familia, para hacer los platos navideños, el ponche crema, el pan de jamón y se buscaba el licor para la celebración que aguantaba hasta el amanecer de cada noche. No son muchos los que pueden darse hoy en día ese lujo, solo los enchufados, los que visitan Miraflores o los hijos de «papi y mami» que reciben el Año Nuevo en yates recorriendo Los Roques y otras paradisíacas playas o los que en viajes privados se van a otros países a pasarla lejos del bullicio y lamentaciones del pueblo.

El arbolito de Miraflores tiene sus luces prendidas desde hace varios días y nosotros no tenemos electricidad, le escuché decir a una niña a su mamá, mi vecina, que protestaba por los apagones en Maracaibo que le han quemado desde bombillos hasta neveras y aires acondicionados. Yo vi en Instagram y Twitter que Maduro cantaba caminando por el Palacio junto a su mujer diciendo que había comenzado la navidad y apenas es octubre. Habían luces de colores por todos lados repetía la niña en la oscuridad que había en su casa por el apagón que tocaba ese día. ¿Por qué ellos si tienen luz y prenden hasta el arbolito y nosotros no? se preguntaba la niña y su madre mirándola fijo a los ojos le respondió: Diría mi abuela, claridad para la casa y oscuridad pa’ la calle.