Detalles del primer debate presidencial Caldera Vs Uslar

Detalles del primer debate presidencial en TV hace 58 años: Caldera Vs Uslar

Radio Caracas Televisión RCTV transmite el primer debate presidencial televisado en Venezuela, realizado entre los candidatos Arturo Uslar Pietri del partido Independientes Pro-Frente Nacional IPFN y Rafael Caldera de COPEI (1963).

El martes 22 de octubre de 1963, los venezolanos tuvieron la ocasión de ver y oír, por televisión y radio, un debate de casi tres horas de duración entre el candidato presidencial socialcristiano, Rafael Caldera, y el candidato presidencial de un grupo independiente y de organizaciones políticas menores, Arturo Uslar Pietri.

Se estima que alrededor de millón y medio de venezolanos –quizás más– escucharon directamente las tesis y argumentos de ambos políticos, lo cual hace suponer que un porcentaje bastante apreciable del electorado pudo juzgar, sin intermediarios, el resultado del debate.

Carlos Rangel (Moderador):
Muy buenas noches, amigos televidentes de Radio Caracas Televisión. Es para Radio Caracas y para mí un gran honor y una gran satisfacción presentar esta noche un evento especial y de un interés y de una importancia sin precedentes. Se trata del debate entre los doctores Arturo Uslar Pietri, candidato independiente a la presidencia de la República, apoyado por grupos independientes y por organizaciones políticas, por un lado, y Rafael Caldera, candidato presidencial del Partido Social Cristiano COPEI.

Este debate constará de cinco puntos, convenidos de antemano:

El primero: ¿es éste el gobierno que le convenía a Venezuela en estos años?

El segundo: responsabilidad de COPEI en los aciertos y desaciertos del presente gobierno.

El tercero: el problema de la violencia y la posición de los contrincantes frente al comunismo.

El cuarto: candidatura de partido frente a candidatura independiente; y

El quinto: programa de gobierno.

El debate se regirá por las siguientes reglas: Cada uno de los contrincantes tendrá un cuarto de hora para exponer su punto de vista sobre cada uno de los puntos, pero un cuarto de hora dividido en tres partes: siete minutos para una exposición inicial, cinco minutos para una réplica y tres minutos para una conclusión. Yo tengo aquí un cronómetro y tengo también un timbre con el cual indicaré a cada uno de los oradores cuando le falte un minuto para terminársele el tiempo de que dispone en cada oportunidad.

Con una moneda voy ahora a sortear el orden de las intervenciones. Voy a preguntarle al doctor Caldera si desea cara o sello.

Rafael Caldera (al doctor Uslar):
Usted doctor.

Arturo Uslar Pietri:
¡Sello!

Carlos Rangel (lanza la moneda al aire y la recoge en la mano):
¡Es cara!, por lo tanto comienza el doctor Caldera con una exposición de siete minutos sobre el tema, ¿es éste el gobierno que le convenía a Venezuela en los últimos años?

Rafael Caldera:
Cuando me invitaron a participar en este programa, acepté con mucho gusto, por considerar de interés para el país la clarificación de muchas cuestiones que inciden en el actual debate electoral y que influirán sin duda en los resultados del primero de diciembre. Se me propusieron cuatro puntos, a los cuales yo hice solamente dos modificaciones: pedí se agregara el último punto, el relativo a la discusión de cuestiones programáticas de los candidatos, y pedí se agregara al punto sobre la violencia –creo que es el tercero– la fijación de posiciones frente al comunismo.

Paso a referirme al primer punto y, con la advertencia que acabo de hacer, entenderá el público televidente que más que contestar directamente la pregunta, me voy a proponer las cuestiones de qué significa esta pregunta: ¿es éste el gobierno que le convenía a Venezuela en estos años? Yo pienso que es el gobierno que ha tenido porque lo quiso así una mayoría de los venezolanos en el acto electoral del 7 de diciembre de 1958. Ahora, si se me pregunta si yo hubiera deseado que los resultados electorales fueran en el 58 cuales fueron, mi contestación es categóricamente ¡no! Yo tuve mi posición, mi partido presentó su propia fórmula, y tuve la lealtad de decirle al electorado que no creía conveniente la elección del señor Betancourt. Combatí a su partido desde el punto de vista electoral, así como combatí también la elección de otro candidato, el entonces Contralmirante Larrazábal y al partido que lo respaldaba, o uno de los partidos que lo respaldaban, el Partido Unión Republicana Democrática.

Ahora bien, si se me pregunta si éste es el gobierno que más convenía, hablando o entendiendo de sistema de gobierno democrático, pues entonces digo claramente que ¡sí! El país ha luchado y sufrido por conquistar un sistema de gobierno democrático. Yo creo en la democracia, en eso que los comunistas en son de desprecio llaman «la democracia formal»; creo que el sufragio, las elecciones, las votaciones, el funcionamiento de los poderes públicos, tienen una gran importancia, y creo que son, como lo dice el preámbulo de la Constitución, el instrumento adecuado para lograr otros bienes como la justicia social, el bienestar y el progreso de los pueblos. Yo creo, pues, que el sistema de gobierno adoptado sí era el que más le convenía a Venezuela como sistema de vida permanente.

Si la pregunta hace referencia al hecho de la coalición, también debo remontarme a los antecedentes que se fijan en el año de la provisionalidad, en el año de 1958: la verdad es que el país estaba convaleciente de un proceso dictatorial de diez años, el escepticismo no dejaba de existir en el subconsciente de muchos venezolanos. De la idea de que la libertad no fuera a prevalecer, en los venezolanos que desde diversos sectores ejercíamos funciones de dirección de la opinión pública y de la vida del país, surgió la preocupación, primero, de que pudiera mantenerse y ser estable el sistema político democrático, y segundo, el de que pudiera iniciarse en una forma franca y definida un proceso de reforma social. Para lograr estos dos objetivos se consideró necesaria la unidad del país.

Los partidos políticos importantes llegaron a esta conclusión y solamente se hizo la excepción –y en ello tomé yo una parte de cierta importancia– del Partido Comunista de Venezuela, por considerar que su filosofía política, por una parte, y los compromisos internacionales que tiene, por otra, eran incompatibles con los compromisos que los otros tres partidos tenían que formalizar para poder estabilizar un sistema de gobierno democrático de acuerdo con los ideales fijados en el movimiento que condujo al 23 de enero de 1958.

Fue pues ésta, la idea del llamado «Pacto de Puntofijo». El «Pacto de Puntofijo», que ha sido considerado injustamente como un reparto de prebendas burocráticas, fue un compromiso de responsabilidad solidaria que las tres grandes organizaciones políticas, que iban a obtener en las elecciones el noventa y cuatro por ciento del total de los sufragios válidos emitidos, contraían de mantener, durante este período, mediante una acción conjunta, el sistema de gobierno, el gobierno mismo que resultara de las elecciones, hasta el punto de que los tres partidos nos comprometimos a sumar, desde el punto de vista ideal, los votos que los tres partidos obtuvieran y atribuírselos al gobierno que saldría de las urnas. Consideraríamos como si el gobierno salido de las urnas hubiera obtenido la totalidad de votos que se lograra por las tres grandes organizaciones políticas signatarias, en la jornada del 7 de diciembre. Nosotros, los copeyanos, hemos cumplido ese compromiso.

Por este motivo hemos sido objeto de muchos ataques, y entiendo que el Senador Uslar Pietri, que en el curso de la campaña electoral nos ha atacado mucho, precisamente por esta circunstancia, insinuaría el corte de la pregunta para formular sus acusaciones a este respecto. De manera que estoy gustosamente dispuesto a escucharlas y a responderlas lo mejor que pueda.

Carlos Rangel:
Tiene ahora el Senador Uslar Pietri, el candidato Uslar Pietri, siete minutos para hacer su primera exposición.

Arturo Uslar Pietri:
Muy buenas noches, señores. He venido a este debate a cumplir con un deber cívico como es el de llevar ante el electorado venezolano, que sin duda está pendiente de esta hora, puntos de vista que creo útiles y convenientes para esclarecer la conveniencia nacional y la posición de cada uno, en esta grave, en esta decisiva ocasión que presentan las próximas elecciones.

Cuando yo salí a la arena política como candidato presidencial independiente, pensé que tarde o temprano debería yo enfrentarme en algún debate público con el representante del Gobierno. Lo que nunca pensé es que este papel le fuera a incumbir al doctor Caldera. Pensé que era más lógico que le incumbiera al doctor Leoni, a pesar de que el doctor Caldera forma parte, como él mismo lo acaba de decir, de la coalición gubernamental. Pero, dada la posición que ha asumido COPEI últimamente, en la que no se sabe ciertamente si está en el gobierno o está en la oposición, no me parecía que el doctor Caldera iba a asumir la posición de defensa del Gobierno, y que por lo tanto ese papel le incumbiría al doctor Leoni. Sin embargo, tengo pues mucho placer, en venir esta noche a sostener el debate con el doctor Caldera.

Dice el doctor Caldera en su exposición, que él no hubiera deseado el resultado electoral que ocurrió el 58 y que tampoco creía conveniente la elección de Betancourt. Yo puedo decirle que estoy totalmente de acuerdo con él en estos puntos, porque yo tampoco he creído conveniente la elección de Betancourt. La elección de Betancourt, como tuve ocasión de decírselo a él personalmente en una conversación que tuvimos, a raíz de su elección, en diciembre del 58, la consideraba yo la más peligrosa y la más inconveniente. En primer lugar, era llevar al poder a un partido político muy sectario, muy pugnaz, con una tradición exclusivista grande, con unos apetitos de predominio evidentes, y que por lo demás tenía resistencia, resquemores, y un ambiente de hostilidad en muchos sectores de la vida venezolana.

En aquel momento Venezuela acababa de salir de una dictadura y estábamos todos los venezolanos empeñados en estabilizar unas instituciones democráticas. De modo que convenía, evidentemente, que lo que viniera al gobierno, una vez que se estabilizara la democracia, el gobierno constitucional, fuera un régimen de apaciguamiento, de entendimiento, de conciliación, que no representara una secta pugnaz ni exclusivista, sino que sirviera más bien como de juez imparcial, de aglutinador, de mediador, de coordinador de las distintas fuerzas, y le asegurara al país un período de convalecencia política.

El hecho de triunfar el candidato de un partido político, y de un partido político muy agresivo, muy sectario, muy militante, como Acción Democrática, hacía sin duda muy difícil que esto se pudiera obtener, y los resultados están a la vista.

El «Pacto de Puntofijo» no pudo funcionar y no podía funcionar. A poco de andar, Unión Republicana Democrática se retiró de la coalición y en los últimos tiempos es evidente que COPEI sigue participando en la coalición, pero con infinitas reservas, hasta el extremo de que en declaraciones públicas últimas del doctor Caldera y de muchos dirigentes importantes de COPEI, se ha dicho abiertamente que COPEI no asume responsabilidades por la obra del gobierno, de modo que en realidad la coalición ha terminado por ser una cosa vacía, sin contenido y sin definición.

Se cometió también allí otro error que fue el llamado «Pacto de Puntofijo». El «Pacto de Puntofijo» fue un error, porque no tenía una definición programática, sino muy vaga y muy genérica, y consistió en un reparto de las dependencias gubernamentales, lo cual trajo como consecuencia la descoordinación del Gobierno, el desmembramiento del Gobierno, en un momento en que Venezuela necesitaba precisamente lo contrario: un Gobierno muy coordinado, muy integrado, muy unificado en sus directrices y en sus objetivos. Lo que vino a tener fue lo contrario, fue un Gobierno parcelado, desmembrado, sin unidad de acción, que vino a contribuir grandemente a las deficiencias, a los errores y a las grandes faltas que esta Administración ha tenido y que son evidentes.

Esta situación hace pensar que lo lógico era que, en 1958, como tantas veces se dijo, los partidos políticos hubieran llegado a un acuerdo para llevar a la presidencia a un independiente. En ese momento, un independiente hubiese podido hacer un papel de mucho más equilibrio, de mucha más estabilidad para la democracia y para la evolución del país, que un hombre de partido, y sobre todo que un hombre de partido del carácter del señor Rómulo Betancourt, que ha sido siempre un hombre pugnaz, arbitrario, apasionado, impetuoso, autoritario, que era precisamente lo contrario de lo que en aquel momento se necesitaba en aquella difícil etapa de transición.

De modo que yo sí creo que este no era el Gobierno que le convenía a Venezuela. No el sistema, estoy de acuerdo con el doctor Caldera que el sistema democrático es el que le conviene al país, pero no convenía este tipo de gobierno presidido por un partido sectario, por el dirigente de un partido sectario, cuyo resultado fue el que hemos visto, que la coalición no pudo funcionar, que la coalición terminó en dividirse, en crearse una situación de pugnacidad, de desencadenarse una serie de desaciertos y errores atribuibles en gran parte al mal funcionamiento de la maquinaria gubernamental.

Quiero decir que en esto ocurrió también una cosa muy curiosa: COPEI fue un partido que se fundó con la gente que estaba contra Acción Democrática, con la gente que tenía un sentimiento contra Acción Democrática, y por una especie de juego de escamoteo ha resultado que los votantes de COPEI, que votaron en el 58 por Rafael Caldera, porque no querían votar por Rómulo Betancourt, han resultado votando por Rómulo Betancourt, porque COPEI se ha convertido en el soporte de Acción Democrática en el gobierno y en el sostén de Acción Democrática en el gobierno. De modo que hubo una transferencia contra la voluntad del votante, de una decisión que era evidente: se votaba por Rafael Caldera, porque no se quería votar por Rómulo Betancourt, y se terminó finalmente votando, a través de Rafael Caldera, por Rómulo Betancourt.

Tomado del portal https://www.rafaelcaldera.com/