De Interés: donar lo que sobra (María Elena Araujo Torres)

De Interés: donar lo que sobra (María Elena Araujo Torres)

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Escudriñando en los diccionarios, Donar significa ceder permiso a las autoridades para disponer de algún órgano del cuerpo luego de fallecer en beneficio de alguna persona que lo requiera, donar sangre, entre otros. También es el acto de entregar dinero, ropa, muebles o artificios materiales en calidad de propiedad a nuevos dueños.

Al parecer la acción de donar nos convierte en mejores personas, en buena gente, porque se traduce en el hecho de desprendernos de algo que nos pertenece para regarlo a otra persona que puede ser familiar, amigo o desconocido.

Es costumbre en algunas prácticas religiosas el diezmo, que sería donar el diez por ciento de los ingresos netos de cada persona a la institución. También se estila organizar actividades para donar ropa, calzado, comida, servicios médicos y de cuidado personal a personas que así lo ameriten.

Pero la donación es un acto que va más allá de la caridad si así lo asumimos y realizamos, entendiendo que dar a quien necesita más que por lástima es importante hacerlo por solidaridad. Solidaridad con quienes viven en situaciones precarias y necesitan apoyo para seguir adelante, para avanzar en el trayecto de la vida que le corresponde vivir.

Al realizar la donación es sumamente importante desprenderse del egoísmo que lleva a analizar qué va a hacer el receptor con lo donado y asumir que no se da para recibir algo a cambio, se da para apoyar a quien lo necesite porque al esperar recompensa entonces llegan las decepciones innecesarias. Es entregar con la mano derecha sin que lo sepa la mano izquierda.

Cuando se da por intereses personales o grupales entonces más que un acto de filantropía o de verdadera bondad por el prójimo se convierte en un burdo acto de mercadería a cambio de otros beneficios que pueden ser votos, aplausos, puntos para avanzar en alguna organización, en fin, existen diferentes razones nada bondadosas cuando se dona por interés.

También dicen que cuando se dona es más feliz quien lo hace que quien lo recibe y puede ser verdad por varias razones: por sentirse buena persona o por valorar realmente lo importante que es para quien recibe la donación el objeto donado al resolverle algunas cuestiones materiales que necesita para cubrir parte de sus necesidades.

En cuanto a la donación como tal, hay quienes donan literalmente lo que les sobra, sea ropa, zapatos, artículos de cualquier índole, o peor, que ya no sirven, que son basura. Y como han dicho algunos con términos sabios “solidaridad no es dar lo que te sobra, sino compartir lo que tienes”. Ese es el verdadero dar de corazón. Por ejemplo, en situaciones de desastres, cuando mucha gente desamparada y literalmente sin nada de comida, ropa o vivienda, el apoyo de donar o compartir es vital.

La donación va más allá de lo material. Cuando ofrecemos un abrazo sincero a quien atraviesa por algún dolor personal; la asistencia a quien enferma y carece de apoyo para asistir a algún centro médico o para comprar medicamentos; donar una sonrisa a quienes andan tristes o

molestos por diferentes razones también es válido para apoyar al prójimo, más de lo que podríamos pensar.

Estamos sobre la misma tierra y el apoyo que nos brindemos nos hará más fuertes para enfrentar cualquier situación que podamos a travesar. A veces por egoísmo o por centrarnos en nuestras propias dificultados olvidamos al prójimo sin entender que ayudando a otros nos ayudamos también, aunque ese no sea el propósito. Bien dijo alguien alguna vez que en la unión está la fuerza, apoyar a quienes lo necesiten forma parte de esa unión de esa fuerza necesaria para vivir.

María Elena Araujo Torres