"Corte de Igor Marojevic": La novela que mezcla a Hugo Boss...

«Corte de Igor Marojevic»: La novela que mezcla a Hugo Boss, la segunda guerra mundial y los Balcanes

El reconocido autor serbio plantea una metaficción en Corte (Editado al  español  por Trampa Ediciones, 2021) en donde se vale de informes que salieron a la luz durante la Segunda Guerra Mundial en diversos medios, para narrar la inadvertida historia de Hugo Boss y más personajes, protagonistas de esta trama.

 

Respecto a su título, Željko Grahovac reseña que “está perfectamente escogido: se trata de los fragmentos y trocitos, las pequeñas partes de relatos, reportajes e intrigas, de testimonios «originales» y «citados» sobre eventos en Zemun ocurridos, mayoritariamente, a principios de la Segunda Guerra Mundial”.

 

 

El personaje principal de tu novela Corte es un modista y diseñador famoso a nivel mundial, Hugo Boss. Por otro lado, la mayoría de la trama ocurre en Zemun, un suburbio de la capital serbia, Belgrado, durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo se te ocurrío entrelazar su destino precisamente con este pueblo?

I. M.: Se habían escrito muchísimas novelas sobre la Segunda Guerra Mundial, desde los puntos de vista más variados, y yo quise escribir una en que acentuaría la moda de la época. Por otro lado, es cierto que los uniformes negros del ejército croata de la época, los ustachi, eran un burdo plagio del SS-Allgemeine negro, cuyo autor era el mismo Hugo Boss. Dado que la novela se compone de imitaciones y parodias de artículos de prensa, yo inventé que algunos periodistas serbios, al descubrir el plagio del uniforme, se habían burlado de ello en sus textos, y que el caudillo del Estado Independiente de Croacia Ante Pavelić había invitado a Hugo Boss que viniese a su país para que los soldados croatas dispusiesen, igual que los soldados alemanes, de su propia vestimenta Boss original, y no de una simple imitación. Aunque inventé también que Hugo había venido a Zemun no sólo por cuestiones de los negocios sino también por el amor de su vida, en la novela hay muchos hechos reales sobre él, desde su adolescencia y primeros negocios hasta su muerte, después del proceso judicial por su colaboración pasiva con los nacionalsocialistas.

 

 Y ¿por qué has ubicado la trama precisamente en Zemun?

I. M.: Por vivir en Zemun y conocerlo. Y porque era de verdad uno de los escasos pueblos multiculturales en la época de la Segunda Guerra Mundial en los Balcanes. Pero no por buenos motivos sino por un juego de tensiones y miedos. Es que en Zemun los croatas temían a los alemanes por razones obvias, los alemanes temían a los serbios por ser la nación mayoritaria y porque algunos serbios locales se les confrontaban; a su vez, los serbios temían a los croatas porque éstos, en otras partes del Estado Independiente de Croacia, acababan con la vida de miles y miles de serbios, por conseguir una venganza desproporcionada, en respuesta a ciertos maltratos que los serbios les habían infligido en la primera Yugoslavia y en el Reino de los serbios, croatas y eslovenos. Pero no era habitual que esas matanzas ocurriesen en Zemun, donde la administración pasaba periódicamente de manos croatas a manos serbias y viceversa.

 

 Dentro de «Advertencia» en las primeras páginas de la novela consta: «El autor no comparte necesariamente las opiniones expresadas en este libro». ¿Has escrito la advertencia para lograr hacer una ilusión de veracidad?

I. M.: Bueno, en la novela hay imitaciones y parodias de los artículos de la prensa existente e inventada de ideologías nacional socialista, «social nacionalista», comunista, de los ustachi o de los nacionalistas serbios («chetniks», «El comité», «Zbor»). La mayoría de los artículos se ha escrito desde la primera persona y muchos lectores confunden la posición del autor y la del narrador y, en efecto, es verdad que no comparto ninguna de las ideologías presentes en el libro.

 

 

¿En su texto en La vanguardia, titulado «Estimulante Barcelona», Jorge Carrión deslizó que Robert Juan Cantavella había definido tu novela como «Berlanga en los Balcanes», y añadió que tu «escritor afín», «sospechosamente», firmó la traducción de Corte bajo seudónimo. Sabemos que Robert y tú son grandes compañeros de batalla, pero ¿qué crees que significa ese «sospechosamente»? 

I. M.: Uno que haya leído la novela probablemente no sabrá a que se deba tal sospecha. Trebor Escargot no sólo es un seudónimo literario de Robert Juan Cantavella sino también el nombre de un personaje de la novela Corte que en cierto modo tiene que ver con él. Es un juego literario o, como diría Roberto Bolaño, una aventura literaria. Por ello, a los dos nos era lógico que la traducción la firmase precisamente Trebor Escargot. 

 

¿Y si ya se hacen paralelismos entre tu novela y el cine, ¿se podría decir que hay ciertas similitudes entre Corte y Malditos Bastardos de Quentin Tarantino cuando nos referimos al tratamiento de la historia?

I. M.: Hay similitudes en el sentido de que puede que ambas obras formen parte de la metaficción historiográfica y seguro que no representan la narrativa historiográfica clásica. Si quiere tratar la historia, la literatura tiene que jugar con ella en vez de permitir que la historia juegue con la literatura e imponga los hechos reales a cualquier precio. Es interesante que en una reseña de la versión de Corte, publicada en Croacia, se me acusó de haber imitado la película de Tarantino. Eso sería imposible, pues la primera versión de mi novela se publicó en 2007 y Malditos Bastardos se estrenó en 2009. Claro que tampoco Tarantino es un chorizo y supongo que, al fin y al cabo, no se da cuenta de mi existencia. Se trata de la influencia del espíritu del tiempo, que crea similitudes ya de por sí. Por ejemplo, cuando nos conocimos en Barcelona, cuando yo todavía pasaba la mayoría del tiempo en la capital catalana, el difunto Roberto Bolaño y yo nos sorprendimos al resultar que, sin habernos conocido ni leído, habíamos escrito sobre la misma estrella porno, Moana Pozzi, sólo que él en sus narrativas la había llamado Joanna Silvestri y, en Lateral, la difunta revista barcelonesa, se publicaría la traducción de mi cuento La guerra por el honor de Moana Pozzi.

Cortesía de Trampa Editorial