CLAP Y VOTOS (Javier Sánchez)

CLAP Y VOTOS (Javier Sánchez)

Estamos claros que las elecciones constituyen uno de los instrumentos clave en la designación de los gobernantes, la participación política de la ciudadanía, el control del gobierno por ella y la interacción entre partidos o grupos políticos. La democracia moderna no podría funcionar sin esos procesos, convirtiéndose en un instrumento para transformar un régimen no democrático en otro que sí cubra suficientemente las características de ese modelo político.

En Venezuela ya estamos en campaña para eso; candidatos a gobernadores, alcaldías y representantes ante la Asamblea Nacional por el chavismo aparecieron desde el pasado fin de semana por los distintos municipios del Zulia como por arte de magia ante la aproximación de las elecciones convocadas por el CNE para el 21 de noviembre. Las codiciadas bolsas de alimentos subsidiadas (Clap) que constituyen el principal «enganche» para hacer campaña electoral y captar votos junto a promesas de garantizar al 100 por ciento los servicios públicos como electricidad, agua, gas y transporte también aparecieron y «juegan marullo» cómo se dice en Maracaibo. En gigantescos camiones comenzó su reparto a bajos precios a cambio de votos.

Una manera de comprar la participación del elector hacía los actores del oficialismo de modo abierto y desvergonzado se ha comenzado a observar al igual que en procesos electorales anteriores, donde el gobierno de turno abre su «mercado de votos» y ofrece cualquier cosa tal cual como en el centro comercial estilo Las Pulgas o en aquellos tiempos del llamado Mercado Principal al grito de:
¡Quién da más!
¡Quién da más!

Las organizaciones políticas siempre han practicado esta forma de obtener los votos a favor de sus candidatos pero el chavismo desde sus inicios lo ha perfeccionado y los incentivos que ofrece van desde bolsas de comida (Clap) listas de libros, transformadores de electricidad, dinero en efectivo, artefactos eléctricos, medicamentos y cualquier promesa de servicio público de manera directa a través de gobernaciones y alcaldías, con tal y acudan a marcar las tarjetas rojas en los centros de votación a favor de determinado candidato.

Es una práctica corrupta que surge a partir de condiciones específicas dónde los «rojos» están decididos a conseguir que su partido sea el primero en las instituciones y dependencias que se estén escogiendo. Pagan cualquier precio por un voto al sentirse en desventaja como en este momento dónde se ve claramente que los números no les favorecen y así lo reflejan las encuestas. ¿Cuál es la orden que tiene el PSUV? buscar los votos a cualquier precio hasta debajo de las piedras sobretodo en los municipios fronterizos en poblaciones mayoritariamente indígenas.

Esto lo hacen al no conseguir convencer a los votantes de que pueden confiar
en ellos y a medida que el tiempo pasa, esa compra-venta de votos se va convirtiendo en un fenómeno difícil de erradicar porque el gobierno dispone de grandes recursos para ello y a parte de eso fábrica las necesidades. Los ciudadanos más pobres, los más marginados, consideran que el pago de cualquier manera antes de las elecciones es lo único que logran de un gobierno ineficaz.

Son muchas las personas que sienten que los políticos solo se acuerdan del pueblo cuando llega la época de elecciones, tiempo en que se ven a los dirigentes acudir a los barrios más vulnerables a fingir que escuchan los problemas de las comunidades y los candidatos prometen soluciones que en muchos casos no se cumplen o resultan ser paños de agua tibia en forma de subsidios o ayudas en especie que una vez consumidos los beneficiarios quedan igual que al principio.

Ya comenzaron a aparecer los camiones que transportan las bolsas CLAP con pasta, arroz, papeletas de café, mortadela, salsa de tomate, y una que otra que trae aceite, azúcar y pasta de tomate, cómo en el sector Los Claveles al sur de Maracaibo dónde los habitantes tenían casi dos años que no les llegaba esta promesa y el pasado fin de semana se hizo presente y la gente lo ve como oferta electoral.

Es propicio señalar en este momento que la basura sigue formando cerros en improvisados rellenos sanitarios en este barrio y zonas aledañas pero ya el alcalde Willy Casanova prometió unas «elecciones limpias» refiriéndose a que se realizarán jornadas que incluyen reacondicionamiento de canchas deportivas, arborizacion y saneamiento ambiental en la mayoría de los barrios dónde existan centros de votación. ¿Promesa electoral y compra-venta de votos?

Lo único que no ha podido ofrecer por su parte el gobernador Omar Prieto, que aspira ser reelegido, es una solución al tema eléctrico que hasta ahora es el calvario del pueblo zuliano. Todos los días se va la luz por horas, los bajones son constantes y cada vez son más los municipios que se quedan a oscuras mientras las encuestas siguen bajando y las posibilidades de que sea reelecto Prieto al cargo de Primer Mandatario Regional son cada vez más remotas. La luz se va y con ella las posibilidades y esperanzas de que Omar y Willy vuelvan al poder, pues así aparezcan camiones repletos de bolsas CLAP cuál mercados ambulantes buscando contrarrestar esa falla no los salvará ni el cebo asoleao como diría la abuela saladillera.