A 115 años del nacimiento de Kuruvinda, el eterno cronista de Maracaibo

A 115 años del nacimiento de Kuruvinda, el eterno cronista de Maracaibo

Kuruvinda

A 115 años del nacimiento de Kuruvinda, el eterno cronista de Maracaibo – Foto: Cortesía

La palabra del sánscrito que alude a una piedra preciosa, fue el nombre por el cual Maracaibo conoció a uno de sus más célebres hijos: Kuruvinda, así se hacía llamar Régulo Segundo Díaz Labarca, escritor, cronista y artista plástico.

Nació el 20 de octubre de 1906, en esta urbe con vista al lago. A él debemos los textos ¿Quién es Maracaibo?, La Pequeña Venecia, Vida inmortal, Las próximas dictaduras, Las envolturas siderales, Sensorio Delirante, y otras tantas, según destaca Agustín Arteaga en El Zuliano Rajao.

“Estudió Pintura en la Escuela de Artes y Oficios durante cuatro años con el maestro Manuel Puchi Fonseca, y más tarde, se dedicó a impartir clases de pintura a domicilio. Fue el ayudante del maestro Antonio Angulo en la creación del plafón del Teatro Baralt (….) fue director y redactor de La Revista Libre.”, refiere sobre su trayectoria.

También, descolló en el periodismo cultural en otros medios como El Informador, de Juan Besson, y Espesor de Héctor Araujo Ortega.

Fue testigo de un siglo, en el sentido literal de la expresión, lo cual le permitió llenar el alma y la mente de vivencias únicas, que supo atesorar, divulgar, dibujar. Hizo suyo el paisaje de la ciudad puerto, sus personajes y aconteceres: las lavanderas, el malecón, las festividades, la arquitectura local, la musicalidad y alegría de la gaita, la poesía y el mecer de las piraguas. En todo encontró motivos para la expresión literaria y artística.

Entre sus tantas correrías, durante cinco años estuvo tras la pista del supuesto tesoro de Santa María de Belén, en la vía a La Concepción, municipio Jesús Enrique Lossada.

 

Foto: Cortesía

 

En 1947, junto a sus amigos José Domingo Márquez «Mingo» y José Joaquín Rojas «Rojitas» hizo un viaje insólito para la fecha: un recorrido por tierra desde Machiques a Detroit, Estados Unidos, a bordo de un Ford modelo 1928, un periplo descrito en su obra El camino de los grandes lagos.

 

“El 20 de octubre de 1906, cuando afloraste a la vida, allí en la humilde casa de la calle Ciencias, la ciudad debería renacer en esa fecha de tu alumbramiento. Ejerciste por amor a Maracaibo, la ciudad-puerto, la ciudad fenicia, la ciudad de los relámpagos y el salitre, esa mágica tierra de chubascos y cascabeles en el buen decir de Blas Perozo Naveda, cada una de las tareas que te llevara a mejor interpretar el rol del ciudadano que iba creciendo en cada uno de los oficios que con humildad y sabiduría cultivaste hasta el final de esos días que te convertirían en el gran cronista de la amada ciudad. Nunca recibiste la nombradía de Cronista de organismo oficial alguno; sitiado por estudiantes, investigadores, escritores, periodistas, ofrecías a los cuatro horizontes del cielo tus conocimientos sin solicitar nada a cambio”

Alexis Fernández en Kuruvinda, Testigo de un Siglo

 

Entre sus obras pictóricas se encuentran El reventón, el accidente del Ana Cecilia, los retratos de Manuel Belloso y del Padre J. M. Ocando, La Batalla Naval del Lago de Maracaibo, que se encuentra en la biblioteca central de La Universidad del Zulia, y una copia muy particular del retrato de Fernando VII original de Vicente López, que se encuentra en la Casa de la Capitulación en Maracaibo. Es necesario incluir en esta faceta la ayuda que Régulo Díaz presta al maestro Antonio Angulo en la realización del Plafón del Teatro Baralt, detalla Manuel Gómez en el blog Zulia Nuestro.

“Régulo Díaz, ‘Kuruvinda’, fallecido en febrero de 2005, casi centenario, fue un personaje especial (y esencial), del siglo XX maracaibero. Escritor, pintor, maestro, cronista, ebanista, asesor de investigadores, entre otros aspectos, su figura irregular y su andar pausado se convirtieron en emblema e insignia de un hombre considerado por muchos como historia viva o tesoro humano viviente”, así le describió Juan Carlos Morales Manzur.

Régulo Segundo Díaz Labarca, Kuruvinda, dejó este mundo en el Asilo San José de La Montaña, en Maracaibo, el 12 de febrero de 2005, a pocos meses de cumplir cien años.

 

“Yo creo que Kuruvinda era un sabio, iba más allá del simple conocimiento, reflexionaba permanentemente y disfrutaba y se vanagloriaba de su excelente memoria. Para repetir un lugar común: nada humano le fue ajeno; por ello digo que Maracaibo nunca olvidará a este cronista…, porque para Kuruvinda, Maracaibo fue su verdadera pasión, el amor realizado, la obra infinita que nunca concluyó”.

Morelis Gonzalo, en Kuruvinda, el cronista que Maracaibo nunca olvidará

 

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Con información de El Zuliano Rajao / Zulia Nuestro