Puertas abiertas y portazo en la cara (Javier Sánchez)

Puertas abiertas y portazo en la cara (Javier Sánchez)

Venezuela nunca se caracterizó por ser un país de emigrantes, al contrario, siempre se le identificó por ser una nación receptora de ellos incluso con el establecimiento de políticas de «puertas abiertas» pero el curso de la historia ha cambiado y ahora el país se apunta como una de las naciones que aumenta considerablemente la emigración hacia diferentes países, principalmente Estados Unidos, España y otros como Chile, Argentina, Perú, Colombia, Brasil entre otros en dónde a muchos de ellos se les maltrata y son perseguidos como delincuentes.

La historia está ahí y dice la verdad. Fueron miles los europeos que tomaron la decisión de emigrar en tiempos de paz y progreso de Venezuela desencadenándose un éxodo poblacional masivo que buscaba paz, estabilidad y una mejor calidad de vida cuando nuestra nación gozaba de estabilidad política económica y la modernización se perfilaba ofreciendo una de las mejores situaciones de América Latina. Se le abría la «puerta» a todo el mundo
a nadie se le tiraba en la cara y por el contrario se le daba abrigo y trataba como un ciudadano venezolano más.

Eran tiempos en que los gobiernos de turno buscaban la mano de obra especializada y personas que tuvieran
hábitos urbanos para incentivar y atraer la inmigración europea ofreciéndoles facilidades y comodidades para establecerse en el país, incluso hasta en gobiernos dictatoriales que nos tocó vivir en la época.

Miles de extranjeros ingresaron entre 1936 y 1958, convirtiéndose en el período con el mayor flujo migratorio de todos los tiempos a nuestra tierra lo que llega a su fin con la caída del gobierno de Marcos Pérez Jimenez cuando los inmigrantes constituyeron una importante fuerza de trabajo y un gran factor de producción económica, siendo a su vez para la población migratoria un período de evolución, recuperación, crecimiento e integración. La rápida evolución y modernización del país en conjunto con un Nuevo Ideal Nacional fueron factores que produjeron la llegada masiva de inmigrantes espontáneos. Muchas personas se basaron en las doctrinas propuestas por el dictador de entonces y veían a Venezuela como un Estado ideal con estabilidad política y económica que les permitiría una mejor calidad de vida.

El país era receptor de migrantes a partir del boom petrolero de los años 70 del siglo pasado cuando llegaron chilenos, colombianos, argentinos, uruguayos peruanos, brasileros, algunos obligados por la implantación de dictaduras militares en sus países en busca de oportunidades de trabajo cuando se apretaba la situación económica en la tierra que los vió nacer.

En 1977, cuando Venezuela contaba con 13 millones de habitantes, un 10% eran extranjeros con cédula, residencia legal y existía una población numerosa y no cuantificada de extranjeros en diversos ámbitos de la economía informal. Desde mediados de los 80, con el crack económico a partir del llamado “viernes negro” la primera gran devaluación de la moneda en décadas y una severa contracción económica comienza un retorno y deciden regresar a sus respectivas naciones.

Esa nación abierta a la recepción de extranjeros se mantuvo con mucho respeto y hasta hermandad, todo lo contrario a lo que sucede hoy en día cuando poco más de siete millones de venezolanos se ven obligados a salir por la grave crisis social, económica y política buscando refugio en países como Chile dónde reciben maltrato y no son aceptados por parte de sus habitantes y dirigentes gubernamentales que se niegan a recibirlos en su tierra a pesar de que siempre se les tendió la mano cuando huyeron de regímenes dictatoriales que los azotaba en su época y buscaron refugio en países como el nuestro.

Para muestra un botón. Tenemos un último acontecimiento que ha llenado de ira hasta la Organización de las Naciones Unidades cuando centenares de residentes se congregaron esta semana en las calles de Iquique, en el norte de Chile, y se produjo una manifestación contra la inmigración irregular en esa zona donde quemaron pertenencias de los migrantes, en su mayoría venezolanos y colombianos al grito de: ¡fuera de aquí!, un día después de un desalojo gubernamental que generó controversia en el país sudamericano.

En otras naciones se han registrado situaciones similares contra los venezolanos como el caso de Perú que sufre de olvido y no recuerda las bondades de nuestro país hacia sus ciudadanos y ha sido críticado por organismos internacionales incluyendo la Organización de Derechos Humanos.

Hay que recordarle a los chilenos que sufren de amnesia que tras el golpe de Estado de 1973 que les trajo consigo una fuerte represión con su dictadura fueron muchos los Estados que acogieron perseguidos políticos chilenos, entre esos Venezuela, que le abrió las puertas de par en par para que vivieran en nuestra patria como si fuera la de ellos y hubo razones históricas, políticas, culturales y hasta relaciones personales que determinaron ese apoyo al exilio chileno. No se le quemaron pertenencias ni se les lanzó las FAN para que los reprimiera y por el contrario se les resguardaba.

Hoy es un país que hasta el inicio de las protestas de 2019 era muy atractivo para migrar por su estabilidad política y económica y los venezolanos son los más numerosos, seguidos de peruanos, haitianos, colombianos y ha autorizado el despliegue de sus Fuerzas Armadas para combatir el tráfico de migrantes en ese punto de la frontera.
A pesar de recibir portazos en la cara, el venezolano sigue de brazos abiertos a todo aquel que se le acerca en busca de cobijo.