El día que Pinochet bombardeó Washington

El día que Pinochet bombardeó Washington para asesinar a un líder opositor

La mañana del 21 de setiembre de 1976, hace 45 años, el estallido de un auto en la Avenida Massachusetts, en el corazón del barrio diplomático de Washington, desnudó una verdad impensable, no dicha, ocultada, pero innegable: la dictadura militar chilena, liderada entonces por Augusto Pinochet, había bombardeado la capital de Estados Unidos.

Un reportaje de Infobae reseña que entre las ruinas del auto, volado por una bomba colocada en su interior, quedaban los cuerpos de Orlando Letelier, ex canciller y ministro de Defensa del gobierno del socialista Salvador Allende, derrocado por Pinochet en 1973, el de su ayudante americana, Ronni Moffit y, herido de gravedad, su esposo, Michael Moffit. La autopsia reveló que Letelier había muerto por “desangramiento, amputación traumática de las extremidades inferiores” y “lesiones sufridas en explosión”.

Casi medio siglo de investigaciones y la desclasificación de documentos secretos de la CIA y del Departamento de Estado, entregados a Chile, echaron luz sobre lo que las sospechas habían anticipado y sostenido: Letelier fue asesinado por orden de Pinochet, con el conocimiento, y cierta anuencia, de Estados Unidos y al amparo del llamado “Plan Cóndor”, que las dictaduras de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay diseñaron para asesinar a opositores y que entró en vigencia en noviembre de 1975.

En agosto de 1976, un mes y medio antes del asesinato de Letelier, el entonces secretario de Estado, Henry Kissinger, que con cierto candor había confesado en sus memorias que en 1970 Richard Nixon dispuso de cuarenta millones de dólares “para hacer crujir la economía” del gobierno chileno de Allende, recibió un informe de catorce páginas, clasificado como secreto, titulado “La Tercera Guerra Mundial y Sudamérica”, en el que el entonces subsecretario para América Latina, Harry Schlaudeman, lo ponía al tanto de la “Operación Cóndor”. Un fragmento de ese informe decía: “Está teniendo lugar una amplia cooperación por parte de los servicios de seguridad e inteligencia de seis gobiernos: Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay. Sus respectivas policías secretas mantienen encuentros formales para planear la ‘Operación Cóndor’, que incluye extensos intercambios de información de carácter semejante a los del FBI en torno a sospechosos. Existen planes relativos a una red especial de comunicaciones. Los detalles de este asunto siguen siendo secretos, aunque no el alto grado de colaboración en materia de seguridad”.

¿Quién era Orlando Letelier y por qué Pinochet ordenó asesinarlo? Era una mente brillante del socialismo chileno y un hombre de confianza de Allende. Había nacido en 1932 y, joven, se había afiliado al socialismo, lo que en 1959 le costó su cargo de asesor en el Departamento del Cobre de Chile. Debió marchar a Venezuela con su familia, su mujer y tres hijos, luego llegaría un cuarto, Juan Pablo, hoy economista y senador en Chile. En Venezuela fue consultor del ministerio de Hacienda y luego se incorporó al entonces flamante Banco Interamericano de Desarrollo, donde dirigió la división de préstamos. Fue también consultor de Naciones Unidas responsable de la creación del Banco Asiático de Desarrollo.

En enero de 1971, Allende lo nombró embajador extraordinario y plenipotenciario ante los Estados Unidos. Letelier tuvo a su cargo exponer, y defender, la decisión del gobierno chileno, aprobada por el Congreso, de nacionalizar la gran minería del cobre. En 1973 fue canciller y ministro de Interior y Defensa. En ese cargo último lo sorprendió el violento golpe militar de Pinochet, el 11 de setiembre de 1973. Fue apresado por los militares cuando entraba al ministerio, vecino al Palacio de La Moneda. Fue torturado en cada uno de sus sitios de detención: el Regimiento de Artillería de Tacna, en la Escuela Militar del Libertador Bernardo O’Higgins, en la prisión política de la Isla Dawson, en el Estrecho de Magallanes, en la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea y en el Campamento Ritoque, de Valparaíso. La presión internacional lo salvó de la muerte.

Se exilió con los suyos en Venezuela y luego en Estados Unidos y, para 1975, era un fuerte opositor a Pinochet y a su gobierno. Era investigador del Institute for Policy Studies (IPS) y director del Transnational Institute, además de profesor en la Escuela de Servicios Internacionales de la American University, de Washington. Abogó, con éxito, por el rechazo de préstamos internacionales a Chile por parte de países europeos. El 10 de septiembre de 1976, once días antes de su asesinato, Pinochet firmó un decreto por el que se le retiraba a Letelier su nacionalidad chilena. Respondió: “Se me ha privado de mi dignidad de chileno, pero yo quiero que ustedes sepan que yo soy chileno, nací chileno y moriré chileno. Ellos, los fascistas, nacieron traidores, viven como traidores y serán recordados siempre como fascistas traidores”.

Por el asesinato de Letelier fueron juzgados y condenados, entre otros, Michael Townley, un agente de la CIA vinculado a la DINA de Chile, (Dirección de Inteligencia Nacional) que dirigía el general Manuel Contreras, también procesado junto a su par, el general de brigada Pedro Espinoza. En 2015, los documentos desclasificados por Estados Unidos y cedidos a Chile demostraron la implicación directa de Pinochet y de la DINA en el asesinato de Letelier. Hace unos años, Juan Pablo Letelier reveló que uno de los documentos liberados por Washington menciona “una comunicación entre el secretario de Estado, George Schultz con la presidencia”, (Schultz fue secretario de Estado de Ronald Reagan) que revela la existencia de un documento concluyente de la CIA “con información convincente de que Pinochet ordenó a Manuel Contreras, jefe de la policía secreta del régimen, asesinar a mi padre”.

El informe de Schultz decía, entre otras cosas: “Nunca antes la CIA había elaborado y presentado conclusiones de que existen evidencias tan fuertes sobre su rol (el de Pinochet) de liderazgo en este acto de terrorismo No es claro si podemos o queremos considerar enjuiciar a Pinochet. Sin embargo, este es un ejemplo flagrante del involucramiento directo de un jefe de Estado en un acto de terrorismo de Estado, uno que es particularmente perturbador, tanto porque tuvo lugar en nuestra capital como porque desde entonces su gobierno es generalmente considerado como amistoso”.

El ejecutor del crimen fue el agente de la CIA Michael Townley: armó la bomba casera, la colocó en el auto de Letelier y probablemente haya accionado el control remoto que la hizo estallar. Nació en 1942, el 9 de diciembre cumplirá 79 años, y vive hoy bajo el régimen de testigos protegidos. Vinculado con la CIA desde joven, su padre probablemente fue agente de la Central de Inteligencia americana, llegó a Chile en 1957 porque su padre había sido nombrado director en ese país de la Ford Motor Company. Se casó con una chilena, en 1967 regresó a Estados Unidos, vivió en Miami donde se hizo experto en explosivos de la CIA, en aquella Miami que tramaba asesinar a Fidel Castro y en 1969 regresó a Chile, a órdenes de David Atlee Phillips para impedir la elección, y luego la asunción, de Salvador Allende. Organizó en Chile grupos paramilitares y, según su propia confesión, una campaña de desprestigio del general Carlos Prats, comandante en jefe del Ejército de Chile que renunció el 21 de agosto de 1973 y se exilió con su mujer en Buenos Aires. Prats fue reemplazado por Pinochet. El 30 de septiembre de 1974, el general Prats y su mujer fueron asesinados por la explosión de un coche bomba, cuando entraban en su residencia del barrio de Palermo.

Años después, el 18 de agosto de 1993, frente al periodista chileno Marcelo Araya y para el programa Informe Especial, Townley admitió haber puesto la bomba que mató a Letelier y a Moffit. Dijo que la había colocado con ayuda de exiliados cubanos y por órdenes del general Manuel Contreras, jefe de la DINA.

El 9 de noviembre de 1999, Townley confesó ante la jueza argentina María Servini haber asesinado al matrimonio Prats y dio incluso detalles precisos sobre el explosivo usado en el atentado y hasta el tipo de transmisor de radio elegido para hacer detonar la bomba. Fue enjuiciado en Estados Unidos, junto con otros tres oficiales de la DINA en ausencia, porque Pinochet se negó a extraditarlos. Fue hallado culpable y condenado. Pero a cambio de información vital, alguna se reproduce aquí, fue liberado bajo el programa de protección de testigos. Si vive aún, lo hace bajo otro nombre en algún lugar de Estados Unidos.

Pinochet, que murió en 2006, nunca fue enjuiciado por el asesinato de Letelier. La memoria del ex ministro socialista fue reivindicada en actos públicos. En 2016, la entonces presidente de Chile, Michelle Bachelet, recibió documentos desclasificados del caso y participó en Washington de un acto en el sitio de la muerte de Letelier. Uno de sus hijos Francisco, muralista radicado en California, presentó una de sus obras que incluía algunos de los informes desclasificados sobre el caso. Dijo que pasó su vida intentando cumplir un pedido de su madre el día del asesinato: que el crimen no le enseñase a odiar. “Lo último que quiero es ser una persona que piensa en la venganza. Sin embargo, no hemos deshecho el mito de Henry Kissinger, que todavía se pone como el pedestal de astucia en política exterior. Como chileno y como latinoamericano que se suma a millones de personas en Asia, en Camboya, en Vietnam, pienso que es un criminal que debe ser enjuiciado. Es un mito que merece y debe ser investigado”.

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Infobae