De Interés: quien no te responde ya te contestó

De Interés: quien no te responde ya te contestó (María Elena Araujo Torres)

A propósito del dicho, titular de esta nota, hay mucha tela para cortar. Si existe una situación que provoca malestar, es la desagradable circunstancia cuando te diriges a una persona, sea en presencia, por correo o por alguna de las innumerables redes sociales que hoy abundan, y la respuesta que recibes es que no recibes ninguna.

Y aunque este tema pueda parecer una banalidad, no lo es. Son diversos los escenarios que puedan rodear la incómoda situación. Las parejas que discuten y en situaciones posteriores se dejan de hablar por un periodo de tiempo. O bien, alguno de los dos quiere romper el hielo y el otro hace mutis, como una especie de resistencia para medir fuerzas de quién tiene la razón o no.

Ocurre cuando se solicita empleo, con aquel consabido “espere nuestra llamada”, cuestión que puede ocurrir, pero en la mayoría de los requerimientos no es procedente. Y si al solicitante se le ocurre llamar, probablemente reciba un balde de agua fría de silencio, de ninguna respuesta, de ignorancia total, con todo el irrespeto que eso pueda implicar, pero que al parecer es muy natural para el empleador, usualmente trabajadores comunes y corrientes que en futuras situaciones pueden sufrir escenarios parecidos al buscar empleo.

También están los “diplomáticos”, aquellos que dicen a todo sí, pero nada cumplen pues no les interesa, no tienen ganancias monetarias o de poder que les pueda beneficiar. Estos personajes abundan en la mal llamada política, son seres con mediano o poco poder en determinado sector, que no atienden mensajes o llamadas inconvenientes para sus intereses, y cuando contestan es por mera sociopatía, respondiendo con respuestas cortas y ofensivas como: está bien, si, ajá, okey, etcétera, y hasta los bloquean para no recibir sus solicitudes, sin importarles la situación del emisor pues no les genera beneficio alguno. Estos seres tristemente viven en el presente sin considerar que el futuro puede traerle sinsabores y ubicarlo en desventaja, sin poder, tratando entonces de demostrar humildad y sencillez cuando ya es demasiado tarde, pues ya las personas que le conocen saben de sus andanzas, de su soberbia como modo de vida.

La lista puede ser larga. Están quienes tienen deudas y no contestan las llamadas de quien les dio dinero prestado y apoyo cuando necesitaba. Incluso, se muestran ofendidos porque les cobran. Se transforman en leones y vociferan, pero cuando solicitan los favores, préstamos o fiados, entonces se comportan como corderitos, con mirada humilde, de dolor, para lograr su objetivo. Después no contestan las llamadas y hasta desaparecen si pueden.

Están los narcisistas, megalómanos, esos seres que consideran estar por encima del resto de los humanos. Y no necesariamente son quienes tienen dinero o poder, aunque en estos segmentos abundan. Son personajes que suelen mostrar diversas personalidades. Muchos son aparentemente afables, sencillos, solo para mostrarse ante el mundo, pero a la menor provocación o situación adversa para ellos muestran su verdadera personalidad. En este segmento abundan artistas, faranduleros, politiqueros con mediano o poco poder, nuevos ricos o aquellos de los cuales se dice “que aquel que no tiene y llega a tener loco se quiere volver”, entre otros posibles vecinos, compañeros de estudio, trabajo o conocidos, quienes entran en esa raza que no contesta mensajes ni llamadas a cualquier ser común conocido que trate de ubicarle.

Esta conducta, cuyas principales características rayan en completa descortesía, arrogancia y soberbia, suele ser respuesta de personas con deficiente formación en sus valores y, aunque hayan cursado estudios o tengan altos estándares de conocimiento y talento en determinadas disciplinas, carecen de solidaridad y formación moral. Hieren emocionalmente a otras personas sin la menor muestra de remordimiento. Desconocen el significado de amar al prójimo. Carecen de sabiduría.

María Elena Araujo Torres