De Interés: nuestro peor enemigo (María Elena Araujo Torres)

De Interés: nuestro peor enemigo (María Elena Araujo Torres)

Hace poco leí una frase que capturó mi atención: Y Dios dijo: Ama a tu enemigo, y lo obedecí y me amé a mí mismo. Khalil Gibran. Sobre este importante tema, varios pensadores, filósofos, han ofrecido a lo largo de la historia diversas explicaciones, pero con la misma esencia.

Entiendo entonces que cuando empecemos a razonar que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos, es el momento de partida para reflexionar acerca de nuestra conducta, pensamientos y acciones. Usualmente nos saboteamos sin tener conciencia de ello, creemos que estamos tomando decisiones autónomas, acertadas y que si nos equivocamos podemos resolver con ofrecer disculpas o sencillamente olvidarnos de eventos incómodos porque tendremos nuevos tiempos y el pasado queda en el pasado.

Amarse a sí mismo parece simple, pero no lo es. Dejaremos de ser nuestro peor enemigo cuando empecemos a cuidar nuestros deseos, intenciones, y entendamos que es un proceso minucioso, estar pendiente de los detalles, todos los días, no solamente hacer un recuento cuando nos disponemos a descansar en la noche, sino en el diario vivir, desde que abrimos los ojos en la mañana. Cuáles son los primeros pensamientos que tenemos, ¿acaso son benignos hacia el prójimo o beneficiosos sólo para nosotros mismos, para perpetuar nuestros deseos?

En el transcurrir de cada día, qué hacemos, en qué pensamos con mayor frecuencia, qué comemos. Hasta leer estas preguntas puede tornarse aburrido, pero si realmente tenemos la disposición a dejar de ser nuestro peor enemigo tenemos que hacer continuamente introspección y tomar decisiones para resolver los errores que realmente estamos cometiendo, no los que creemos que cometen los demás.

Dicen los expertos en conducta humana que la esencia es el punto de partida para ser quiénes somos y que de allí se deriva nuestro comportamiento desde que nacemos, obviamente  con todo lo aprendido del entorno que indudablemente influye en la formación de cada personalidad. Y así ocurre desde la niñez hasta la avanzada adultez, lo que implica que hoy no somos quienes fuimos hace unos años atrás, pues mi esencia se afecta con la reacción que tenga y asuma del exterior.

Lo importante es tratar de superarnos y tratar de ser mejor que ayer, para poder aportar bienestar y amor al prójimo, pues no podemos ser bondadosos si somos un volcán a punto de hacer erupción ante cualquier situación que nos desagrade. No podemos servir de ejemplo o aconsejar a otras personas (en caso de que lo soliciten) si nuestra conducta es perturbada o, si se trata de nuestro organismo, lo atiborramos de bebidas, comidas o vicios que dañen cada célula del cuerpo para enfermar en lo inmediato o mediano plazo. Es en ese punto es cuando somos nuestros verdaderos enemigos, es cuando la reflexión se convierte en el punto de partida para empezar a cuidar nuestros pensamientos, acciones,  hábitos, a amarnos para poder amar.

María Elena Araujo Torres