La oposición nicaragüense debate su estrategia para enfrentar a Ortega

La oposición nicaragüense debate su estrategia para enfrentar a Daniel Ortega

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La oposición de Nicaragua debate su estrategia para enfrentar a Daniel Ortega. Foto: Infobae

“Por ahora, en el corto plazo, la ruta electoral no existe. En esto la claridad es total”, sentencia el sociólogo nicaragüense Oscar René Vargas.

En próximo 7 de noviembre los nicaragüenses, según el calendario oficial, deben acudir a las urnas para elegir al nuevo presidente y a los diputados de la Asamblea Nacional. Sin embargo, el panorama electoral es sombrío. Los pocos partidos de oposición que existían fueron ilegalizados, los principales precandidatos opositores fueron detenidos y ni siquiera se conocen las listas de diputados a elegir.

Sin mayores expectativas, se inscribieron seis fuerzas políticas, entre partidos y alianzas, para participar en la contienda electoral. El gobernante Frente Sandinista tiene “la sartén por el mango”. Controla totalmente el tribunal electoral, eliminó la competencia opositora, y solamente participan partidos sobre los que ha mantenido una clara influencia durante los últimos años.

La campaña electoral tampoco ha arrancado. Según la Ley Electoral, la campaña debió comenzar el pasado 21 de agosto, 70 días antes de las votaciones, pero el Consejo Supemo Electoral movió la fecha para el 25 de septiembre, aduciendo razones sanitarias por la pandemia del covid.

La oposición, que llegó a apostar a la vía electoral, en algunos casos, “con las condiciones que existieran” se quedó sin opciones en el corto plazo y luce ausente. Desde mayo pasado hasta la fecha, el gobierno de Daniel Ortega ha ilegalizado a tres partidos opositores: Partido de Restauración Democrática (PRD), que emergía como la posible casilla electoral de la opositora Coalición Nacional; Ciudadanos por la Libertad (CxL), el principal partido opositor y casilla de Alianza Cívica; y el antiguo Partico Conservador (PC).

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En estos últimos tres meses, también han sido encarcelados una treintena de los principales líderes opositores, entre ellos siete que habían manifestado su intención de competir contra Daniel Ortega en las elecciones de noviembre.

“Nosotros vamos a seguir luchando, porque es la gente la que hace oposición, no son casillas, no son líderes siquiera, quienes hacen oposición ¡es la gente unida! y a eso es a lo apostamos en Ciudadanos por la Libertad”, escribió en Twitter la presidente de Ciudadanos por la Libertad, Kitty Monterrey, poco después de salir por puntos ciegos hacia Costa Rica luego que el gobierno ilegalizara a su partido y le quitara a ella la nacionalidad nicaragüense.

Sin opciones electorales, la oposición nicaragüense debate qué hará el día de las votaciones para prepararse en el escenario post electoral. Unos grupos proponen que la población inconforme vaya a las urnas y vote “nulo” como una forma de protesta, y otros, en cambio, recomiendan que la población se quede en casa y deje al Frente Sandinista y sus aliados votando solos. Que la abstención hable de la inconformidad y le quite legitimidad a las elecciones, dicen.

La exguerrillera y líder del movimiento opositor denominado Articulación de Movimientos Sociales (AMS), Mónica Baltodano, considera que parte del problema se deriva de que “la oposición sufre de algunos males heredados de la cultura política: sectarismo, hegemonismo, y hasta el caudillismo. Si no se superan estas debilidades, el camino para sacar a Ortega del poder será más largo y doloroso”.

“Ahorita la oposición tiene dos retos: acabar con la dispersión sin este liderazgo que descabezó Ortega, o sea con un liderazgo de segunda línea, y el otro reto es entender que la lucha ya no es electoral”, dice por su parte el analista político Eliseo Núñez quien asegura que la oposición nicaragüense, aunque lo parezca, no está muerta.

“Hay oposición organizada, pero en segmentos. La lucha ahorita es juntar esos segmentos. Hay varios segmentos que están ahí. Unos sin liderazgos, otros adversándose entre sí. La mayoría quedó con poca capacidad de movilidad por la represión, pero sí hay estructuras que están sembradas, de varios tipos: política, de sociedad civil, e, incluso, gremiales”.

Para Núñez, la última ofensiva de Ortega golpeó fuertemente a la oposición porque la tomó dispersa, con muchas diferencias entre sí. “Lo que hace es descabezar a todos los que podían acabar con esta controversia y esta dispersión. Básicamente, lo que estaba haciendo la oposición antes de que encarcelaran a los líderes, era buscar puntos en común, a última hora y con una probabilidad relativamente baja de éxito, pero aun así representaba un riesgo para Ortega. Él pega el golpe y no da la oportunidad”.

El sociólogo Oscar René Vargas es más pesimista. “El balance, desde el 2018 al 2021, no puede ser más que negativo para la oposición en su conjunto. Su derrota en este período fue un obús contra la lucha social en el plano de los hechos. Y no hay que ocultar la verdad: no hay derrotas políticas buenas”.

Vargas considera que Ortega usó las elecciones para ganar tiempo ante una oposición que apostó a solucionar la crisis por esa vía. “Utilizó el tiempo a su favor sin importarle ceder algunas batallas tácticas, pero creando las condiciones para que el gran capital y los políticos tradicionales permanecieran estancados en su estrategia de la salida al suave por la vía electoral”.

“Además, al aceptar la estrategia electoral como única salida, la oposición ignoraba, en la práctica, el carácter dictatorial del régimen y su estrategia de permanecer en el poder a cualquier precio, sin importarle las consecuencias internacionales. Ortega continuó ganando tiempo, mientras sus opositores se negaron a entender que la estrategia del dictador era el poder o la muerte”, añade.

Con la alternativa electoral cerrada por ahora, la exguerrillera sandinista Mónica Baltodano considera que existe “el imperativo político y moral” de enfrentar a Ortega en otros escenarios. “El peor error que podríamos cometer es sentarnos a esperar que la comunidad internacional nos resuelva el problema que nos toca en primer lugar a los nicaragüenses”, dice.

“Además, la mayoría del pueblo mantiene la indignación y la voluntad de luchar contra la dictadura orteguista. Hace falta construir estrategias compartidas que incorporen nuevas modalidades de resistencia cívica y pacífica que den cauce a esa indignación popular. No podemos dejar que Ortega se atornille en el poder otros cinco años”, añade.

Eliseo Núñez piensa que la oposición organizada nicaragüense debe mostrar una propuesta alternativa a la población. No basta, dice, con prometer el retorno a la democracia, sino en presentar “una propuesta que le ofrezca a la población de Nicaragua que va a vivir mejor una vez que Ortega esté fuera del poder”.

“Todos esos grupos no tienen una propuesta alternativa, sino que los une el resentimiento contra lo que Ortega ha hecho, pero también tiene que construir una alternativa de poder y esos se hace con o sin los hitos electorales”.

Dice que las negociaciones que sostiene la oposición venezolana con el gobierno de Nicolás Maduro, en México, tendrá, si son exitosas, una incidencia entre las fuerzas internas del gobernante partido sandinista. “Van a reclamarle a Ortega que Maduro encontró una salida negociada con un costo relativamente más bajo que los que ellos están pagando. Eso va a generar la necesidad de encontrar un arreglo porque van a ver el ejemplo de Venezuela que logró salir de las sanciones y de la postración económica a través de un diálogo”.

Al pasar a ser una alternativa de poder, considera, la oposición nicaragüense se convierte en interlocutor, cambia la correlación de fuerzas, “y puede provocar que las elecciones sean adelantadas o las siguientes, limpias”.

Para que eso suceda, y es en lo que Eliseo Núñez dice que la oposición está trabajando, se deben cumplir tres requisitos: que los diferentes grupos opositores superen sus diferencias “en base al encuentro de los puntos en común”, que se consolide el liderazgo de “segunda línea” para sustituir al liderazgo secuestrado, y que el ritmo de los que va pasar en Nicaragua lo lleven quienes han quedado adentro. “El exilio puede ayudar, y es lo que está tratando de hacer, pero el exilio es la retaguardia de lo que la oposición puede hacer a lo interno”, señala.

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Infobae