Hasta siempre José Gregorio Gotopo... por Alexis Blanco

Hasta siempre José Gregorio Gotopo… (por Alexis Blanco)

Hasta siempre José Gregorio Gotopo… por Alexis Blanco. Foto: Agencias

JOSÉ GREGORIO GOTOPO…Ni siquiera el ulular del viento de Paraguaná ha querido darse por enterado. Familiares, con la congoja llenándoles el pecho con los médanos de la más cruel congoja, han reportado la muerte de uno de nuestros artistas más importantes.

Un paro respiratorio, muy temprano este terrible sábado, silenció todo ese júbilo creador qué caracterizó su vida. “Él estaba bien, pero esta madrugada se sintió mal y lo llevaron al hospital pero sin nada qué hacer”, contaba Andrea, su sobrina.

Un boceto constante de humildad ilimitada dibujaba esa sonrisa suya, retrato de una tenacidad que lo instó a luchar, durante una década, con sus riñones yermos. Hoy la península falconiana luce oscurecida ante la infausta marcha de su artífice polímata. No fue la peste, ni su riñón malhadado, sino su corazón de medanal lo que hoy lo sorprendió, en Ciudad de México.

José Gregorio Gotopo era poeta, trovador, cuentista de los más lúcidos, músico y pintor con una avidez extraordinaria por desentrañar los secretos de su oficio creador.

Tal vehemencia lo acompañaría, siempre. Desde su ingreso a la escuela de artes plásticas hasta su llegada a la legendaria Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York; desde su primer viaje hasta esa última estación que perfila una vida consagrada a develar su ser artista, Gotopo no hizo otra cosa que prodigar su condición generosa. Alguna vez trajo de Siria un narguile, para contar mientras nos veía fumar, aquellos nuevos caprichos y desastres de “una guerra sin Goya, pero sí con nosotros, los nuevos esperpentos”, decía mezclando humor y sarcasmo. Un maestrazzo.

Gotopo expuso en La Churuata, de Andrés Eloy Chávez, la primera vez que comenzó a necesitar ese infausto transplante de riñón. Quien redacta esta dolorosa herida u óbito escribió la nota para lo que fue, en ese momento, el primer catálogo virtual, un disco compacto donde florecían los intereses plásticos de un artífice cuyas muñecas revelaban una capacidad inaudita para transmitir belleza. Unos bodegones capciosos, unas damas ennoblecidas por sus trazos inconformes.

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El humor era una de sus herramientas de lujo. Armado de ese don resistió los embates de su afección renal crónica. El pasado martes cumplió 57 años y casi todos expresaron su cariño para quien supo dibujar, con textos y trazos, la esencia popular de los personajes de su infancia, en Coro.

Con ese genial sentido del humor superó otros trances duros, descritos por él mismo en sus prosas. Desnudó miserias de muchos vampiros del arte que quisieron quemarlo con sus ácidos del desprecio.

Pero el muchacho grandote estaba muy claro del rumbo que tendría que seguir, así que anuló tendencias manidas y propició revelaciones de sí mismo dentro de sus cuadros.

Él era un ser iluminado con la gracia de la sabiduría popular, la misma que signó su obra entera.

Estupor, perplejidad, asombro, esas mismas claves que hacen grande toda obra de arte, generan ahora toda esta tristeza con esta performance final.

Desde La Puerta, Andrés Chávez, su amigo y benefactor y marchand le llora: “Hace apenas cuatro días le escribí a mi hermano y compadre para felicitarlo por su cumpleaños, me respondió con un sencillo gracias compa. No le presté atención a su corta respuesta porque así era mi hermano: a veces de respuestas cortas, muchas otras de extensas conversaciones. Me despierto con la nefasta noticia de que ha muerto hoy, que duro , triste, cuantas andanzas, anécdotas, exposiciones, familia, cdlm…”.

Su sobrina, Virgie Ruiz, escribió: “Que triste noticia José Gregorio Gotopo hace unos días cumplió años el artista de la familia. Recuerdo siempre esas noches tocando guitarra y cantando con el abuelo boleros. Uno de los mejores recuerdos de mi infancia era verlos cantar. Siento mucho tu partida aunque la vida nos alejo físicamente desde hace mucho tiempo lo llevaba en un pedacito de mi corazón. Descanse en paz tío».

Desconsolado, su sobrino, Keino Faneite, apuntó: “Siete de la mañana. Entra una llamada de mi madre. Tu sabes que un sábado, tan temprano, y tu madre llamando; no es precisamente para darte la bendición.

 Hijo, acaba de morir tu tío José Gregorio Gotopo – me lo lanzó fulminante entre sollozos.

– ¡Coño de la madre no joda¡ – fue mi respuesta, entre enojo, frustración y dolor…El artista de la familia. El pintor. El serenatero. Cuántos recuerdos de mi infancia con él, que quisiera contarles. Ya tendré tiempo para ello, ahora estoy en mi fase de negación, no lo quiero creer, no lo quiero aceptar. Te amo tío, siempre te admire. Gracias por estar siempre allí, cuando mi padre partió tan joven, yo apenas tendría tres años de edad. Tu imagen esta fijada en mi memoria, así como esa sensación de lija en la cara, cuando besabas mis mejillas. Aun siento los retoños de tu barba….

No sé si decir que hoy la familia, el estado y el país han perdido un cultor. Ya tu sobreviviste… Estás en tus obras, en tus relatos. Ya eres inmortal…”.

Otra sobrina, Luisana Calderón, reaccionó, muy herida:

Que tu familia reaccione con tanto dolor habla a las claras de la dimensión humana de José Gregorio Gotopo, quien militaba en las redes sociales con disciplinada lucidez. Hace poco publicó una serie de hermosísimas pinturas suyas, donde las explicaba y develaba técnica y estética de por medio, para culminar cada entrega con una frase plena de rigor y provocación: “La destruí”. Toda una lección de integridad e inconformismo que recordaba a aquel artista músico cuyo riguroso inconformismo sedujo a La Parca en la novela de su tocayo Saramago, Las intermitencias de la muerte.

Ahora esa terrible circunstancia nos entristece. Gotopo fue de los primeros artífices a quienes envié el cuestionario de once preguntas para ese Libro de Artistas, La concitación del placer. Educando la mirada para el arte, que él valoraba más en su intención pedagógica quede promoción de su obra. “En mis tiempos mozos teníamos solo libros de arte traídos desde afuera y entonces uno tuvo que aventurarse y salir de Venezuela a buscar lo que siempre tendremos allá “, escribió con esa modestia de duende inmortal.

“Día de fiesta, acrílico sobre lienzo, 90×112 cm, México 2021”. Ese fue el último cuadro que compartió con todos, el viernes temprano. El rector de la Universidad Rafael Urdaneta escribió unas líneas de pesar: “Nos unimos al duelo por la partida de Gotopo. Luchador incansable por la vida y por el arte.”.

El artista Ricardo Reyes dibujó ese sentimiento agrio: “La buena pintura florece, se canta y se cuenta con el espíritu que apuesta a la vida. La buena pintura se guarda muy adentro para después mostrarla sin que nos pertenezca.
Por eso no importa que la buena pintura sea un génesis demoníaco que insista en perpetuarse, porque la buena pintura termina como semilla que se siembra para endulzar a las aves más bellas.

Adiós José, artista y buen compañero, más adelante avistaré tu vuelo.”.

Gustavo Colina, paisano y colega, rasgó su cuatro entre recuerdos: “Salió al patio a buscar los tintes que el cielo y las hojas tiñen los frescos pozuelos y que utilizará desde ahora en sus nuevos bodegones. Mi más sentido pésame a su familia, a Coro, su Coro por haber perdido un hijo grande…”.

Oración Memoria Silencio…Crecerá su historia de tenaz gestor de emociones. Hasta siempre, Bienamado artista José Gregorio Gotopo…

 

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Alexis Blanco