El diálogo en México: ¿elecciones libres y creíbles? (Nirso Varela)

El diálogo en México: ¿elecciones libres y creíbles? (Nirso Varela)

El día que en Venezuela se convoquen elecciones “libres y creíbles”, los resultados serán impredecibles. Más del 90% de los venezolanos deseamos un cambio de gobierno, del modelo económico y de todos los funcionarios que usurpan los poderes del Estado. En esas probables o imaginarias elecciones, el gobierno no alcanzaría ni siquiera el 20% de los votos. Pero ningún candidato de oposición llegaría a esa cifra, si van divididos, como ocurrió en Bolivia y Perú.
Surge una leve y volátil esperanza para las fuerzas democráticas. El Memorándum de Entendimiento firmado en México el pasado 13 de agosto, reza en sus considerandos, “acordar las condiciones necesarias para que se lleven a cabo los procesos electorales consagrados en la Constitución, con todas las garantías”. Aquí entra en juego el 72 constitucional referido al referéndum revocatorio. Y en el punto 2 de la Agenda: “Garantías electorales para TODOS. Cronograma electoral para elecciones observables”.
Con este primer acuerdo, la oposición puede forzar la convocatoria del referéndum revocatorio presidencial para 2022. Ese punto de la Agenda, aparentemente, abrió esa posibilidad. Ahora, el gobierno sabe lo que hace. A simple vista, nada tiene que temer de un rival que agoniza por sus propias pugnas internas. Lo más probable, es que esté echando el resto para gobernar sin traumas los años que faltan del presente siglo. Y para ello, tiene muchos puntos a su favor.
Su principal punto fuerte, es la extrema división de la oposición, la colección de egos irreconciliables que allí se exhiben, a lo que hay que agregar las siguientes premisas:
1. El gobierno está confiado y seguro. Sabe que hasta el presente ha realizado elecciones fraudulentas, con impunidad, sin pudor y sin consecuencias para su estadía en el poder. Cuenta con el respaldo de potencias como Rusia, China, Turquía e Irán, que avalan el proceso indistintamente de cómo se haya realizado.
2. Convoca elecciones internas donde acuden tres millones de votantes (14% del P/E). Por ello, se sentó en la mesa de negociaciones, sin sentirse amenazado ni acorralado por nadie, y le importa un bledo si el pueblo muere de hambre o emigra. Se sabe cómodo, sin contrincantes internos, sin que las sanciones ni las recompensas por sus cabezas les quiten el sueño. Le sobran aliados dentro de la oposición (alacranes), dentro del empresariado y dentro de las comunidades.
3. No van a ceder ni un ápice en el tema económico, a sabiendas que sus principales rivales internos, andan desesperados tras la búsqueda de un mordisco de la torta electoral. A gobernadores y alcaldes los mantienen bajo amenaza, pero les dejan hacer lo que les venga en ganas, con tal sean firmes y fieles aliados.
4. El bloqueo norteamericano no les afecta en lo particular para nada. Los lujos de los gobernantes y los ostentosos bienes que exhiben los enchufados, son productos importados de manufactura americana, europea, surcoreana y japonés.
5. No existe peligro de intervención militar extranjera, en un país donde los políticos de la oposición se pelean entre sí, y no llegan a acuerdos estratégicos para alcanzar fines comunes. En los cuarteles no hay ningún peligro de rebelión pues los militares están bien controlados por el G2 cubano. Militar de alta jerarquía que no se arrodille, es confinado a una cárcel o dado de baja. Y en el exilio o en las cárceles, están los más decididos contrincantes del gobierno; unos con las manos atadas, salvo en sus deleites, y otros con su propio estiércol desparramado en el piso, para ser fotografiados y enviar un mensaje subliminal a los alzados.
6. Una explosión social es más que imposible. Los colectivos y las fuerzas represivas, están preparados para apagar cualquier conato de protesta. Las colas para surtir gasolina y los diarios apagones eléctricos en la gran Caracas, así lo demuestran. Los colectivos tienen bajo control toda sublevación que signifique inestabilidad social. Ya demostraron su eficacia en las sangrientas protestas de 2017 y en los conatos de rebelión popular en 2019.
Así las cosas, las expectativas creadas con el dialogo en México, podrían resultar una piedra lanzada a la luna, aun celebrándose elecciones libres y creíbles. Salvo que en un arrebato de conciencia, la oposición decidiera unirse para luchar en todos los terrenos con una sola voz. Entonces, las premisas anteriores rodarían por el suelo y el gobierno tambaleante, se vería forzado a negociar.
En México hay esperanzas de acceder a acuerdos favorables para ambas partes, cediendo ciertos estatus a cambio de elecciones libres y creíbles que incluyan el revocatorio presidencial. Y habrá que aceptar algunas demandas pese a los ladridos del vecindario, porque el gobierno no cederá a cambio de nada. Y menos como pretenden los duros, que el gobierno se reúna con la oposición solo para pedir un salvoconducto y salir del poder con las manos esposadas. El gobierno podrá ganar reconocimiento internacional, pero nunca quitarse las manchas que lo definen como una de las dictaduras más crueles del mundo. Las cifras del indetenible deterioro de la sociedad venezolana son aterradoras, y la narrativa del bloqueo económico, es insostenible, dada la pujanza económica de los círculos gobernantes a la vista de todos. Y todavía falta el juicio de la CPI.
De ir a elecciones libres y creíbles, el gobierno jugará a seguir dividiendo la oposición para evitar la convocatoria a referéndum. Si fracasa, tratará de ganar la consulta con el “NO” con muchísimo dinero para alacranes, divisionistas y toda suerte de apátridas tarifados. Y si aún no logra su objetivo y el que hoy funge de presidente resulta revocado, irá unido a elecciones con todos los hierros, sin fisuras, con su mejor gallo, contra una oposición llena de egos desenfrenados.
La oposición divisionista y los ilustres líderes aristócratas que hoy desprecian el dialogo en México, tampoco han aceptado reunirse en Venezuela con la Plataforma Unitaria, para limar asperezas y buscar un objetivo común, cual es, el cese de la usurpación. Ese es el principal punto fuerte del gobierno, y el punto más débil de la oposición.
Hay que repetirlo mil veces: 90% de la población desea un cambio de gobierno, y el oficialismo, con todo y todo, no llega al 20% de votos. Unida la oposición, podríamos comenzar a escribir una nueva página en la Historia de Venezuela. De lo contrario, los divisionistas llevarán de por vida un sello indeleble en la frente, que al final de sus días, no lo borrará ni el más sublime de los epitafios.
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