¿ Por qué Elver Díaz y no Dangond heredan la magia de Diomedes ?

¿ Por qué Elver Díaz y no Dangond hereda la magia de Diomedes ?

 

Silvestre Dangond es el cantante de vallenatos colombiano mas exitoso. Su nivel está por encima de muchos. Los cantantes de este género, debido a la pandemia, han decantado. Unos han podido mantenerse de sus ahorros, sus negocios – ganadería por ejemplo – otros han sucumbido sin poder reinventarse. Con las redes sociales se han impuesto nuevos medios para llegar a los segudores, uno de ellos es el Concierto Virtual mediante el streming. Ivan Villazón se metió un exitazo, luego, Dangod montó su tarima dejando a Valledupar con la boca abierta.

Pero, Silvestre Dangond es Silvestre, es Dangond. Su voz, su estilo, la figuación de su espectácula es propia. Se sabe que Dangond es ahijado de El Jilguero,  Jorge Oñate, tristemente fallecido, también estuvo en tarima con Diomedes Díaz  a quien trató con el mayor respeto. Ese Diomedes con dolencias y padecimientos, tal vez disminuído fue quien estuvo en tarima con Dangond. 

Con El Cacique sucedió que después de muerto creció en seguidores, en ventas, en aplausos. 

Silvestre Dangond pueden criticarlo, pero, cuando suena el acordeón y el urumiteño abre la boca pues todo el mundo a bailar.

Elver Díaz es otra cosa. No tiene la crianza de Silvestre, pero, lleva la sangre de El Cacique. Su chispa, ese calor del Valle, esa guasa guajira, la risa pícara, el doble sentido, las ocurrencias, las composiciones, sin obligarlo, tienen la magia de su hermano Diomedes Díaz.

Poco a poco, Elver Díaz ha ido comprendiendo ese llamado. El mas grande de los hijos de Diomedes, Martín Elías dejo un espacio que los hermanos no han podido llenar. Rafael es buen profesional, canta bien, pero, los años pegan, estar fuera de las redes sociales, tener un solo tema «Ese muchacho que yo quiero tanto» se ha vuelto un fuerte viento en su contra.

Las oportunidades son de Elver Días quien no las desaprovecha. Ha descubierto que no tiene que imitar a su hermano El Cacique, al habkar, al cantar, al hacerle bromas al público, el espíritu de Diomedes baja erizando la piel de los presentes. 

TC