Padres en Venezuela, hijos migrantes: “Es tener el corazón en otro lugar”

Padres en Venezuela, hijos migrantes: “Es tener el corazón en otro lugar”

hijos migrantes

Padre con hijos migrantes. Foto: José López

Tener hijos migrantes pesa en el corazón de cada familia. Según ACNUR son 5.4 millones de venezolanos que conforman la diáspora; la mayoría de ellos jóvenes que se lanzaron a la búsqueda de una mejor calidad de vida para los suyos y para sí mismos. ¿Cuántos de ellos pasarán el Día de los Padres lejos de casa?

Hogares que han quedado fragmentados, invadidos por la ausencia. Habitaciones vacías, en algunos casos proyectos detenidos. Padres palpando la soledad, añorando el bullicio de los domingos. Ahora el contacto es una llamada, un chat, desde todos esos lugares a donde han llegado los connacionales, escapando de la crisis y la falta de oportunidades.

“Duele más de lo que creen”

Foto: Cortesía Familia Romero Ávila

 

Hace cuatro años que Euler Romero vivió en carne propia la despedida de su hija mayor. Argentina fue el destino inicial, luego seguiría para los Estados Unidos.

Para este ingeniero civil, hoy día jubilado, fue duro verla marchar. “Es un dolor que no tiene definición”, señala.

Hace apenas 10 días volvió a tener esa sensación, mezcla de tristeza, miedo, resignación: su hijo menor, recién graduado universitario, también decidió salir del país. 

“El problema no es que se hayan ido y tener que vivir la ausencia, el mayor temor es no saber si voy a verlos nuevamente”, señala sobre sus hijos migrantes, para luego describir que el colapso del sistema de salud en Venezuela le hace pensar que no hay certezas para nadie.

Euler confiesa que funda sus temores en el hecho de que familiares y allegados han fallecido de manera repentina en el último año, sin tiempo a despedidas, a una última mirada de sus seres queridos. “Morirse sin ver a los hijos debe ser muy duro”, añade.

Para mantenerse en contacto con sus hijos está el Whatsapp, Signal, Telegram, las redes sociales. La pantalla de los dispositivos se ha convertido en una extensión de quienes tienen hijos, padres, parejas, en otras latitudes.

Le pregunto qué es lo que más extraña de sus muchachos y suspira. “Extraño todo, las peleas, las rutinas, las películas que veíamos juntos, los video juegos… es entrar a sus cuartos y corroborar que no están allí”.

Para Euler el amor que se tiene por los hijos no se compara con nada. “Es una forma de llenar el corazón muy distinta”. Al momento de describir la sensación de saberlos lejos afirma que es «estar aquí, pero con el corazón en otro lado». 

Destaca que la certeza de que se encuentran bien fuera de Venezuela es fuente de alegría para él y su esposa. “Están mejor y más seguros donde se encuentran… aquí es imposible vivir”. Entre tanto, anida la esperanza en un próximo reencuentro con sus dos muchachos.

«Los hijos son esenciales en la vida de uno»

Hijos Padres

Foto: F. Reyes / Noticia al Día

Manuel Gómez tiene 70 años. Sus tres hijos decidieron echar raíces fuera de Venezuela. Todos profesionales, destacados, activos en el mercado laboral, vieron mermar sus ingresos. Decidieron emigrar y explorar mejores opciones.

Desde hace 5 años, Manuel y su esposa mantienen comunicación regular con sus hijos migrantes y el cariño cotidiano lo dedican a Rocky, un perrito querendón y consentido que lo acompaña todas las tardes en sus caminatas.

Entiende las razones que los llevaron a emigrar. “Ellos lo decidieron y yo les apoyé para que buscaran un mejor futuro”, afirma.

En todo este tiempo la familia se ha reunido en dos oportunidades, durante la Navidad. La pandemia ha impedido programar un reencuentro.

Foto: José López

“Estar separados ha sido muy difícil, los hijos hacen falta, son esenciales en la vida de uno, pero nos toca adaptarnos a lo que estamos viviendo en Venezuela”, asegura quien mantiene el buen ánimo y el optimismo como consignas.

“Todavía tenemos las esperanzas de que Venezuela vuelva a ser la que era antes. No hay mal que dure 100 años, ya son ‘veintipico’ de años en esto… espero que volvamos a ser como lo que llaman ahora la cuarta república, que era 100 mil veces mejor a lo que estamos viviendo ahora”, señala enfáticamente.

Relata que con lo que ganaba en su trabajo levantó a sus tres hijos, les dio estudios universitarios, vivía con comodidades. Eso no lo puede decir cualquier profesional aquí hoy en día. “Ahora no, ya no se puede… pero pa’lante”.

Foto: José López

Dejar Venezuela no es una opción. “No nos hemos planteado migrar, ya yo pasé la edad en la que lo podía hacer. Quizás una temporada, pero no para quedarme. Yo quiero a mi país”, afirma con vehemencia.

Manuel pide salud para sus hijos, para él y su esposa. “Para todos los venezolanos que nos quedamos aquí, resistiendo lo que estamos viviendo”.

«Fue duro verlos migrar»

Foto: Cortesía Familia Fuenmayor

Disfrutó a su primera nieta apenas 9 meses. Su hijo Carlos Javier decidió en 2017 que ya había agotado las alternativas en Venezuela y decidió migrar a Colombia con su esposa y su pequeña hija.

En Maracaibo quedaron Emiro Fuenmayor, su esposa Alba y su hijo menor, Roberto Carlos. Cuando el mayor de sus hijos le informó que dejaría el país, lo apoyó y le dio su bendición, aunque sentía estar desprendiéndose de una parte de sí mismo.

“Fue muy duro verlos irse, nos pegó duro. Era mi primer nieto y, además sabíamos, que iba a pasar un buen tiempo para que nos reencontráramos”, relata.

“Hace un año tuvo una niña, mi segunda nieta, a quien conocemos por fotografías”, señala con la tristeza reflejada en la mirada.

 

Padre

Foto: Cortesía Familia Fuenmayor

 

En el vecino país, Carlos logró estabilizarse. Eso brinda tranquilidad a sus padres. “Ya nos hemos ido acostumbrando. Sabemos que fue por su bien, debía irse. Mientras se establecían la comunicación era escasa, ahora podemos hablar con ellos a diario”.

En este transcurso, refiere que lo más difícil fue la muerte de su mamá, y que su nieto, no estuviera aquí para darle el último adiós. “Me hizo falta tenerlo junto a mí para sobrellevar ese trance”.

Entre tanto, esperan que el cese de la pandemia abra a futuro la oportunidad para ir a visitarlos. Abrazar a su hijo y nietos es lo que más anhela Emiro.

Por lo pronto, el mejor regalo que le pide a Dios es que todos permanezcan sanos, que ese virus no llegue hasta sus seres queridos.

 

 

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F. Reyes

Noticia al Día