Falta de Apetito: ¿Por qué sucede y cómo lidiar con ella?

Falta de Apetito: ¿Por qué sucede y cómo lidiar con ella?

Si alguien no siente hambre, ¿cuál podría ser la causa de esta falta de apetito? Depende de cuánto tiempo lleva presente el trastorno ¡Pero no te asustes! Hay que tener en cuenta que prácticamente todo el mundo ha pasado por una etapa de falta de apetito en algún momento de la vida.

Tomando en cuenta lo anterior, cualquier persona puede experimentar la pérdida de apetito, por muchas razones diferentes, es posible tener menos ganas de comer, perder interés en la comida o sentir náusea ante la idea de comer.
Por ende existen diversos factores que pueden alterar el apetito, incluidos los medicamentos, las emociones y los problemas de salud. La comida es el combustible que nos proporciona la energía, y de ahí la absoluta necesidad de mantenerse bien nutrido. Pero por norma general, estas son las principales causas de la falta de apetito:

Estrés no crónico:

Un problema que genere una respuesta del cuerpo, como si estuviera en peligro, puede ser una de las causas principales de la falta de apetito, sobre todo en personas un tanto nerviosas. A raíz de ello, se liberan determinadas sustancias químicas, incluida la adrenalina, que hace que el corazón lata más rápido, mientras que la digestión se ralentiza.

Medicamentos:

Algunas medicinas pueden tener como efecto secundario la falta de apetito. Si has empezado a tomar un fármaco nuevo y dejas de tener hambre, conviene que lo hables con el médico que lo prescribió para determinar si puede ser la causa. Quizás, sea conveniente buscar una alternativa.

Una gripe o un enfriamiento:

Cuando te encuentras mal, el sistema inmunológico se pone en marcha y comienza a trabajar extra para ayudarte a sentirte mejor. Se liberan sustancias químicas llamadas citoquinas, que pueden dejarte cansado y sin ganas de comer.

Problemas endocrinos (hipotiroidismo):

La tiroides es quien libera las hormonas para que la comida (o sea, nuestro combustible) se convierta en energía. Cuando no se liberan suficientes hormonas, el metabolismo se ralentiza, se usa menos energía y la necesidad o el deseo de comer pueden disminuir.

El envejecimiento:

Sí, la falta de apetito es otra consecuencia de envejecer. Con la edad, la digestión se ralentiza de forma natural. La movilidad suele disminuir, por lo que se usa menos energía y el deseo de comer se minimiza o desaparece.
Algunas enfermedades o trastornos:

Diversos problemas de salud, como la diabetes e incluso el cáncer, pueden disminuir el apetito.
Anemia:
La anemia es un trastorno en el cual el cuerpo no produce los suficientes glóbulos rojos sanos. Esto puede provocar cansancio y debilidad, así como pocas ganas de comer.

Problemas estomacales

Fundamentalmente los inflamatorios, como la colitis o el síndrome de intestino irritable, son también posibles causas de la falta de apetito.

Depresión o ansiedad:

Si pasas por un estado depresivo o de ansiedad se pueden desencadenar hormonas que disminuyen la digestión, tal y como sucede en épocas de estrés.

Trastornos alimentarios:

Trastornos como la anorexia y la bulimia se manifiestan con una relación anormal con la comida. La obsesión por controlar el peso mediante la ingesta de alimentos puede derivar también en una falta de apetito.

Pérdida de apetito sin causa aparente

Cuando no hay razones –emocionales, físicas– para la pérdida del apetito, hay otras consideraciones que tener en cuenta. Cada cuerpo es diferente, y las creencias en torno a los alimentos son diferentes. Esto puede afectar incluso a la hora del día en que comes.

Maneras para solucionar la pérdida de apetito

Para tratar la pérdida de apetito hay que tener en cuenta las causas específicas que se dan en cada persona. Cuando se trate de un problema de gravedad, una enfermedad o un trastorno, es conveniente acudir a un especialista. No obstante, cuando se deba a cuestiones menos serias, existen consejos, hábitos y recomendaciones que pueden ayudarte a solucionar la pérdida de apetito. A continuación, algunas maneras de cómo lidiar con la pérdida de apetito:

Establece unos horarios

Para poder ayudarte a aumentar el número de ingestas al día, puedes establecerte una rutina y marcar unas horas exactas para comer. Como, por ejemplo, cada 4 o 5 horas. Si creas este hábito, tu cuerpo se acostumbrará con facilidad y sabrá cuando se acerca de nuevo el momento de comer. Intenta no excederte en las cantidades para que puedas ser constante a lo largo de todo el día.

Elige alimentos nutritivos fáciles de digerir

Si tienes tendencia a pasar muchas horas sin comer porque no sientes apetito o cuando lo haces ingieres poca cantidad, intenta incluir en tu dieta aquellos alimentos que tengan un alto valor nutritivo. Por ejemplo, ricos en ácidos grasos, proteínas y vitaminas del grupo B. De este modo, te asegurarás de que tu cuerpo obtiene todo lo necesario para funcionar correctamente.

Practica algún deporte

Si aumentamos la actividad física o el gasto calórico durante el día, estimularemos el apetito en nuestro cuerpo de una forma natural. El aumento del consumo de energía o el propio desgaste harán que aquel te pida que recargues las pilas. Aquí es conveniente encontrar un equilibrio entre el nivel de ejercicio y la cantidad de alimentos que se logran ingerir, para evitar la pérdida de peso.

Ejercicios Mindfulness

Los ejercicios de mindfulness pueden ayudarte a volver a tierra y a reforzar la importancia de comer para alimentar el cuerpo. Sin embargo, es importante diferenciar si alguien no come por un trastorno alimentario no diagnosticado o un problema psicológico, ya que cada caso requerirá la terapia, el entrenamiento o el apoyo adecuados.

Cuándo ir al médico

Si la falta de hambre no tiene, a tus ojos, una causa aparente, lo ideal es que hables con tu médico. No comer durante un día o dos es normal si tienes una enfermedad leve o estás pasando por un momento estresante.

Pero no comer (una dieta saludable, ya sabes) no es sostenible a corto plazo y, si no buscas consejo médico, existe la posibilidad de dejar algún posible problema sin diagnosticar, lo que podría ser perjudicial para la salud, a corto y largo plazo; o sea, que mejor que te hagas un chequeo con tu médico de familia.

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María Rengel/Pasante

Noticia al Día