Papa Francisco, en el centro de guerra ideológica que sacude a la Iglesia

El papa Francisco, en el centro de la guerra ideológica que sacude a la Iglesia Católica

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El papa Francisco, en el centro de la guerra ideológica que sacude a la Iglesia Católica. Foto: Agencia

“Toda la Iglesia está en crisis”. Esa fuerte frase la pronunció el papa Francisco semanas atrás para advertir que la Iglesia no puede seguir adelante sin asumir parte de la responsabilidad ante las denuncias de abusos sexuales a menores de edad por parte de sus representantes. Sin embargo, esa no es la única tormenta que el Sumo Pontífice viene enfrentando.

Cada vez es más profunda la guerra ideológica que enfrenta a las dos iglesias más ricas: la de Alemania y la de Estados Unidos. En el medio de esa tensión se encuentra el Vaticano que, a su vez, busca influir en el debate parlamentario italiano sobre la transfobia.

Durante el mes de mayo, la iglesia católica alemana celebró matrimonios de parejas del mismo sexo en 110 iglesias comunales, un gesto de rebelión contra la Santa Sede, mientras se desarrolla desde hace dos años el Camino Sinodal que está estudiando tanto el sacerdocio femenino como el celibato y una revisión de la moral sexual católica y sobre la vida cristiana en pareja, lo que representa un choque abierto con los dogmas recientemente reafirmados por el papa Francisco.

Esa postura más progresista también incluyó una fuerte autocrítica por los casos de abusos. El pasado 4 de junio el cardenal alemán Reinhard Marx, actualmente arzobispo de Múnich, presentó ante el Papa su renuncia al frente de la arquidiócesis por “corresponsabilidad” en la “catástrofe de los abusos”. Iniciativa que provocó un fuerte cimbronazo en el seno del Iglesia Católica. Francisco, no obstante, no aceptó la dimisión del cardenal, uno de los prelados más influyentes de Alemania y estrecho colaborador del Papa al pertenecer a la comisión cardenalicia que le asesora.

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En 2019, durante una reunión inédita de presidentes de conferencias episcopales en el Vaticano, dedicada a los escándalos de abusos sexuales contra menores cometidos dentro del clero, Marx ya había dejado clara su postura al reclamar más transparencia en esta cuestión. Un año antes había pedido disculpas en nombre de la iglesia germana tras la publicación de un informe elaborado por profesores universitarios que revelaba que más de 3.600 menores fueron víctimas de abusos sexuales durante décadas.

Ese escándalo fue uno de los motivos que llevó a la Iglesia alemana a iniciar en 2019, con la oposición del Vaticano, el camino sinodal. En ese entonces, el Papa advirtió que no se debían tomar iniciativas individuales sobre ese tipo de cuestiones. El sínodo en Alemania no es un caso único. Otros están en fase preparatoria en Australia, Irlanda, Italia e incluso uno a nivel continental: la “asamblea eclesial” convocada por el Consejo Episcopal Latino Americano (CELAM).

Pese a su cercanía al Sumo Pontífice, esos desencuentros llevaron a Marx, de 67 años, ha dejar entrever que las reformas impulsadas por Francisco necesitan mayor celeridad, además de considerarlas insuficientes.

El obispo Georg Bätzing de Limburgo, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, dijo que le aseguró personalmente al Papa, durante una reunión privada en el Vaticano el pasado 24 de junio, que la Iglesia Católica en Alemania no quiere “seguir su propio camino”.

“Nuestra conversación se centró en primer lugar en la situación de la Iglesia en Alemania a la luz de la tramitación de los casos de abusos sexuales y la difícil situación en varias diócesis (…) El Papa Francisco es muy consciente de la situación de la Iglesia en Alemania. Espera que se puedan superar las tensiones”, indicó el obispo en un comunicado emitido posteriormente al encuentro.

Bätzing también sostuvo que informó a Francisco “en detalle” el estado del Camino Sinodal de la Iglesia alemana y le “dejó claro que los rumores de que la Iglesia en Alemania quiere ir por su cuenta no son ciertos”: “El Papa Francisco nos animó a seguir el camino sinodal, a discutir las cuestiones que se plantean de forma abierta y honesta, y a llegar a recomendaciones para un cambio en la actuación de la Iglesia”.

“La posición del Vaticano hacia el proceso del camino sinodal que se abrió en Alemania fue casi una provocación (…) Se hicieron peticiones, puntualizaciones… También una carta del Papa en la que no dejaba tocar ciertos argumentos. Pero quien conozca a la iglesia alemana, tan rica en saber teológico, no podía tener dudas de que aquello iba a producir el efecto contrario. La dimisión de Marx fue un acto gravísimo porque ponía en evidencia la falta de aceptación del problema del resto de la jerarquía católica”, consideró el historiador de la Iglesia, Alberto Melloni, en diálogo con El País.

En un artículo publicado en National Catholic Reporter, Cindy Wooden sostuvo que “la expectativa de los católicos liberales, y el temor de los conservadores, era que este modelo iniciara una especie de descentralización de la doctrina, en la que las reglas de la iglesia variaran dramáticamente a través de las fronteras nacionales y las líneas diocesanas”.

Del otro lado del hemisferio ideológico, el más conservador, se encuentra la Iglesia norteamericana, en la que gran parte de su jerarquía se ha resistido contra el pontificado de Francisco. Pese a que el presidente Joe Biden es el segundo mandatario católico después de John F. Kennedy (1961-1963), y hasta lleva adelante una práctica religiosa activa, la Iglesia de Estados Unidos, muy dividida, impulsó una ofensiva para privar de la comunión a los líderes políticos que apoyan el aborto, entre ellos el mismo Biden.

El 18 de junio la Conferencia Episcopal votó por amplia mayoría (168 votos a favor y 55 en contra) una propuesta en esa dirección, liderada por los sectores más conservadores. La iniciativa provocó un tenso debate dentro de la Iglesia. El papa Francisco tuvo que intervenir para advertir en una carta a los obispos que el tema genera “discordia en lugar de unidad”.

Sumado a su postura sobre el aborto, Biden tampoco se ha opuesto al matrimonio igualitario, y hasta nombró a la doctora Rachel Levine como subsecretaria de Salud, convirtiéndose en la primera mujer transgénero en ser confirmada para un puesto en el gobierno por el Senado de Estados Unidos. Medidas resistidas por el ala más conservadora de la Iglesia que, en cambio, sí se identificó más con las políticas del ex presidente Donald Trump.

El sector más progresista, por su parte, cuestionó la votación del episcopado. Uno de los que más alzó la voz fue James Martin, sacerdote jesuita y uno de los más conocidos de los Estados Unidos por su defensa de los católicos homosexuales, quien aseguró que los más conservadores “están a favor de la vida en un aspecto pero no en el otro”, al recordar que en su momento no se opusieron a que el fiscal general William Barr “recibiese la comunión después de firmar varias ejecuciones federales”.

Días atrás, el 21 de junio pasado, el Papa le envió una carta manuscrita a Martin, con motivo de la conferencia de la pastoral católica “Proyección del ministerio para los católicos LGBTQ” que se celebró el sábado 26. “Nuestro Padre del Cielo se acerca con amor a cada uno de sus hijos, a todos y a cada uno de ellos. Su corazón está abierto para todos y para cada uno”, escribió Francisco en la misiva, que representó un nuevo acercamiento a la comunidad LGBTQ.

Cristina González, catedrática emérita de la Universidad de California, opinó en su reciente artículo publicado en The Huffington Post que la iniciativa de negarle la comunión a los líderes políticos que apoyan la legalización del aborto “también es un ataque al Papa Francisco”, que refleja las tensiones existentes dentro de la Iglesia Católica, “muy dividida entre reaccionarios y reformistas”.

“El Papa Francisco, más reformista que reaccionario, está en el ojo del huracán. Su buena sintonía con Biden y las enormes tensiones que hay en estos momentos en Estados Unidos entre republicanos y demócratas, han desembocado en este ataque, con el que los obispos americanos ultraconservadores, muchos de los cuales simpatizan con Trump, intentan debilitar tanto a Biden como al Papa y matar así dos pájaros de un tiro”, apuntó.

Advirtió, asimismo, que las tensiones han llegado a tal punto que ya en algunos países, como el csao de Alemania, se habla de la posibilidad de que se produzca un cisma. “No creo que eso ocurra en Alemania este año. Creo que las diferencias católicas actuales, como tantos otros estancamientos en el mundo occidental, esperan algún giro más de la rueda de la historia antes de que se produzca una ruptura o crisis decisiva”, reflexionó al respecto Cindy Wooden.

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