Cecilio Acosta, el sabio y humanista que murió en la extrema pobreza

Cecilio Acosta, el sabio y humanista que murió en la extrema pobreza

Cecilio Acosta

Cecilio Acosta. Ilustración: Oriana Reyes

La importante calle 67 de Maracaibo le hace honor al llevar su nombre

«La grande escuela, la liberal, la mía, es la que respeta la conciencia como un santuario, la ley como una institución, la libertad como un derecho, la inteligencia como una guía y la virtud como un título de merecimientos para ser considerada, y un diploma que habilita para desempeñar con rectitud los puestos del Estado”, estas fueron las palabras que plasmaban la ideología de Cecilio Acosta, cuya determinación, sensibilidad e ingenio demostraban la virtud social que proyectaba este ser humano.

Sin duda alguna, fue de las figuras mas intelectuales que ha presenciado la literatura, filosofía, docencia, periodismo y política en la historia de Venezuela, siendo esta última su profesión más minuciosa, pero que proyectaba su conocimiento sobre la realidad ideal que quería establecida en el futuro del país, construida por un humanismo y liberalismo que estalle los dotes naturales de las personas.

Antes de una vida profesional, llena de cargos y responsabilidades, Cecilio Acosta nació el 1 de febrero de 1818 en San Diego de los Altos. Fue criado en una familia muy humilde, pero con una niñez tranquilidad hasta su adultez. Tras dedicarse a estudios eclesiásticos desde los 13 años, los deja a un lado en 1840 para involucrase a fondo a los estudios universitarios con 22 años. Por este motivo, abarcó las carreras de derecho y filosofía en la Universidad Central de Venezuela.

En medio de una distopia política entre conservadores y liberales, y un cuestionamiento de Cecilio Acosta en donde explica que “el divorcio entre el sistema educativo y el productivo es una de las enfermedades más graves de Venezuela y figura entre las causas principales de la pobreza de su gente”, el comenzó su carrera de periodista en 1846 al escribir para los periódicos conocidos de la época como La Época, El Centinela de la Patria y El Federal.

Mediante estos diarios, escribía sus artículos polémicos por estar basados en reflexiones de la situación que atravesaba Venezuela para entonces, siendo algunos tan controvertidos que eran publicados con los seudónimos de Tullius o de Niemand.

Tras ocho años padeciendo una significativa decadencia económica, Cecilio Acosta logró obtener su titulo de abogado en 1848, marcando el inicio de su carrera como educador. Sin embargo, ya había recibido su licenciatura en Filosofía en 1842. A pesar de su perseverancia y firmeza admirable de obtener educación profesional, su escasez de recursos económicos fue tan presente que incluso la universidad decidió exonerar el pago de los derechos para graduarse de sus respectivas carreras.

En el mismo año, fue nombrado secretario de la Facultad de Humanidades de la Universidad Central de Venezuela, en la cual fue profesor de las clases de Legislación Universal, Civil y Criminal y de Economía Política en 1853.

Desde el inicio de sus profesiones, Cecilio Acosta se dedicó a difundir las ideas que defendió hasta su muerte, fundamentadas en su fidelidad a conseguir la paz. Libertad para el pensamiento, fomento para la industria, libertad para el trabajo, garantías para la propiedad, responsabilidad para la justicia y educación para el pueblo eran sus bases como intelectual para el progreso de la civilización.

Con una visión bien firme, planteó criticas a la Venezuela del siglo XIX por gobierno de José Antonio Páez, el General Antonio Blanco y las guerras federales encabezadas por el General Ezequiel Zamora y el. Según él, no contaba con los elementos y posiciones sociales, económicas ni educativas para una evolución científica ni tecnológica, la cual solo podría alcanzada mediante la enseñanza e instrucción ilimitada, cubierta de valores y supervisión constante e integral.

Como escritor, su trabajo mas recordado y respetado fue Cosas sabidas y cosas por saberse, publicado en 1856, el cual incluía uno de sus ensayos mas importantes sobre la educación. Como dato curioso, lo redactó en forma de carta como si fuera destinada a un compañero. En esta obra, formuló todos sus ideales a la realidad venezolana.

Años mas tarde, tras dejar una huella por su influencia en sus alumnos y gozar del respeto por apoyar positivamente a una nueva generación de intelectuales, fue escogido como miembro de la Real Academia Española de la Lengua en 1869. Asimismo, su alto nivel como redactor lo dirigió a la misión de escribir el Código Penal de Venezuela.

Al momento de su muerte el 8 de julio de 1881, Cecilio Acosta falleció en la indigencia total, hasta el punto de solicitar ayuda financiera a sus amistades para pagar los gastos de su propio entierro. Sin embargo, es recordado por su enorme riqueza de conocimiento y ética.

“Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único homenaje grato a las grandes naturalezas y digno de ellas. Trabajó en hacer hombres: se le dará gozo con serlo. ¡Qué desconsuelo ver morir, en lo más recio de la faena, a tan gran trabajador!” José Martí, gran amigo de Cecilio Acosta y de los mayores intelectuales políticos hispanoamericanos del siglo XIX.

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Javier Villalobos/Pasante