Ni donde caernos muertos (Javier Sánchez)

Ni donde caernos muertos (Javier Sánchez)

Analizando en frío en estos tiempos de pandemia y cuarentena en el país, específicamente en el Zulia, no solo escasea el efectivo ni hay posibilidades de trasladarse en transporte público, sino que tampoco hay agua, poca electricidad ni servicio de gas, gasolina, unido a esto ni siquiera hay espacio en los hospitales para lanzar el último suspiro.

Suena duro, pero la realidad es que en Venezuela llegamos al llegadero porque
sin comida, ni agua, ni luz, ni medicinas, ni combustible vivimos en el país perfecto para la propagación del virus.

La situación sanitaria con escasez de camas incluyendo espacios en la UCI , medicinas con alto costo, oxígeno y demás equipos para tratar a los pacientes contagiados es una de l…
[11:50 a. m., 28/5/2021] Javier Sánchez Digitel: Ni donde caernos muertos

Javier Sánchez

Analizando en frío en estos tiempos de pandemia y cuarentena en el país, específicamente en el Zulia, no solo escasea el efectivo ni hay posibilidades de trasladarse en transporte público, sino que tampoco hay agua, poca electricidad ni servicio de gas, gasolina, unido a esto ni siquiera hay espacio en los hospitales para lanzar el último suspiro.

Suena duro, pero la realidad es que en Venezuela llegamos al llegadero porque
sin comida, ni agua, ni luz, ni medicinas, ni combustible vivimos en el país perfecto para la propagación del virus.

La situación sanitaria con escasez de camas incluyendo espacios en la UCI , medicinas con alto costo, oxígeno y demás equipos para tratar a los pacientes contagiados es una de las peores de Latinoamérica. Sufre un deterioro paulatino de su capacidad unido a la falta de acceso a bienes básicos como el agua o la energía eléctrica que son necesarios para garantizar una higiene mínima, la malnutrición y en general el empobrecimiento de un país que ha perdido el 70% de su PIB en siete años.

Ni «medianamente» se ha solucionado el problema de atención a estos centros hospitalarios como diría el recién nombrado rector del Consejo Nacional Electoral Enrique Márquez, al referirse al proceso de elecciones electorales que apoya donde aspira y espera que el mismo sea medianamente transparente.

Desde el Hospital Universitario de Maracaibo, donde no hay espacio para atender la cantidad de contagiados de COVID que diariamente son detectados, se ha denunciado en reiteradas oportunidades que los bajones y falta de electricidad no permiten realizar el trabajo en la morgue del centro asistencial, así como la falta de insumos tales como mascarillas, cloro, desinfectantes, botas,  equipos para meterse a las cámaras e implementos de protección necesarios.

Los constantes bajones de electricidad han dañado los ascensores de este centro asistencial por lo que los trabajadores tienen que trasladar los cadáveres por las escaleras a la vista de todos los visitantes.

No hay suficientes camas en las Unidades de Cuidado para atender un escenario leve-moderado de la pandemia y por supuesto, menos en el peor de los escenarios. Hasta el 2011 la cobertura de camas en centros asistenciales del país era de 62,4% para la población y desde ese entonces no se han construido nuevos hospitales públicos. La distribución de camas de las UCI no responde a la densidad de población por regiones, a lo que se le suman las fallas de los servicios básicos que afectan a la gran mayoría de los hospitales públicos que interrumpen la función de los equipos de soporte vital.

Por si fuera poco las morgues de 14 hospitales del país están fuera de funcionamiento complicando la situación porque cada día aumentan los contagiados.

El Monitor Salud que agrupa a trabajadores del gremio reportó en su informe del mes de marzo que de 71 hospitales que fueron monitoreados 14 de ellos no funcionan y están inactivos.

Este colapso del sistema de salud acompañado de la crisis humanitaria que se vive ha generado una peligrosa situación que favorece una rápida propagación del virus. El estrés y agotamiento nervioso está afectando cada vez más a pacientes y familiares a las puertas de los centros asistenciales.

Una temida frase retumba con frecuencia entre la población a la que se le escucha decir: «no hay ni dónde caerse muerto». Nos estamos enfrentando a una crisis hospitalaria y al fallecer un familiar o un amigo cercano hay que enfrentar la segunda parte de la triste historia que se vive, como es pagar considerables sumas por el servicio de cremación cuando se trata de muerte por causas del virus y hacer «milagros» para tener sus cenizas.

Miles de ciudadanos se ven obligados a solicitar ayudas económicas para poder cumplir con esta última fase y utilizan las redes sociales para conseguir lo necesario. De verdad que no tenemos ni dónde caernos muertos.

Javier Sánchez