Los taxistas de Maracaibo: un servicio casi extinto

Los taxistas de Maracaibo: un servicio casi extinto (PARTE I)

Los taxistas de Maracaibo: un servicio casi extinto (PARTE I). Foto: Cortesía

La pandemia, restricciones en la distribución de gasolina y el horario de circulación han limitado a una de las principales ocupaciones del país… los taxistas

Para muchos fue una forma de vida, mientras para otros se convirtió en una de las primeras alternativas cuando el desempleo o la falta de una oportunidad apretaba.

Recordar la época dorada de los taxistas en la ciudad es remontarse a las originarias “líneas”, en la que una fila de carros apostados en las sedes esperaba por un servicio.

“¿Voluntario a la central?, “¿Voluntario a la central?” era una de las frases que se escuchaba por teléfono al solicitar un taxi disponible, junto a “¿Quién cubre la ruta?” entre otras más, y el “llama en cinco minutos mi amor que no hay disponible”, que ya se extinguieron.

Poco a poco con el paso del tiempo, la presencia de los taxistas se esfumó. Hace unos pocos años atrás, todavía sobrevivían algunas asociaciones de vehículos, pero ellas también vivieron su ocaso y se fueron sin despedirse.

 

Los taxistas de Maracaibo: un servicio casi extinto (PARTE I). Foto: Cortesía

 

Tiempo antes los conductores se peleaban en las calles por un pasajero, la competencia de ver quien estacionaba primero era primordial. Igualmente estaba la esperanza de escuchar el “pa’ allá vale tanto, pero te lo dejo barato pa’ que no aguantéis sol”, eso también se acabó.

Ni siquiera los tiempos de los “0800Choque”, aquel tsunami de carros pequeños que llenaron la ciudad unas dos décadas atrás y que parecerían la pista de carritos del Parque Mickey Mouse con tanto golpe en cada esquina. Había para escoger. Y es que lo que un día abundó, hoy escaseó.

No todos tenían cómo pagar un taxi, por eso con el tiempo la mayoría de ellos pasaron a ser particulares. Muchos quedaron para uso individual o familiar, y hasta para el desuso casero, pues algunos yacen en el garaje inertes, pero otros se resistieron a desaparecer.

Con la escasez de efectivo -acentuada durante el año 2017- y las dificultades en modalidad electrónica muchos salieron al paso. Se fueron a la calle y le dieron la vuelta al letrero de “taxi” por el de la ruta que siguieran en ese momento “Voy corto”. La señal de la mano con el incesante dedo índice mostraba la dirección que seguía, y se convirtieron en piratas de las calles.

“Qué rico un carro con aire”, era una de las expresiones cuando las calles se llenaron de modelos actuales, muy distintos a los tradicionales que una parte de la población odiaba y llamaba “chatarra”, misma que hoy extrañan para movilizarse.

Hoy ni siquiera eso, el taxi fue reemplazado por el por puesto, este por las chirrincheras, ellas por las bicicletas, algunos por las piernas y otros por confinamiento.

Quizás si el Louis de Franco De vita o el taxista que con subjetividad narra Ricardo Arjona en su canción, vivieran en esta época en Venezuela, tal vez no tendrían de historia que contar la de alguna rubia con minifalda que cruza sus piernas, u otro conductor que del rojo al verde no tendría tiempo para soñar, sino para el pesar.

Quienes resistieron hoy ofrecen traslados cortos, las carreras ahora se pagan no por distancia sino por consumo de gasolina. Hoy los taxistas somos todos, sin importar cuál es el vehículo.

 

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Luis Fernando Herrera

Noticia al Día