En un mes de protestas, Colombia cuenta cerca de 60 muertos, heridos, detenidos y destrucción

En un mes de protestas, Colombia cuenta cerca de 60 muertos, heridos, detenidos y destrucción

Foto: Agencias

Desde el pasado 28 de abril, la vecina Colombia vive una situación marcada por la tensión y la violencia. Para esa fecha, sindicatos y  organizaciones de estudiantes convocaron un paro contra un incremento de impuestos propuesto por el presidente Iván Duque, para ajustar las cuentas del Estado.

Duque quiso decir a la banca internacional y los mercados que el Gobierno era solvente. Pero la respuesta de los colombianos fue otra, muy distinta a lo esperado y peor de lo imaginado.

La presión interna hizo que  fuera retirada la reforma tributaria y destituido el ministro que la ideó. Pero un mes después, la gente sigue en la calle y muchas carreteras cerradas, lo que ha paralizado el comercio y la circulación de personas en regiones enteras.

Hay miles de heridos por los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes, denuncias de violencia sexual contra manifestantes, presuntos ajusticiamientos  y un suicidio. Hasta ahora van más de 50 muertos, numerosos desaparecidos, presión internacional y rechazo global.

En Bogotá, Medellín y otros puntos del país, este domingo avanzan manifestaciones contra las protestas que desde hace un mes tienen contra las cuerdas al presidente Iván Duque, quien debió recurrir a los militares para tratar de recuperar el control de ciudades como Cali y otras localidades del suroeste del país. 

 

Foto: Agencias

 

“Las protestas no cesan, al revés, se incrementan. ¿Por qué? Muy fácil, por desigualdad, clasismo y racismo. Y falta de conexión con la situación de millones de personas en el país. Una explicación simple es que esas personas quieren chantajear al Gobierno. Lo que ocurre en verdad es que necesitan ser reconocidas como ciudadanos iguales, como personas que participan en la construcción de soluciones urgentes”, opina Catalina Botero, una abogada constitucionalista.

Varios hechos explican la intensidad y el rebrote de las protestas, cuando parecía a punto de extinguirse, se haya avivado. Y todos tienen como fondo los factores que señala Botero.

Durante los primeros días de protestas murieron varios jóvenes de barrios pobres de Cali, Eran jóvenes indefensos que no iban armados. Los amigos de estos muchachos, sin empleo y sin estudios, se atrincheraron en sus barrios, donde desde entonces no hay presencia del Estado.

A los pocos días, en esa misma ciudad, civiles armados dispararon contra indígenas que habían levantado unos bloqueos en la carretera. Hirieron de gravedad a ocho. Ninguno de los atacantes, pese a que hay vídeos y se les ve la cara, ha sido detenido.

 

Foto: Getty Images – Sebastián Barro

 

 

Una semana después, una menor de edad, que dijo haber sido agredida sexualmente por policías al ser detenida en una manifestación, se quitó la vida en Popayán, en el Cauca. La violencia en las calles de esa ciudad se redobló. 

El economista Luis Fernando Medina, cree que el modelo de país está en cuestión. La idea de Estado liberal está agotado después de un crecimiento económico no tan holgado como el esperado y que  tiene dificultades para redistribuir la riqueza.

La pandemia ha hecho retroceder a Colombia una década en la lucha contra la pobreza. Más de 20 millones viven con menos de 88 dólares al mes, el límite oficial de ese umbral. “Hay fatiga y agotamiento con el modelo, que este Gobierno ha tratado de reflotar. Muchos economistas que antes eran baluartes de la ortodoxia ven que ya no da para más. Hay un cambio tectónico en la opinión pública”, cuenta Medina.

Hay la sensación, agrega, de que las élites ya no están ofreciendo soluciones satisfactorias para salir de esta crisis. “El Gobierno ha sido muy atolondrado y por eso es tan belicista. Su respuesta es seguir con una retórica de guerra interna, de violencia y viendo conspiraciones por todas partes. Es la típica reacción de un Gobierno cuando le superan los hechos”. 

 

 

Un mes de expresiones del descontento contra las injusticias. Foto: referencial redes.

 

Jorge Orlando Melo, el autor del  libro «Historia mínima de Colombia», cree que no hay un paro general sino manifestaciones de gente sin empleo. “La población desempleada o que tiene empleos informales está muy golpeada por la pandemia. Ha sido una sacudida muy brusca”, cuenta el historiador.

La respuesta que se le dio a esa gente desde el Gobierno es que se iba a aumentar la base tributaria, es decir, que más gente pagaría impuestos y que eso ayudaría a su vez a redistribuir la riqueza. Según Melo, no se entendió el mensaje.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, recuerda Melo, ha usado una retórica socialdemócrata de subir impuestos a los ricos, mientras que Duque anunció que se los subía a todos. “Fue una respuesta muy desafiante, muy automática, sin tener en cuenta la situación del país. El resultado es este”, añade.

Cuando Colombia firmó la paz con las FARC, las expectativas para los años venideros era distinta a la realidad de hoy. En La Habana el entonces presidente Juan Manuel Santos y el líder guerrillero Timochenko se dieron un apretón de manos. Los dos iban vestidos con guayaberas blancas. Han pasado más de cuatro años de aquellas imágenes y declaraciones.

El país parecía enfilar un futuro esperanzador. “Creó ilusión en muchos jóvenes el acuerdo, pero el Gobierno no fue capaz de verlo y ha creado problemas en el proceso. Hay un desencanto, una falta de relato esperanzador”, suma Alejandro Gaviria, rector de la Universidad de los Andes. 

 

Foto: Juan Barreto / AFP

 

Gaviria considera que el estallido ha puesto de manifiesto algunos fallos estructurales, como la crisis en las instituciones, en los mecanismos de representación política y en los canales que recogen esos problemas de insatisfacción y desigualdad. Cree que debe haber un consenso entre la academia, los partidos políticos y la sociedad civil para evitar que Colombia viva un año negro de violencia hasta mayo de 2022, cuando se celebran las elecciones.

“Yo viví 1989, cuando en Colombia fueron asesinados cuatro precandidatos. Y siendo algo parecido en el ambiente. Es una sensación de que cualquier cosa puede pasar. Veníamos de 40 años de disminución de los homicidios y hay que proteger al país de una escalada violenta”, ahonda Gaviria.

El antropólogo Carlos Granés no percibe un reflejo antipatriótico en los actos contra estatuas de héroes y próceres, más bien un acto un tanto aleatorio y anárquico. “Es simplemente muestra de una insatisfacción muy profunda, pero muy difusa, que se satisface con tumbar cualquier cosa que esté en pie”, escribe por correo electrónico. En la era del malestar colombiano todo está en duda y se sacude.

 

Foto: Reuters / Juan Bautista

 

Un mes después del estallido social que desató la idea ya descartada del gobierno de subir impuestos en plena pandemia, el país luce fracturado, con una policía muy cuestionada por el trato que le ha dado a los manifestantes y con brotes de violencia por parte de civiles armados hasta con fusiles.

«Cuando el atentado es contra la vida, la gente tiene derecho a defenderse (…) Hay que entender que las personas protegen al país y se protegen a sí mismos», dijo Álvaro Aparicio, empresario del sector financiero de unos 60 años.

El gobierno, entretanto, mantiene negociaciones con el frente más visible de la protesta, aunque no el único, en busca de acuerdos que alivien la crisis. Este domingo las partes retomaron sus conversaciones.

 

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Pedro Luis Ramírez

Noticia al Día

Con información de El País / El Universal / AFP