¡Cuando quiero llorar no lloro! A mi Hermano Honorio

¡Cuando quiero llorar no lloro! A mi Hermano Honorio (Por Orlando J. Castejón Sandoval)

Nunca pensé que tuviese que escribir una semblanza sobre mi Hermano Honorio. Me hubiese gustado que a Él le hubiese correspondido escribir la mía. La escribo con amargura y rebeldía, ante el trágico cataclismo familiar que representa su despedida sin invitación. Debemos asumirla sin embargo con humilde espíritu cristiano sin comprender los designios del Señor. Cuando supe la noticia a través de mi Hermano Oscar sentí un atroz choque sobre mi mente, una especie de relámpago luminoso que me eclipsó el pensamiento, me sacudió el espíritu y me dieron ganas de gritar como un ser primitivo. Pensé en el momento estremecedor que vivían sus hijos, nietos y bisnieto.

Honorio representaba a plenitud la figura, la personalidad y el temperamento de nuestro padre Don Clemente. Había recibido la codificación absoluta de sus genes. Su voz, su perfil autoritario, sus gestos corporales y su don de mando se habían maravillosamente encarnado en él. Por ello su muerte es una doble pérdida difícil de asimilar y aceptar. Nos han despojado la mejor representación de nuestros ancestros. Aquellos por las cuales hemos crecido y darwinianamente evolucionado.

Honorio nos deja si el inmenso legado de un hombre honesto, amante de la verdad, de la justicia y la equidad. Nos deja la figura del sabio jurista que supo interpretar nuestra sociedad, sus flaquezas y sus virtudes. Vislumbró la Venezuela que tanto soñamos y a quien tanto amó. Y rechaza con violencia la idea de abandonar el país. Había asumido también el perfil venezolanista de nuestro Tío Moisés, su buen e inédito humor, y su apego a la bohemia. Honorio vivió la vida en su dimensión más extraordinaria. De juventud políticamente izquierdista a profesional consumado de equilibrado centro. Profesó la social democracia en su más genuina esencia y nos incorporó sus ideas, sueños y su pensamiento creativo y holístico.

Nos deja el gran vacío que acompañan a los espíritus superiores. Un vacío que solo podrá ser llenado por un liderazgo emergente de su descendencia.

Cultivó la amistad en su expresión más genuina. Hizo de sus amigos como Nerio Fuenmayor y Esteban Pineda sus hermanos y familiares. Al Negro Martínez lo adoptó como su segundo padre. Sobre ellos escribió con hidalguía en sus libros.

En estos momentos no sé si atender a la cosmogonía de los aztecas que conceptualizaban que la muerte era el nacimiento a la vida. En este caso de la vida eterna que espera a mi Hermano Honorio en compañía de nuestros padres y familiares más allá del sol. En compañía de nuestro amado Hermano Octavio con quien compartió amor y vida. Creo que la cosmogonía guajira nos incita a una celebración de su partida y beber con lágrimas.

 

 

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Orlando J. Castejón Sandoval.

Maracaibo, 26 de Mayo, 2021.