Anabel Rodríguez y el Congo Mirador, el pueblo que se negaba a morir

Anabel Rodríguez encontró una joya al sur del Lago: Congo Mirador, el pueblo que se negaba a morir

Foto: John Márquez

El Teatro Baralt cedió sus espacios para una presentación especial del documental Érase una vez en Venezuela: Congo Mirador, de la realizadora Anabel Rodríguez, quien acompañó la proyección, esta vez enmarcada en el 59° aniversario del Cine Club Universitario de Maracaibo

Los marabinos tuvimos el privilegio de disfrutar la proyección de Érase una vez en Venezuela: Congo Mirador y conmovernos con la historia de un pueblo palafítico al sur del Lago de Maracaibo, que agonizó ante la mirada impasible de quienes podían salvarlo.

Un lugar famoso entre los “cazadores” de fenómenos naturales, por ser, noche a noche, testigo de excepción del Relámpago del Catatumbo.

Sus pobladores, gente sencilla, trabajadora y muy humilde, que vivía de la pesca, vieron mermar las actividades económicas que los sustentaban y su calidad de vida, debido al proceso de sedimentación, producido por la falta de dragado del Río Catatumbo, la intervención de sus caños y los efectos del cambio climático.

Anabel Rodríguez, cineasta caraqueña residenciada en Austria, vino al Zulia tras las huellas del Oro Negro y quiso presenciar el Relámpago del Catatumbo. Entonces, conoció el Congo Mirador, donde la pobreza de sus pobladores era una paradoja frente a la riqueza petrolera que se encuentra bajo las aguas del Lago de Maracaibo.

Su primera producción fue el cortometraje El Galón y de allí, años más tarde, materializaría su Ópera Prima, en formato de largometraje, Érase una vez en Venezuela: Congo Mirador.

 

 

 

 

El film se ha paseado por importantes festivales cinematográficos como el Sundance, Hot Springs, Hot Docs de Canadá, para luego integrar la lista de elegibles a mejor película extranjera de cara a la reciente edición de Premios Oscar.

 

Fue a conocer el Relámpago del Catatumbo y encontró una joya

Para la realizadora, Congo Mirador es una joya, un universo en sí mismo. Además de las bellezas naturales y las fantásticas vistas lacustres, Anabel Rodríguez quedó prendada de la gente, su cotidianidad, sus historias.

“Los congueros son gente muy resistente, estar en contacto con la naturaleza tiene sus durezas…”, relata sobre quienes aprendió a querer y entender, durante los 8 años que transcurrieron mientras filmaba sus historias.

En Érase una vez en Venezuela: Congo Mirador se pone en evidencia como la división por motivos políticos puede fracturar familias, comunidades y países.

 

Foto: Cortesía

 

“El acuerdo no era posible entre la gente por la polarización política y es lo que hemos visto en las familias y en la sociedad venezolana”, lamenta Rodríguez.

“El Galón y Érase una vez en Venezuela me enseñaron a hacer cine”, afirma emocionada Anabel Rodríguez, quien está recorriendo Venezuela y el mundo dando a conocer el film, que podrá ser apreciado en España, Colombia, México, algunas ciudades de Brasil, Estados Unidos, Austria y otros países, bien en los circuitos de cine o vía streaming Estados Unidos.

 

El Congo Mirador cuenta al país

Anabel Rodríguez conectó con el alma del Congo Mirador y sus habitantes desde el primer encuentro y eso es posible apreciarlo a lo largo de la obra. El documental está lleno de simbolismos, de mensajes sutiles, frente a verdades contundentes. 

“Empezamos a conocer a la gente y desde ese momento quedó una magia, una atracción hacia esa forma de vida tan singular que ellos tienen. Lo que más nos invitó a continuar eran las cosas que estaban pasando en el Congo, eran muy parecidas a lo que nos estaba pasando a nosotros con nuestras familias, nuestras comunidades y la sociedad. Estaban ocurriendo esos mismos fenómenos en un ambiente absolutamente singular y cinematográfico, porque es un mundo en sí mismo y además precioso, con una luz única muy especial, entonces así fue” comenta la cineasta.

 

Foto: Cortesía

 

“Había un punto de conexión emocional con todo lo que ellos estaban pasando, era lo mismo que vivimos todos nosotros: la polarización, el abandono del Estado, vivir las consecuencias de prácticas abusivas del poder. Lo que sí varió fue la forma, porque en un principio estábamos narrando esta historia, pero desde el punto de vista de los niños, prácticamente de cómo se veía la comunidad desde ese ángulo, esto cambió, pero en esencia la intención fue la misma desde un principio”.

Al tiempo que comenzaba el éxodo masivo en Venezuela, de la misma manera estaba ocurriendo en el Congo Mirador, donde la sedimentación y otros conflictos motivaron a que sus habitantes buscaran otros destinos. Al día de hoy quedan 4 familias.

“Nos entristece como dejamos que se perdiera el Congo”, dice uno de sus habitantes, con un quiebre en la voz, que nos conmueve hasta los huesos.

 

 

Foto: Cortesía

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Foto: Cortesía

Foto. Cortesía

Foto: Diana Rodríguez / Teatro Baralt

Foto: Gustavo Baüer

 

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F. Reyes

Noticia al Día