José Gregorio Hernández pasó por Maracaibo en su camino a Caracas

José Gregorio Hernández pasó por Maracaibo en su camino a Caracas

El camino de una vocación

Arte: Oriana Reyes

La tierra zuliana estuvo presente en la travesía del Médico de los Pobres, cuando encaminaba sus pasos hacia la capital, donde se desarrolló su formación universitaria

José Gregorio Hernández Cisneros, hijo mayor del matrimonio de Benigno Hernández  y Josefa Cisneros, a la edad de 14 años dejó atrás su natal Isnotú para dirigir sus pasos hacia Caracas. Ese viaje, largo y extenuante, diez años más tarde vería recompensa, cuando en 1888, el hoy Beato venezolano se tituló como Médico en la Universidad Central de Venezuela.

No existe precisión de cuánto duró la travesía, aunque algunas fuentes, como las citadas por la historiadora María Soledad Hernández de la Universidad Católica Andrés Bello, indican que se prolongó por tres meses, e incluyó todos los medios de transportes disponibles para aquel entonces: mulas, carretas, piraguas y vapores.

Fue el 6 de febrero de 1878, cuando aquel José Gregorio adolescente dice adiós al hogar familiar. Su madre había fallecido seis años antes, por lo que el dolor de las despedidas no era algo ajeno para él.

En lomo de mula sale de Isnotú hacia Betijoque, luego al puerto de La Ceiba, donde a bordo de una piragua navegó con destino a Maracaibo. De allí, un vapor lo lleva a Willemstad, en Curazao, para proseguir hasta La Guaira y, tras una noche en el puerto, emprender la ascendente ruta hasta Caracas, por el Camino de los Españoles, montado en bestias.

Este periplo contó con el acompañamiento de los generales Jesús Romero y Francisco Vázquez, amigos de la familia, quienes debían viajar a la capital como diputados al Congreso Nacional.

 

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Una vez residenciado en Caracas, empieza sus estudios en el Colegio Villegas, institución donde estudiaría por cinco años, durante los cuales no visitó Isnotú. Hernández Cisneros se graduó de Bachiller en Filosofía el 29 de junio de 1884. Aunque la vocación inicial era hacia los estudios universitarios de Derecho, el consejo paterno inclinó la balanza hacia la Medicina.

Es así como la Universidad Central de Venezuela (UCV), acoge a uno de los alumnos más brillantes. José Gregorio Hernández egresó como Doctor en Medicina en 1888, luego de presentar dos tesis: La doctrina de Laennec, sobre el inventor del estetoscopio, y La fiebre tifoidea en Caracas, ambos trabajos calificados como “excelsos”.

Obtenido el grado universitario regresó a su pueblo natal, consciente de que era mucho lo que podía ayudar y servir. Era la Venezuela de finales del XIX y comienzos del XX en la que enfermedades como la tuberculosis o el paludismo, azotaban a la población.

En 1889 viaja a París, becado por el Estado venezolano, para estudiar Microscopía, Bacteriología, Histología y Fisiología Experimental, según reseña un artículo del investigador Luis Eduardo Traviezo-Valles, publicado en la revista Kasmera. En Berlín y Madrid, también se nutrió de conocimientos.

A su regreso a Venezuela, José Gregorio Hernández comparte su tiempo de investigación con su labor docente en la Universidad y con las consultas privadas humanitarias.

En 1893, el académico y escritor caraqueño Francisco de Sales Pérez, se refería a José Gregorio en los siguientes términos: “Sabe todo lo que puede saber un hombre que ha empleado sus 29 años en aprender, pero sabe además una ciencia que no se aprende en ninguna academia. Sabe hacerse amar. Como médico llegará a ser una celebridad, su reputación está formada: le falta el agente tiempo para extenderse”.

En 1904, gracias a sus méritos académicos y profesionales, ingresa a la Academia Nacional de Medicina, siendo uno de los 35 fundadores.

A partir de 1918, la gripe española se extiende por el país. Caracas va a ser una de las ciudades en las que el número de contagiados es abrumador. Los doctores Luis Razetti y José Gregorio Hernández, en equipo con otros valiosos médicos, integran las Juntas de Socorro, para enfrentar el flagelo.

El camino emprendido por José Gregorio Hernández desde las montañas andinas, permitió que la luz de la ciencia diera la batalla a los males de entonces. Después de su fallecimiento, brilló a través de la fe de la gente sencilla que confió en él. Hoy, el Beato Venezolano guía nuestra esperanza durante la pandemia mundial y las pruebas que afligen a la tierra que le vio nacer.

 

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F. Reyes

Noticia al Día