El pueblo más alegre se llama Isnotú: José Gregorio será beatificado

HOY VENEZUELA ES EL PAÍS MAS ALEGRE DEL PLANETA: José Gregorio será beatificado

José Gregio Hernández, el Beato de Venezuela. Diseño de ilustración: Oriana Reyes

Isnotú es hoy la capital de la fe por la beatificación de José Gregorio Hernández, uno de los momentos más esperados en toda su historia

Llevan décadas esperando un solo milagro y no es otro que la elevación a los altares del isnotuense que los hace hoy estar en la mirada del mundo.

Isnotú es un pedazo de la llamada la “Tierra de sabios y santos” y no es para menos, así es ese pueblo de la localidad andina que hoy levanta su pecho hinchado al cielo con orgullo a un momento crucial dentro de las paredes de su historia y nombre.

Diseño de ilustración: Oriana Reyes

Ubicado en el estado Trujillo, específicamente en el municipio Rafael Rangel, casi en el corazón del estado, tiene una superficie de 34 km2 en la que residen unos 550 habitantes bajo una temperatura de 25º, que para ellos hoy es lo de menos, no habrá clima, tampoco cantidad y mucho menos todos y cada uno de los quebrantos que padece el pueblo, que opaquen las manos que se extienden como agradecimiento por la bendición que hoy reciben.

De acuerdo a diversas investigaciones de especialistas su nombre se deriva del vocablo “Esnotú”, con el que era identificado un grupo de aborígenes pertenecientes a la familia de los “Cuicas” quienes en el pasado hicieron vida en esa entidad.

En la lengua cuica significa “lugar de varias corrientes de agua”, y no es de extrañar porque años atrás 15 afluentes que bajaban de las montañas y que servían de protectores naturales a la localidad.

 

 

Foto: Agencias

 

Del campo a los comercios junto a un lugar de la fe

 

Los primeros pobladores de Isnotú se dedicaron a la agricultura como la yuca, la caraota, el cambur, la caña de azúcar y el café. Esos eran algunos de los rubros que se cultivaban en abundancia.

Con el paso del tiempo, al iniciar el movimiento religioso en torno al doctor José Gregorio Hernández, que lleva cada año a miles de personas provenientes de distintos lugares, se da inicio a la creación y venta de productos artesanales, lo que impulsó el turismo de fe y también el comercio.

Pero hoy es un importante centro turístico-espiritual. Y, de hecho, casi el 95% de la su población vive de ello. Algunos están organizados por veloneros, artesanos y comerciantes tanto establecidos como informales.

 

 

Foto: Agencias

 

La Isnotú que todos aman

 

El santuario, levantado en el lugar donde estuvo la casa familiar del beato, se puede visitar cualquier día y a cualquier hora. El monumento, rodeado de placas de agradecimiento por los favores recibidos cuenta con un museo.

En los alrededores del santuario también se encuentran varios hostales. La zona está bordeada por unos 13 restaurantes que conservan los sabores de la localidad, la región y sobre todo de Venezuela.

Tres espacios componen la recreación en Isnotú. El primero de ellos es el parque “Esteban Valero” con una cancha multiusos, además de bohíos para reuniones familiares y el Centro de Ajedrez de Isnotú en el lugar, que es el epicentro de niños y adultos mayores.

Luego está el parque “El Venadito” que se ubica en uno de los márgenes de la quebrada que atraviesa el pueblo, envuelto en caminerías de piedra y bohíos. Y el parador turístico “José Gregorio Hernández”.

Sin embargo, hoy está sumida en la carencia de muchos servicios que son primordiales para su crecimiento poblacional y comercial.

 

 

Foto: Agencias

 

Una Isnotú con la presencia de su beato

 

En el año 1878 el beato tras quedar años atrás huérfano emprendió viaje a Caracas, para iniciar sus estudios médicos en 1882 y al graduarse en 1888 regresó a Los Andes a ejercer su profesión. Tal como se lo había prometido a su madre.

Diseño de ilustración: Oriana Reyes

A pesar de la oferta del Dr. Dominici de ayudarlo económicamente para que montara un consultorio en Caracas, José Gregorio agradeció el noble gesto con estas palabras: “¡Cómo le agradezco su gesto, Dr. Dominici! Pero debo decirle que mi puesto no está aquí. Debo marcharme a mi pueblo. En Isnotú no hay médicos y mi puesto esta allí. Allí donde un día mi propia madre me pidió que volviera para que aliviara los dolores de las gentes humildes de nuestra tierra. Ahora que soy médico, me doy cuenta que mi puesto está allí, entre los míos», tal como recogió Miguel Yáber Pérez en su libro “José Gregorio Hernández”.

El beato regresó, y quizá no se ha ido aún, lo saben quiénes con fervor le agradecen, ese mismo pueblo pujante que se une en una celebración que llega en uno de los momentos cruciales de la historia, y que le piden a su beato sanar a su pueblo, pues los isnotuenses saben ahora más que nunca lo que es vivir en la “Tierra de sabios y santos”.

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Luis Fernando Herrera

Noticia al Día