El triunfo decisivo en Carabobo y el difícil recorrido de la República (Nirso Varela)

El triunfo decisivo en Carabobo y el difícil recorrido de la República (Nirso Varela)

Hace 200 años, por el mes de abril de 1821, se reanudaba la campaña militar que culminó el 24 de junio del mismo año, en el Campo de Carabobo. Transcurridos 67 días después de la decisiva batalla, se sancionó en Cúcuta, el 30 de agosto, la Constitución de la Gran Colombia. Con ella cesó, no solo la Capitanía General creada en 1777, sino también la República de Venezuelan de 1811 y 1819, para dar paso al naciente Estado e integrarse a su jurisdicción. En adelante la “antigua” Venezuela quedó sometida como Departamento, a las instituciones de Bogotá.
Pasados 9 años, Venezuela se separa de Colombia, se constituye en República y dicta su propia Constitución en 1830. En los siguientes 69 años se promulgaron 7 constituciones más, para completar 10 durante el siglo XIX, y 15 en el transcurso del siglo XX. Posterior a la Batalla de Carabobo, vivimos bajo la égida de 23 Cartas Magnas en 178 años, incluyendo la de 1999. En total, hemos proclamado 25 constituciones desde que nos declaramos independientes en 1811.
Lejos de ser la búsqueda continua de un código jurídico ideal para sustituir las Leyes de Indias (1524) y organizar la vida en República, las 23 constituciones se sancionaron, en su mayoría, para acomodar el personalismo de cada caudillo llegado al poder. Todavía en 2017 surgió una írrita Asamblea Constituyente para derogar la Carta de 1999 y redactar otra. Esta vez, faltó la figura del caudillo y todo se trocó en un acto de vulgar mediocridad. El circo cerró sin penas ni glorias.
La Batalla de Carabobo fue algo así, como la crónica de un suceso anunciado. La Campaña comenzó antes de vencerse el plazo del armisticio acordado en Santa Ana de Trujillo en noviembre 1820, entre Simón Bolívar y Pablo Morillo. Era indudable, que la batallaterminaría con la larga guerra en suelo venezolano. Se sabía dónde tendría lugar, la fecha aproximada en que ocurriría, teniendo a junio como el mes exacto, cuál ejercito tendría superioridad numérica. Era del dominio de todos, que el inminente triunfo republicano confirmaría el nacimiento político de la Gran Colombia en el Congreso Constituyente de Cúcuta, el cual sesionaba desde el mes de mayo 1821. Estaba en marcha la República.
Ya desde el 22 de marzo, Simón Bolívar escribía desde Achaguas al Gral. Carlos Soublette, dándole instrucciones precisas acerca del movimiento de tropas que debía efectuarse desde el Oriente, para reiniciar la contienda el 30 de abril y tomar Caracas a mediados de mayo. Allí le dice: “nuestro ejército es muy numeroso y las fuerzas del enemigo están desmoralizadas”. Desde Barinas el 6 de mayo, le escribe a Guillermo White: “…el armisticio ha terminado desde el 28 de abril que hemos renovado las hostilidades (…) No creo que tengamos mucho que temer a España en el estado de combustión en que se halla, así como en la falta de consistencia de sus nuevas instituciones. (…) Jamás se me ha presentado una campaña bajo el aspecto tan favorable como la presente: todo conspira contra el enemigo y todo nos favorece. (…) La Torre (Miguel de), amenazado por todas partes y en todas direcciones por fuerzas superiores, reducido a un círculo estrechísimo de operaciones, sin subsistencias, sin cooperación de nadie”. El 24 de mayo apuntaba desde Guanare a Fernando Peñalver: “… si mis cuentas no me engañan, el 15 de junio estamos en Caracas celebrando el aniversario de la guerra a muerte, que es la que nos ha dado patria, libertad y vida”. Luego aclaró que la fecha estimada era una “fanfarronada”, pero estuvo muy cerca de acertar.
El ejército republicano desplegado en todos los flancos cerca del territorio central donde tendría lugar el combate, representaba la incipiente República de Colombia surgida en Angostura, diciembre de1819. El escenario era venezolano, se combatiría por la libertad de Venezuela, las Divisiones, casi todas, estaban comandadas por los más destacados oficiales venezolanos, con ausencia solo de Rafael Urdaneta por enfermedad y Antonio José de Sucre que hacía campaña en el Sur, pero la bandera que enarbolaban y el triunfo correspondería solamente a Colombia. Fue la única batalla de la gesta independentista venezolana 1811-1821, donde acudieron unidas, todas las provincias de la antigua Capitanía General.
La narrativa de la Guerra de Independencia de Venezuela hace alusión a una odisea esplendorosa. Posee episodios verdaderamente emotivos, heroicos, casi irreales, como la Batalla de las Queseras del Medio y el famoso ¡vuelvan caras! (1819), porque también es una historia fantástica sumamente adulterada. En el país se ha conmemorado el triunfo hace doscientos años. Y los actos oficiales de desfiles, discursos, galas patrióticas, ofrendas florales y Tedeum, no han cambiado a lo largo de dos siglos, ni cambiarán en los próximos años. Los discursos se remiten a recrear las distintas acciones ocurridas en la disputa bélica, y el portentoso triunfo militar de Simón Bolívar. Pero no es preciso indagar demasiado en los documentos históricos para percatarse que la guerra de 10 años y 200 mil muertes, finalmente no legó ningún beneficio al pueblo llano que la padeció, ni a sus descendientes, ni a quienes nacieron después.
La destrucción del país y de toda una civilización levantada en el transcurso de 300 años de coexistencia española, dejaron heridas profundas en la sociedad, que no cicatrizaron durante el resto del siglo XIX ni en las siguientes generaciones que nacieron y vivieron bajo el amparo de la República y sus 25 constituciones. Todavía vivimos bajo los escombros de aquella catástrofe. Tanto que, muchos líderes al llegar al poder, por la fuerza o por los votos, lo hicieron pregonando una segunda independencia. Ni las guerras ni las revoluciones, promotoras de nuevas formas de organización jurídica, han logrado consolidar la paz ni la democracia. Solo han engendrado tiranos ansiosos de perpetuarse en el gobierno, para sembrar odios yregodearse en la decadencia social que causan sus “exprópiese”.
Jóvenes estudiantes se confunden, cuando leen que la “tiranía” española acabó con la independencia, y luego encuentran gobiernos presididos por tiranos, en épocas republicanas. Tampoco entienden las mutaciones políticas que trajo consigo la implantación de una nueva legitimidad, porque, no perciben cambios sustanciales después de 200 años de vivir en libertad. Incluso la democracia 1959-1999 donde llegamos a sentir cierta sensación de bienestar colectivo, se frustró por otra “revolución”, inspirada en la guerra de independencia y en su máximo héroe, para instaurar un gobierno que terminó, cual falaz maleficio, destruyendo al país. La República sigue su camino sin encontrar todavía la democracia ideal.
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