Cuando nos agarra “El chingo” y el “Sin nariz” también (Mervin Fuenmayor)

Cuando nos agarra “El chingo” y el “Sin nariz” también (Mervin Fuenmayor)

El popular refrán venezolana que dice, si no nos agarra “El chingo” nos agarra “El sin nariz”, habrá que hacerle una modificación que podría ser, nos agarró “El chingo” y “El sin nariz” también.
Con ello me refiero al Coviod-19 y a la gasolina. La primera sobra, la segunda falta y la combinación de ambas, parecieran ser la mezcla perfecta para crear la más destructiva de las minas antipersonales.

A mí ya me estalló una. No me amputaron las piernas pero si parte del alma. Y es que cuando lo que más quieres en esta vida comienza a transitar la delgada línea entre lo celestial y lo terrenal, corres desesperado por ese campo minado que se llama Venezuela sin importarte lo que te pueda pasar.

Me ocurrió este mes enfrentar esa guerra. El primer enemigo, el Covid-19, llegó como lo suele hacer, sin anunciarse, como un atípico ladrón, que en este caso, no quiere tus cosas materiales, sino tu vida.
No llegó precisamente en el cuerpo de un Charles Atlas. Invadió el frágil organismo de Matilde Elena, mi madre de 94 años, descendiente de Rafael Urdaneta y cañadera de pura cepa. Pareciera que por esas dos causas el virus no la ha doblegado y aún batalla con él.

542 kilómetros me separan de mi vieja. La distancia que aproximadamente existe entre Maracaibo y Valencia. En esta última ciudad es donde quiero llegar pero el otro enemigo, la escasez de gasolina, se me enfrenta. A parte de Dios, de quien se me despejaron las dudas de su existencia, son pocos los aliados que se me han sumado a esta causa para transitar ese enorme trecho que hasta ahora sólo lo ha podido hacer mi voz.

Un hombre a quien no conozco, pero sé que se apellida Marcano Dugarte, comandante de la GNB en Cabimas, me tendió una mano, gracias a mi amiga Leticia Romero. Otro, que más que su mano, hubiera hecho lo imposible para lograr que estuviera ya a lado de mi viejita, es Edgar Sandrea, el noble director de la alcaldía del municipio Miranda, ese mismo que mira con el alma y habla con el corazón. El mismo que hacía multiplicar los litros de gasolina en su pueblo, como Jesús lo hizo con los panes. Ahora ya no lo hace. Le quitaron esa enorme responsabilidad. Quizás para tranquilidad de él por asumir tan difícil tarea y para intranquilidad de muchos, por no contar con su rectitud a la hora de necesitarlo.

Pero Dios es grande y su fuerza está con mi madre y las nobles causas. Soy un soldado en esta batalla. Para defenderme y sortear ese campo minado, he solicitado refuerzos, dos personas a quien estimo y con quien he compartido desde hace años, me refiero al general en jefe Néstor Reverol y a Lisandro Cabello, les he pedido que me apertrechen de armas para seguir adelante. Espero que mis suplicas, que les he hecho por mensajes de texto, les llegue y me ayuden a hacer ese largo viaje.

A mis grandes amigos, el empresario Omar Barrios y los funcionarios del CICPC, Walter Hernández, Kelvin López y José Gil, así como a otros a quien les he comentado de esta dificultad por la que atravieso, gracias por su apoyo. Los llevo en mi corazón. Me han dado mucho a cambio de una sola cosa….mi amistad sincera.

Han hecho un esfuerzo para ayudarme. Por ellos ya tengo el equipaje listo para partir, cargado de amor…..la última medicina que espero mí madre tome para que supere este grave mal.

 

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Mervin Fuenmayor