Así honra el poeta Alexis Ramón Blanco al Maestro Nemesio Montiel

Así honra el poeta Alexis Ramón Blanco al Maestro Nemesio Montiel

Imagen de Gustavo Baüer

ADIÓS, PARIENTE…Nemesio Montiel Fernández ha marchado al primero de sus tres estadios definitivos..Un mundo que de morado quizás vaya al violeta, luego al púrpura hasta alcanzar todas las gamas y coloraturas que ha de tener cualquier alma libre, profundamente libre, bendito por Malei´wa… El príncipe Nemesio, nieto de El Torito, fue secretario de Cultura y era común que los periodistas que cubríamos la fuente nos sentáramos en su sillón mullido, mientras que él se sentaba en cualquier banquito, rompiendo todos los protocolos. Al igual que su mentor intelectual, Miguel Ángel Jusayú, Nemesio siempre insistió en que aprendiéramos wayunaiki, porque tener un idioma era lo que le da sentido a la gran nación wayuu, fundida en lo ancestral en un único territorio que siempre denegó de la geopolítica de fronteras binacionales…El primer antropólogo guajiro, egresado en la Universidad Central de Venezuela, discípulo y entrañable seguidor de los Crúxent y los Saignes y los Mosonyi, con quienes, como es lógico reconocer, sostuvo sus «tientos y diferencias sobre el corazón wayuu». Muchas tardenoches, junto con Oscar Silva y Eduardo Fernández, supimos avizorar el noble corazón gallardo de este singular guajiro de fina estampa…
Nemesio era mi compadre. Porque, siendo un príncipe de cuna y casta, podía asumir el padrinazgo de un niño con tan solo empeñar su palabra como tal. Y es así como asumió a JJJ, mi hijo mayor, como su ahijado…El compadre y pariente siempre mandaba a buscar agua de coco para tomarnos unos copetines de etiqueta negra con hielo de nobleza…Muchas veces vimos las estrellas eternas en Alitasía, en La Laguna del Pájaro y en Cartagena, donde alguna vez coincidimos, yo, invitado como periodista en el Festival del Cine que relanzó en aquel año El Gabo y él, con un grupo de artífices de LUZ, donde resaltaban mis también compadres, Siria Briceño y Emiliano Farías y, también, el tocayo Alexis Fernández. El plan era traernos a García Márquez para Maracaibo, pero el tipo ya era muy Señor Nobel y eso te cambia el curso de la vida, según él mismo nos contaba…
Nemesio era de pensamiento social-cristiano pero jamás recuerdo que execrara o excluyera a nadie de pensamiento adverso, verbo y gracia, quien ahora trata de contener sus íntimas plañideras…Nuestra amistad nació de ahí, de esas diatribas ideológicas que terminaban con carnero en coco..Cuando lo del eclipse solar, Nemesio me prestó su nueva milímetros para hacer unos tiritos al aire y así espantar a los «wanulúes», los espíritus malvados que medran en la oscuridad o que atormentan la felicidad serena de los wayues…Eso también lo hicimos nuevamente cuando el último entierro de El Torito, sólo que esa vez ya no quise disparar porque esa sensación de oprimir un gatillo, así sea contra el aire del cielo, me produce una sensación hórrida y agria. Vainas de un pacifismo que se acerca más al miedo de sí que a la ilusión de poder que brinda disparar armas de fuego…
Fue Nemesio quien me regaló un chinchorro arrechísimo que hiciera su hermana en el Taller Mali Mai y estuvimos tres días hablando de Waleker y el inmenso poder del mito de las tejedoras, herederas de Aracné en la mitología occidental, pero que en en el corazón de La Guajira representa a Pülowi, esa deidad que desanda entre cujíes escribiendo las sombras y describiendo las incandescencias de un horizonte donde las pupilas terminan siendo símbolos telúricos de una nación jodidamente matriarcal e inteligente..
Hace días Queipo me escribió diciendome que mi compadre Nemesio Montiel Fernández, Ja’yaliyuu, el autor de Linajes y de esa novela sobre La Guajira que superaría por mucho a la de Gallegos, Sobre la misma tierra, estaba en la UCI de una clínica de la ciudad, víctima de la malhadada moda de La Parca…Hace rato leí que mi pariente profesional ya había partido para el Jepirra, el lugar sagrado donde moran los muertos durante sus dos entierros…Nemesio solía contar acerca de esta fenomenología: para el wayuu lo más importante es su velorio e incluso todo lo que trabaja durante su vida es para este ritual. Mueres y se lleva a cabo un primer ritual funerario, Alapajaa (o velorio propiamente dicho), reunión en la cual el llanto, la repartición de alimentos y bebidas, se incorporan como elementos del velorio y el entierro. Durante esta celebración, se considera que los asistentes deben consumir todos los animales que pertenecían al difunto para que así renazcan con él en Jepira, “provisiones alimenticias” para el viaje que se emprende hacia la otra vida..Ya le llegará el momento en el cual Ma’leiwa (ser creador) decidirá si su alma debe volver a la tierra pero en forma de animal o planta..
Nemesio ha de retornar en forma de águila o de girasol. Nuestro príncipe arrullará las sirenas de paso por Caimare Chico y cada vez que nos tomemos, a partir de este instante aciago, un trago de coquinche o de chirrinche, las mariposas se volverán amarillas, como las de Mauricio Babilonia…
Hoy sufrimos este dolor de contrabando, esta saeta de plañideras que se niegan a admitir que Nemesio recién ha dejado esta transida estación y va corriendo, descalzo por esa misma playa donde, de niño, solía correr detrás de las princesas que se esconden en la espuma de las olas y en el brillo tintineante de las aguas cuando el sol las hace bailar al ritmo de los sueños, Para Nemesio sonará una imaginaria tonada de vientos y de ululares, con sonidos que los etnomusicólgos definen con tono eólico: instrumentos, clasificados organológicamente como cordófonos (taliraai), aerófonos, (Sawawa, maasi y wotoroyoy o Totoy) ideófonos (maracas y Trompa) y membranófonos (Kasha). Y ese lamento guajiro será acompasado por las plañideras y el respetuoso luto de todas las demás castas que siempre encontraron en Nemesio a un palabrero o Putchi pu de dimensión superior…
Nemesio contando su proipia historia: la del pájaro Utta, (primer palabrero Wayuu y mediador de conflictos), fiel a los mandatos de Ma’leiwa, quien le pidió que le ayudara a nombrar a sus hijos. Utta, inspirador de Nemesio, le contestó: Ipuana, Uliana, Jusayu, Epinayuu, Pushaina, Epieyuu…Y las personas se llamarían como los árboles: Aipia (trupillo) Yosu (cardón), Aichon (yuquita), Kanewa (mamón), y también como algunos animales…Protegiéndolos, siempre, Maa y Juyá, la tierra y el agua…
Colocaremos sobre nuestro bienamado Cacique de Nación. Nemesio Montiel Fernández, su cheli o tejido funerario y dejaremos que siga sonando la plañidera infinita de Waleker, de Pülowi, de Ma´leiwa y de todos los vientos, alisios y contraalisios…Él evitaba nombrarse y nombrar su casta, porque eso diivide y si algo le hace falta al wayuu en estos tiempos es unión y fortaleza, ante esa sed ancestral que siempre intentó mitigar nuestro palabrero de fina estampa…Kasachiki, su columna periodística, nos traerá siempre esos alientos telúricos que Nemesio intentó siempre insuflar en los suyos, en todos…
Inolvidable hermano de sangre y de ideas: «Con Eduardo (Fernández), me monté en una investigación documental y de campo para presentar un trabajo histórico, de crónicas, trazos de novelística y de relevancia wayuu en el acontecer regional zuliano. Esfuerzo bien adelantado hasta el punto que ya manejábamos un cronograma tentativo de presentación en Maracaibo, el Moján, Paraguaipoa, Alitasía, Maicao, Uribia y Riohacha. Una obra que a la par con mi novela Linajes, cerrara 300 años de presencia, resistencia y relevancia wayuu en la península de la Guajira…». Kasachiki tiene tres acepciones en el idioma wayunaiki: desgracia, guerra y noticia. Las tres convergen hoy en la despedida a nuestro inolvidable PARIENTE…Ya habrá tiempo de volver a volar por los cielos sin fronteras de tus ancestros…