Anastasia Biefang, primera comandante transgénero del Ejército alemán

Anastasia Biefang, primera comandante transgénero del Ejército alemán

Anastasia Biefang

Anastasia Biefang, primera comandante transgénero del Ejército alemán. Foto: Agencias

Anastasia Biefang se convirtió en la primera transgénero dentro del Ejército de la República Federal de Alemania y confiesa que nunca tuvo miedo de dar el paso, ya que sólo quería estar segura de que todo iría bien cuando le comunicara a sus superiores y colegas que ella no era un hombre.

Era consciente de que la transición que estaba a punto de anunciar también supondría una transformación para su entorno y la institución para que la trabaja. La incertidumbre era inevitable.

Su empleador no es uno cualquiera: Biefang trabaja para el Ejército de la República Federal de Alemania. Es la primera soldado transgenero en llegar a comandante en la historia de la ‘Bundeswehr’. Es, de alguna manera, una pionera en las fuerzas de seguridad alemanas.

Anastasia nació en 1974 en Krefeld (Renania del Norte-Westfalia, oeste de Alemania). Tras la instrucción militar básica y como oficial, se diplomó en Pedagogía por la Universidad Militar de Múnich. Durante su carrera como soldado profesional completó varias misiones en, entre otros países, Afganistán. La profesión venía de familia: su padre también fue militar.

 
 
 
 
 
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«Yo no sabía cómo se comportaría el Ejército conmigo tras mi decisión ni qué significaría para mí como soldado y oficial. Y, sinceramente, me daba igual. Se trataba en primer lugar de mi persona», explica en una entrevista en exclusiva con EL PERIÓDICO. La soldado vivió durante 20 años dentro de una identidad masculina y de un cuerpo con los que no sentía armonía.

 

«No tenía plan b»

En el momento más álgido de su carrera militar, con 40 años, decidió romper con esa fachada: «No tenía plan b. No había realmente alternativa alguna excepto seguir escondiéndome, negando y reprimiendo mi auténtico yo», explica.

La reacción de sus entonces superiores estuvo marcada por la absoluta comprensión y por el apoyo. En 2017, la oficial se convirtió en comandante del batallón de información técnica 381 de la ‘Bundesweh’r en Storkow, este de Alemania. «No me sorprendió la reacción, pero sí me tranquilizó. Valoro mucho el apoyo que recibí durante mi transición y después de ella. Me demuestra que las personas son importantes para este Ejército».

En Storkow, Biefang tuvo alrededor de 700 soldados a su cargo. Su llegada supuso de alguna manera un test de estrés para una organización militar que nunca había tenido a una persona trans en una posición tan pública.

La película documental ‘Ich bin Anastasia’ (‘Yo soy Anastasia’), del director Thomas Ladenburger, retrata los retos que supuso la experiencia tanto para la primera comandante trans de Alemania como para el batallón conformado por hombres y mujeres sin apenas experiencia al respecto.

A la pregunta de si sintió resistencia o rechazo latente entre sus subordinados, Anastasia responde: «Mis mujeres y hombres siempre me trataron con respeto y sinceridad. Tuve que ponerme a prueba como comandante, como lideresa militar y como oficial. Obviamente, fue diferente a ocasiones a anteriores debido a mi transidentidad. Pero cuando surgieron resistencias, pudimos superarlas de manera conjunta y rápidamente».

 

Paciencia como virtud

Alemania tiene un marco legal relativamente avanzado para regular el cambio de identidad de género y una ley de igualdad que protege también los derechos de la ciudadanía transexual. Además, en 2019 entró en vigor el derecho a identificarse oficialmente con el tercer género («otro» o «diverso»).

El actual marco legal no significa, sin embargo, que el proceso de transición sea automático una vez que la persona da este decisivo paso. Es un camino muy marcado por fuerzas ajenas, explica Anastasia: «Yo escondí y reprimí mi condición de mujer más de 20 años. Y cuando tomas la decisión, te das cuenta de que la transición es un largo camino. Un camino en el que hay que explicarse constantemente ante médicos y expertos a los que hay demostrar formalmente tu propia identidad».

«Cuando tomas la decisión, te das cuenta de que la transición es un largo camino».

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«El cambio de nombre y el registro del género llevaron un año. Esperé casi siete meses a las hormonas. Y cuando la operación de transición sexual fue aprobada en el 2016, tuve que esperar otro año más para la intervención quirúrgica. Cada vez tenía menos paciencia. Eso fue lo más difícil para mi. Creo que algunos obstáculos del proceso son innecesarios. Deberíamos confiar más en las personas a la hora de decidir sobre su propia vida, y adaptar nuestras leyes y reglas», argumenta.

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Con información de El Periódico