Padres VIOLADORES: Perfil psicológico y cómo debe ser la relación

Padres VIOLADORES: Perfil psicológico y cómo debe ser la relación con una hija

Padres violadores. La agresión sexual como forma de comportamiento humano, tiene un doble componente de violencia y sexualidad en una misma conducta. Tradicionalmente, se ha abordado el fenómeno desde una visión psicopatológica, considerado dentro de las perversiones o desviaciones de la conducta sexual.

Según el Informe Anual de la “Fundacion Habla”, en el período 2018-2019, el Zulia es el mayor estado con cifras de abuso sexual infantil y adolescente en Venezuela, contando con un 19%. A su vez arrojó que el 61% de los casos son en el entorno del hogar y un 45% de estos son allegados a la familia. En el siguiente cuadro se demuestra el porcentaje del familiar que comete el abuso sexual.

Según el cuadro mencionado, la mayor cantidad la tienen los padrastros, tíos y en tercer lugar su padre biológico; estas cifras son preocupantes, ya que en la actualidad han incrementado la cantidad. Debido a la pandemia, son muchos los casos de niños que son abusados por sus padres o padrastros y debido a que no salen de su entorno y están siempre en la casa, no tienen la oportunidad de hablarlo con otro adulto responsable.

«Cuando el abusador es el padre, es especialmente difícil y doloroso», explica Virginia Fernández, psicóloga familiar, con experiencia en varios países como España, México, Uruguay y Venezuela. «El miedo a romper la familia y a perder todo lo que uno tiene es demasiado grande», añade. «Se produce una rotura de confianza y un abuso de poder… luego viene el chantaje emocional, la coerción, el engaño y la manipulación», destaca.

«El adulto va generando culpa en el niño. Lo hace partícipe, le hace creer que si cuenta algo perderá todo, juegan con que el niño les quiere», afirma la experta.

Es posible detectar tres fases principales en el desarrollo del abuso sexual infantil

Fase de Inicio o “enganche”: Cuando el abusador logra establecer con su víctima un nivel de acercamiento y se asegura que éste no contará a nadie el contacto establecido. En esta fase el niño, dependiendo de la edad que tenga, se encuentra confundido y por lo general no entiende lo que ocurre.

Fase de Continuidad: Una vez asegurado el silencio de la víctima, el abusador buscará sinnúmero de ocasiones para estar juntos, aumentando el abuso sexual, pudiendo llegar hasta la penetración. En esta fase dependiendo de la edad del niño, es posible que trate de evitar la presencia del abusador, lo cual puede tomarse como un indicador del abuso.

Evidencia o Confirmación: Se produce de manera abrupta, y es cuando el abusador es sorprendido o porque la víctima cuenta lo que ha ocurrido. Es la fase de mayor tensión en la familia de la víctima, generalmente reaccionan de manera violenta contra el abusador, pero también es muy frecuente que interroguen de manera incisiva al niño/a, situación que lo/a confunde más acentuándose los sentimientos de culpa.

Que la mayoría de los casos de abuso sexual hacia niños, niñas y adolescentes ocurran en sus entornos más cercanos, tiene un común denominador: la confianza. Precisamente, por eso, suele ser tan difícil identificar a tiempo una situación de riesgo.

De acuerdo con Fernández, una de las cosas que el agresor desarrolla en el proceso de abuso es la confianza tanto con su víctima como con los cuidadores de esta.

Su objetivo es generar una atmósfera en la que sus intensiones pasen desapercibidas y logren ganar espacios de privacidad donde, finalmente, puedan quedarse a solas con el menor de edad.

“Los agresores siempre buscan ganarse la confianza de la niña, niño o adolescente: intentan ser muy cercanos, se inventan actividades lúdicas y recreativas con el propósito de compartir mucho tiempo con su víctima; tienden a ser muy cariñosos y suelen dar regalos sin motivo alguno. También se valen de guardar secretos o de darles dinero a las niñas y a los niños como una forma sutil de manipularlos y extorsionarlos”, añade la psicóloga.

Algunas de las señales, referidas por la experta, para identificar una posible situación de abuso son los “cambios tan repentinos en las actitudes”, ya que apunta que, generalmente, los abusadores empiezan a dar “más atenciones” a los menores, los “consienten más” o buscan tenerlos “más cerca” de sus cuerpos y tener con ellos “más secretos”.

“Debemos de tener mucho cuidado en cómo se estructura esa relación entre los adultos de la casa con las niñas y los niños, si hay cambios de un día para otro, si estas personas son muy seductoras, muy cercanas, muy de secretos con las niñas y los niños, adolescentes, con eso tenemos que tener sumo cuidado”, advierte Virginia.

Parte del aprendizaje que todo niño o niña debe ir recibiendo, desde el hogar, recomienda Virginia Fernández, comienza por aprender las partes de su cuerpo con el nombre correcto: vulva, senos o pene, por ejemplo. Además de enseñarles que “su cuerpo es suyo y que ellos tienen que cuidarlo, que ellos lo protegen, pero también decirle que esto que pasa aquí, cuando alguien la toca en sus partes privadas, es abuso sexual y a los niños no les debe suceder nunca”.

Las relación padre e hijo en su mayoría son cercanas, ya que por instinto los niños buscan siempre esa figura paternal en alguien, si esa persona los llegará a abusar ocasionaría un severo trauma para el infante y distorsionaría en su totalidad dicha imagen que se tiene plasmada, a su vez para el otro padre debe ser muy difícil aceptar está realidad que ocurre tan seguido, por ello es importante que si el niño llega en algún momento a hablar, siempre tendrá la razón.

Además, la experta recomienda no juzgar a la víctima mediante expresiones como “¿por qué no me habías dicho antes?” o “¿por qué te quedaste callado?” y mucho menos, confrontarlo con el agresor ya que esto genera miedo y se corre el riesgo de silenciar al menor de edad quien puede terminar retractándose o negando los hechos.

“Lamentablemente, ellos muchas veces informan que están siendo víctimas y los padres no les creen. Eso hace que pierdan la confianza al tiempo que le abren el camino al agresor para seguir violentándolos, sencillamente, porque no hay un entorno protector”, argumenta la psicóloga.

En lugar de ello, lo correcto será agradecerle a la niña, niño o adolescente por haber compartido su experiencia, reafirmarle que cuenta todo el apoyo necesario y asegurar su protección inmediata retirando el contacto con el posible agresor.

En el marco de esa comunicación, es importante dejarle claro al niño, a la niña, a las adolescentes, que “si un día siente que alguien le está haciendo o pidiendo hacer situaciones que le incomodan, que no ve normales, que nadie más le pide, que ella o él siempre le va a creer, que la o le va a proteger siempre”.

“Desde muy temprana edad se les debe explicar, para que cuando el abusador quiera hacerle algo a la niña o al niño, ellos se sientan con la seguridad de que pueden ir a hablar con la mamá o el papá de lo que está pasando… Es importante que el niño o la niña tenga la seguridad de que tiene alguien que los va a proteger, que le va a creer lo que está pasando”, culmina diciendo la experta.

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Natalia Suárez/Pasante

Noticia al Día