"Hacer sufrir no es hacer política": Ana Cristina Bracho

«Hacer sufrir no es hacer política»: Ana Cristina Bracho

Ana Cristina Bracho. Foto: Cortesía

«Siempre estamos en medio de una batalla simbólica». «El Derecho es un producto cultural».»El pueblo siempre encuentra soluciones». «En Venezuela los sueños de justicia siempre tienen poesía»

Desde hace tiempo quería entrevistar a la talentosa abogada, periodista y poeta, Ana Cristina Bracho Vallarino. Nacida en Maracaibo, residenciada en Caracas, ella también es Magister en Derecho, Economía y Gestión en Derecho Público y Derechos Fundamentales por la Universidad de Caen, Baja Normandía, Francia. Su brevísimo perfil también reporta que ha sido catedrática (Derecho Constitucional e Introducción al Derecho) en la Universidad Rafael Urdaneta (2011) y Jefa de Derecho Parlamentario Comparado y Jurisprudencia en la Asamblea Nacional (2011-2014). Columnista en diversos medios impresos y digitales.

El envío de este cuestionario, para que lo respondiese por «whatsap», coincidió con una dolorosa noticia, (tanto para ella como para sus padres, los también docentes unibersitarios, Pedro y Carmen), como fue la muerte de Anita Ferrer, un portento de ser humano vinculado a etapas muy esplendorosas de la vida política e ideológica en Maracaibo. Esa herida de alguna manera permea las líneas que constituyen el coprus de sus respuestas, las cuales agradecemos, por lúcidas y esclarecedoras..En ella la palabra siempre es una categoría, repleta de esperanza y convicciones..Tiempo de leer…

1.- Tiempos de efervescencia democrática parecen vivirse en el seno de la nueva Asamblea Nacional ¿Cuáles serían sus principales recomendaciones para “homogeneizar” un poco el ejercicio científico de las nuevas propuestas legislativas de acuerdo con el marco jurídico de la Constitución vigente? ¿Hay que “reeducar” en materia de jurisprudencia a nuestros parlamentarios? ¿Cómo mantener sincronizados los procesos legislativos y judiciales dentro de este contexto de efervescencia?

R. Yo no estoy segura que la acción fundamental que le toca a la Asamblea Nacional sea homogeneizar. Por el contrario, creo que le toca debatir. Por un lado, la Asamblea Nacional es el principal foro político del país y por otro, el conflicto institucional de los últimos años ha sido muy grave y complejo para la República. Nosotros tenemos que entender que el problema que vivimos sólo se soluciona dialogando, procurando una salida entre los factores políticos nacionales, procurando evitar los riesgos de intervención extranjera y de la violencia. Por eso, el proceso de ponernos de acuerdo no puede seguir esperando.

En ese sentido, creo que la Asamblea Nacional tiene que usar su espacio para convocar más factores, tiene que encontrar los mecanismos para romper el cerco internacional y para que la gente vuelva a sentirse protagonista del proceso político y del proceso social.

Seguidamente, las relaciones entre los Poderes no son necesariamente sincrónicas. Por el contrario, dependiendo del contexto, un Poder Público impulsa, estimula al otro. Sin embargo, lo fundamental es que todos apuesten a una superación del conflicto, a una disminución del riesgo y sobre todo a generar condiciones que eviten el sufrimiento del pueblo venezolano. Este es un punto sobre el que yo insisto siempre: hacer sufrir no es hacer política. Por ende, nosotros tenemos que dejar fuera de los espacios donde discutimos, de las herramientas que usamos, técnicas que buscan generar desesperación o comerse las bases de la convivencia, como es un hecho conocido y denunciado que son las acciones coercitivas.

Las tareas que tiene en el presente la Asamblea Nacional son muchas. Nosotros vemos la necesidad de incentivar el dialogo, politizar el conflicto, recuperar el tiempo perdido para el avance de los derechos civiles, encontrar maneras para que existan vacunas o paraguas que protejan a las familias, sus derechos socioeconómicos de la situación que estamos viendo e incentivar la esperanza en el país, la dignificación del trabajo y el bienestar social.

2.- La denominada Guerra de Cuarta Generación es una de los handicaps más terribles que vive Venezuela en estos tiempos de revolución bolivariana. Desde la ULA, el profesor Pedro Rivas alerta sobre estas cotidianas batallas simbólicas, ¿Cómo enfoca usted este proceso trágico y qué elementos nos brinda la Constitución para resistir este constante asedio que trasciende lo simbólico y se ha enquistado en el alma y en la psique de las personas que viven en este país?

Este es un tema muy importante. En primer lugar, porque el mundo está lleno de símbolos, que nos llevan a leerlo de una determinada manera y a justificar cómo funcionan las cosas. Así, nosotros encontramos que la historia está continuamente atacada por los cuentos que recibimos. Entonces, poco importa que nosotros podamos buscar en un libro cómo terminó la segunda guerra mundial y ver la importancia que tuvo Rusia en la derrota del fascismo si todos los días prendemos el televisor y vemos cómo los estadounidenses fueron el factor decisivo, o, que se cuestione el colonialismo como un sistema de destrucción, de deshumanización y de masacre cuando podemos ver películas que nos cuentan lo amistoso que fue el encuentro, o, como los blancos eran los buenos, los negros los malos y los indios los tontos.

Por eso, siempre estamos en medio de una batalla simbólica. En especial, cuando somos pueblos que fueron colonizados y que, recibimos toda la carga de un colonialismo cultural que no se supera con un Acta de Independencia. Para mitigar esos efectos, nosotros construimos el concepto de nación que es profundamente simbólico que nos une como familia a través de una historia y de unos símbolos.

Desde esa perspectiva, todos los pueblos del mundo que no sean los países del centro –incluidos los pueblos que no dominan en los países europeos- estamos siempre sometidos a una lucha simbólica que pasa por la necesidad de tener que exigir que se recuerde que existen, que son distintos, valiosos, titulares de derechos. Es una lucha donde nosotros como latinoamericanos acompañamos a los africanos y a los asiáticos, pero es tan difícil que nuestros propios referentes en ese proceso son fundamentalmente europeos o norteamericanos y no de nuestra propia zona y mucho menos de las otras zonas ignoradas.

Ahora, la situación de la batalla que nosotros vivimos es más delicada porque no somos tan sólo el otro ignorado-negado-desvalorizado sino que somos el otro que se levanta, que se opone, que denuncia y que resiste. Por ende, el que puede demostrar que el sistema mundo no funciona bien, que las reglas no son justas, que la riqueza de algunos se sostiene en el sufrimiento de muchos, que el comercio internacional sólo endosa la pobreza, etc. Por eso, nosotros enfrentamos en permanencia una campaña que estigmatiza, que busca marcar que no somos una alternativa para nadie, ni para nosotros mismos.

Esto lo planteaba el mismo Neruda cuando veía lo que pasaba en Chile y decía que los medios, en especial El Mercurio, parecían sostenerse sobre la idea que debía la gente saber que no tenía absolutamente nada que salvar, ni a ellos mismos, que eran un fracaso y una vergüenza. Este proceso, es un elemento importante de la guerra psicológica, que busca disminuir los posibles procesos de resistencia de la gente, que la gente se rinda antes de dar la pelea.

Las herramientas jurídicas importan, pero no son capaces de generar cambios por sí mismas. Es importante en esto saber que el Derecho es un producto cultural y que una ley, por si sola, porque la dictemos no cambia la cultura ni modifica la realidad sino confluyen varios elementos, como la creencia en esa ley y un sistema decidido a aplicarla.

Sin embargo, la Constitución tiene las claves de cómo enfrentar estas situaciones en los primeros artículos cuando recuerda los rasgos esenciales de la República que se propuso crear y la llamó libre, independiente, inspirada en los valores del Libertador, democrática y garante de Derechos Humanos. Sin duda, toda idea para la superación del conflicto pasa por sentarnos a mirar en el caso concreto que estamos viviendo qué significa eso y cómo se activa el Estado y la sociedad para asegurarlo.

Ana Cristina Bracho. Foto: Cortesía

 

3.-  Desde que el marxista italiano, Antonio Gramsci, publicara, en 1921, su legendario ensayo La formación de los intelectuales, harto se ha debatido sobre un asunto fundamental para el desarrollo de nuestros pueblos. ¿Cómo superar la mera retórica y cuál cree pueda ser el método ideal para sacar a la calle a nuestros pensadores, es decir, cree posible un pensamiento gestado y desarrollado desde el acompañamiento de ese desasosiego de las colas y las ingentes dificultades que a diario nos atormentan como pueblo?

R.- Yo creo firmemente en lo que Aquiles Nazoa denominaba los poderes creadores del pueblo. Nosotros estamos sumergidos en una enorme cantidad de problemas, pero el pueblo siempre encuentra soluciones. Este tema creo que no siempre es debidamente valorado, sistematizado y mucho menos sistematizado, pero ante los enormes embates que hemos vivido la gente encuentra alternativas y reinventa las formas de vivir. Sin embargo, nosotros no podemos obviar que ese esfuerzo individual tiene que encontrar maneras de lograr un mayor impacto y una de las cosas que tiene que derrotarse es la promoción de la emigración y las condiciones materiales que la favorecen porque en ningún tiempo, país alguno se ha salvado por ser abandonado.

Creo que nosotros tenemos que trabajar en contar la historia de lo que está pasando porque la gente está viviendo una gran epopeya que merece que no se olvide, al tiempo que las cosas que están pasando tienen que dimensionarse para poder solucionarse y promover así que nosotros podamos, desde el amor al país, a nuestras propias familias, a nuestras calles y ciudades trabajar por el proyecto de país para todos, de país con derecho que es lo que generó todo este proceso histórico.

4.- Una de las más ignominiosas heredades de la llamada Cuarta República son las tristemente célebres “Tribus Judiciales”.  La historia contemporánea nos dice que son más viejas  que el término “lawfare”, neologismo acuñado en 1975 por los australianos John Carlson y Neville Thomas, para definir “acciones judiciales emprendidas como parte de una campaña en contra de un país o grupo”…Nos gustaría tener una interpretación suya a la luz de todos estos nuevos factores históricos que el lector lego o menos instruido debe conocer…

R.-Creo que son varias cosas. Por un lado, tenemos una denuncia internacional del lawfare como una estrategia para frenar a través de los tribunales las alternativas que no pueden evitarse electoralmente. El caso que, actualmente parece más claro es el de Lula Da Silva en Brasil con un proceso que, sin tener pruebas, producido en la prensa generó que no pudiese competir, que el PT fuese tenido como el más corrupto de los partidos –aunque no era el más denunciado, ni el más juzgado, pero si el más popular- y abrir así el espacio para que Bolsonaro pudiese tener una Presidencia favorable a los sectores económicos que lo impusieron.

Para algunos pensadores, como Atilio Borón, el lawfare es la herramienta de Estados Unidos en el siglo XXI pues esta parece ser menos ruidosa que las dictaduras militares que, quedaron muy al descubierto a finales del siglo XX. En este grupo se incluye también la salida de Lugo de Paraguay, los procesos contra Correa en Ecuador y el acoso judicial que ha sufrido Cristina Fernández en Argentina.

Sin embargo, cuando uno revisa a fondo, el lawfare es más que esta alianza de medios con tribunales para imponer la realidad política y es la utilización del derecho –o de un acto con apariencias de legalidad- para obtener lo que, de ordinario, se logra con una guerra convencional: es decir, tomar espacios comerciales, redistribuir riquezas, eliminar adversarios, etc.

Por esa visión, la idea de los presidentes “autoproclamados” avalados por gobiernos hostiles obedecería a la misma lógica y allí entraría lo que fue Áñez para Bolivia y lo que intentó Guaidó en Venezuela –que si no logró el poder político les ha permitido a algunos elementos antivenezolanos tomar poder, dominio o control de riquezas y plazas del Estado-.

Por eso, entender qué es el lawfare, cuál es su dimensión actual es un tema enorme y que ocupa a quienes estudian la guerra y sus nuevas modalidades. Este tema además parece haber venido para quedarse en la agenda política –y de la antipolítica- en la región.

En relación al Poder Judicial este enfrenta en todas partes del mundo una crisis importante. Algunos piensan que su manera fría, distante, presentada como imparcial no existe y que sirve tan sólo a intereses que son el poder real pero disimulado. Otros que sus funciones ya no ameritan el espacio que ocupan y que deben tender a sistematizarse, a automatizarse. Por ello, todas las actualidades sobre este tema son críticas, revisan sus reglas más sagradas incluidas las funciones, la selección de los jueces y las juezas y su duración en los cargos.

Ahora, en el caso venezolano nosotros tenemos que considerar que el Poder Judicial no escapa de estos procesos. Incluso en 2019, el Presidente de la República pidió una reorganización de esta rama del Poder y que existe una gran mora sobre las normas adjetivas que lo rigen. Por ello, los dramas del gran escenario no les son ajenos y menos ahora que, se señala que la justicia es el tercer sector más afectado por la pandemia, sólo después de la salud y de la educación.

5.-Auspiciar, instigar, recrear, generar, entre otros verbos afines, son utilizados por quienes intentan de manera cotidiana hacer de la violencia un estilo de acción política. Imágenes recurrentes de individuos atracando en plena vía pública son servidas en las redes sociales como un buffet de perversión criminal, mientras que ong’s como el Observatorio Venezolano de la Violencia y otras por el estilo, trazan parámetros de manipulación y subversión estadística de toda esta malhadada situación. ¿Son éstas formas estilizadas de las guarimbas? ¿Cómo cree qué hay que confrontar estas intenciones de procrear un estado dentro del Estado? ¿Qué hacer?

R.- La violencia es un problema viejo en el país. Es increíble que esta sea una de las cosas que, por obvias, tenemos que repetir porque a veces hay quienes quieren ubicar el problema como una situación reciente. Una buena explicación de esto la dio Domingo Alberto Rangel.  Ahora, es un hecho conocido que la exposición de la violencia y su llamado suele usarse como estrategia para agravarla. Esto quedó demostrado en muchos espacios, en general, suele recordarse esto en relación a los llamados al odio y a la violencia que hizo la Radio de las Mil Colinas en el contexto del Genocidio de Ruanda. Se recuerda porque es el primer antecedente de un medio de comunicación declarado responsable de los peores crímenes.

En estos temas, debe intervenir según lo dispuesto en la Ley, CONATEL y los Comités de Usuarios que prevé el régimen de responsabilidad social en medios –una figura que hoy en día no parece estar muy activa-
Ahora, bien. la guarimba es un concepto muy específico sobre el que es peligroso generalizar. Es una estrategia de caos y violencia a la que algunos siguen llamando y que cuentan con aliados que manejan redes y medios para ello. Sin embargo, no es una alternativa abrazada por la mayoría de la oposición y suele reflejarse como rechazada por la mayor parte de la población en los sondeos de opinión. En los casos en específico, deberá el Ministerio Público aplicar las leyes que correspondan.

6.- Una sinopsis de parte de su propia autora, del libro 23F. La batalla que evitó la guerra, nos pone en perspectiva de un punto clave, el tema de la defensa y la soberanía de nuestras fronteras. Desde ese momento crucial que usted refleja en su libro, aparecen ahora nuevos factores de perturbación extraterritorial, como la Operación Gedeón o la declaración de Guyana sobre el territorio del Esequibo. ¿Puede recrearse una metodología de resistencia popular en defensa de la patria, tal como usted deja expuesto en su libro, donde refiere casos muy inspiradores al respecto? ¿Por dónde comenzar a estructurar un método proactivo de resistencia patriótica ante esas intenciones expeditas de intereses foráneos avalados por Estados Unidos? ¿Cuán conveniente preparar a la nación para esgrimir la paz como arma contra sus enemigos igualmente preparados para confrontarnos con guerra?

R.- En Venezuela existen varios sistemas de defensa territorial y de la soberanía. Nosotros vemos la existencia de las Fuerzas Armadas, sus componentes e incluso su equipamiento antimisiles y otras herramientas que se han probado en los últimos años. Desde el punto de vista humano, es importante el refuerzo que tienen en unidades de la unión cívico-militar, en especial, con el refuerzo que obtienen en la Milicia Bolivariana. Ahora, de nuevo vemos que están ocurriendo varias cosas que tienen en común el tiempo en el que ocurren y la finalidad, sin que ello signifique que sean estrategias realmente equiparables o similares.

Nosotros tenemos que en el presente Venezuela está sometida a todos los fuegos: la frontera con Colombia y los potenciales conflictos que significa estar rodeado de un país que se declara hostil a nosotros y que además tiene una guerra de larga data viva que no logró contenerse con el proceso de paz;  al Sur, un país con la más alta mortandad de la pandemia; un vecino que nos disputa territorio al Este y algunas otras cosas que han pasado en las costas como la operación Gedeón y la penetración o acercamiento de buques.

Al respecto, lo primero es entender el tamaño de lo que estamos enfrentando. Tenemos cerrado el acceso a nuestros recursos, tenemos limitado el acceso al comercio internacional. Por lo que, no podemos usar nuestro dinero ni generar otros ingresos. Tenemos minadas las fronteras y al mismo tiempo hemos sido declarados amenaza por el país que se declara el más poderoso del mundo. Eso es lo que ocurre, al tiempo que sobrellevamos la pandemia que es la amenaza sanitaria más amplia que ha enfrentado la humanidad desde que se tiene registro. Ese es el escenario que cada día, individual y colectivamente, resistimos. No es una situación que nos hubiésemos siquiera haber imaginado.

La defensa del país es en la Constitución uno de los pocos deberes que tienen todos los habitantes del país pero en un contexto tan multiforme como este no es tan sólo el alistarse para prestar servicio militar sino todo acto tendente a no dejarse vencer, a continuar existiendo, produciendo y siendo.

Ana Cristina Bracho. Foto: Cortesía

7.- En febrero pasado, el Fiscal General de la República, TWS, reveló cifras del MP según las cuales, entre agosto de 2017 y diciembre del año pasado, se registraron 610 femicidios en  Venezuela, de los cuales, según destacó en su informe de gestión, la mitad ya tenían acto conclusivo. En contraposición tenemos que el Observatorio Digital dé Femicidios del denominado Centro deJusticia y Paz (Cepaz), afirma que del 1 al 31 de enero de este año hubo “ un femicidios cada 38 horas” en nuestro país… ¿Estamos ante una escalada mortal de violencia de género en Venezuela? ¿Cómo abordar este trágico asunto? ¿Bastaría solo con acendrar las penas y castigos a los infractores o bastaría con desplegar campañas de educación y concienciación en el espectro de las victimas, directas o colaterales? ¿Qué propondría usted si le tocara asumir roles de gobierno en esta materia?

R.- Colectivos feministas de todas partes del mundo denuncian que estamos no sólo enfrentando la pandemia del COVID sino una pandemia patriarcal. La situación del COVID es especialmente riesgosa para las mujeres y aún más para aquellas que están presas en un ciclo de violencia.  El regreso a la casa por el confinamiento, el cierre de las estructuras para niños y niñas así como la depresión económica, tienen como principal víctima a las mujeres que tienen más carga doméstica, mayor riesgo de abandonar los estudios, quedarse sin trabajo, no ingresar al mundo laboral o salir de él. Nosotros en Venezuela no estamos lejos de esa realidad, somos parte de ese todo que enfrenta la pandemia.

Ciertamente, desde el año 2019 en Venezuela se viene hablando que existen más feminicidios pero una lectura justa tiene en cuenta este escenario global y que, desde entonces los grupos feministas están haciendo un trabajo permanente de denuncia y evitando que los asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujeres, sean presentados como crímenes pasionales, uxoricidios y otras formas menos graves de ver el hecho.

Entonces nosotros tenemos un problema para dar con una respuesta científica a esta pregunta porque en materia de delitos existe en todas partes un subregistro y en especifico la información sobre femicidios en Venezuela no es tan pública como debería; así nosotros tenemos datos actuales que desde el Estado y desde grupos feministas van contando los femicidios que ocurren actualmente, sabemos que este delito va mundialmente a la alza y vemos que el Estado está tomando medidas en especial sobre la obligación de investigar y castigar.

Ahora, desde una perspectiva personal, espero que el mismo ahínco que se ve en la perspectiva punitiva –e incluso uno mayor- se dé desde la perspectiva preventiva, entendiendo el feminicidio como el punto final y más grave de un proceso de violencia que se debe evitar en los estadios previos, con campañas masivas contra la violencia, así como la oportuna y suficiente atención de los demás tipos de violencia que pueden conducir a un feminicidio.

8.- De manera inexorable, Venezuela se enrumba hacia la transformación radical de sus cimientos  políticos e institucionales , en la medida que avance la instauración plena del concepto del Estado Comunal. ¿Cuán distantes estamos de los campos de la utopía y de los terrenos de la realidad en este asunto tan complejo a la vez que esperanzador? El Comandante Chávez siempre subrayó las prioridades y los términos de este proceso pero, ¿en qué nivel estamos de sus lineamientos clave para esta etapa del proceso? ¿Es esto de verdad lo que él insistió tanto en definir como El Proceso?

R.- Desde un punto de vista formal, es necesario tomar en cuenta que estamos en el marco de la Consulta Pública de una nueva ley que rige el tema de la comuna que ya fue aprobada en primera discusión por la Asamblea Nacional, de modo que estamos tan sólo en tiempos parlamentarios para tener un relanzamiento de este tema. Sin embargo, la comuna sigue siendo un asunto que requiere debates de gran profundidad porque plantea una nueva sociedad, por ende, nuevas relaciones políticas y económicas.

Es importante que nosotros veamos la Comuna como una expresión concreta de la democracia participativa y protagónica, al tiempo que una célula de este proceso llamado socialismo del siglo XXI. Por ende, es un proceso adversado por quienes se oponen desde afuera o desde adentro a un camino revolucionario.

En mi opinión, como dije en antes, las leyes no generan los procesos sociales, sino que estos son los que requieren que el derecho cambio. En materia de comuna, existen ejemplos interesantes, pero siguen siendo excepcionales pero el proceso va desde la organización, la experimentación hacia el proceso formal.

9.- El “tour de forcé” que representan los contratantes sendos informes,  tanto de la Comisionada Bachelet como de la relatora Alena Douhan,   ésta última preparando su informe ,para septiembre de este año, ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, devienen en el corolario de una virtual hecatombe para un país al que le han secuestrado siete millardos de dólares y generando pérdidas globales por el orden de los 130 millardos de dólares, todo, en medio de una atroz pandemia que ha transformado al gobierno del presidente Maduro en una suerte de plantilla egresado de la escuela Hogwarts…¿Qué considera usted que debe prevalecer como argumentación legal de Venezuela para pelear jurídicamente por ese patrimonio que nos pertenece por derecho a todos los venezolanos?

R.- La argumentación legal vista como una postura oficial corresponde determinarla al gobierno.  Desde mi posición que no es la de alguien en ese rol sino como analista, creo que pueden identificarse algunos puntos fundamentales para la defensa. Los cuales en su mayoría han sido usado en casos que tienen alguna similitud con el nuestro.

El primero, es que los Estados acuden a las Naciones Unidas como miembros dotados de soberanía con los mismos derechos que todos los demás, al igual que dotados de la prerrogativa de la autodeterminación de los pueblos, lo que determina que el gobierno es el que determinen los ciudadanos, en base a los procedimientos que estos tengan y de acuerdo a su común voluntad. Por ende, no corresponde a ningún organismo internacional un tutelaje político sobre los países; no puede hacerlo tampoco otro Estado porque estas prácticas atentan contra el régimen de la Carta de la ONU.

Partiendo de allí, lo que se mantiene en todas las instancias de la ONU y en todas las regionales, es importante tomar en cuenta que la ONU no es un bloque sino más bien un organigrama disperso, enredado y con agencias que tienen distintas composiciones y funciones en el plano internacional. Allí, Michelle Bachelet es la Alta Comisionada de Derechos Humanos y Alina Douhan es la Relatora sobre Medidas Coercitivas, son funciones distintas.

Lo importante es que ambas coinciden en un hecho que está documentado en la ONU: las acciones coercitivas lesionan derechos humanos. Esto es tan simple como entender que, prohibirle a alguien trabajar y usar sus cuentas bancarias, hará que su familia coma peor, tenga más deudas e incluso pierda cosas. La denuncia sobre la coerción económica y su impacto sobre los derechos humanos se ha hecho en la ONU al menos de 1995.

Luego está el tema de la diferencia entre las acciones coercitivas unilaterales, y, las medidas llamadas sanciones que sólo puede aplicar el Consejo de Seguridad de la ONU que, lesionan también los derechos pero que son legales porque se dictan de acuerdo a los tratados, mediante una votación y en casos reglamentados. Distinto a lo que son actos que, fuera del derecho, se aplican por una posición política, militar o económicamente superior como es el caso de las acciones coercitivas que, son características de Estados Unidos y que se han aplicado con más fuerza y reiteración desde el gobierno de Obama.

Entonces: todas las coerciones económicas limitan la capacidad financiera del Estado, por ende, impactan la posibilidad de políticas y servicios públicos para garantizar derechos humanos. Luego, salvo las del Consejo de Seguridad estas son ilegitimas y abusivas.

Cuando lo vemos así, nosotros podemos diferenciar dos planos. Uno, el conflicto en Venezuela, las contradicciones del proceso, los temas que tenemos que superar en el que, todo el debate es posible y todas las voces son necesarias. El otro, que va más allá de nuestros espacios y posturas porque es el simple derecho a la vida y a la dignidad de los habitantes de Venezuela que requiere que no escale la violencia así como que se detengan estas prácticas que como veíamos se han denunciado durante décadas cuando se han aplicado contra varios países y que comprometen todo el funcionamiento del sistema porque el Derecho Internacional tiene que garantizar las posibilidades de existencia y desarrollo de todos los miembros de la sociedad internacional, de lo contrario, no existe.

10.-Periodismo y derecho devienen en disciplinas que se entrecruzan como una notable crineja que sin duda contribuirán sustancialmente en el avance de ese conjunto armónico de derechos civiles vistos como logros constitucionales, que representan una parte progresiva y progresista dentro del avance de la sociedad venezolana en tiempos de socialismo. Términos como igualdad de género, libertades individuales y otros parecidos, apuntan hacia la conquista de un futuro promisorio para todos, para cuando pasen los efectos devastadores, tanto de la pandemia como del bloqueo económico. Como militante en ambos campos, ¿cuál es su visión prospectiva y propedéutica en cuanto a la formación de nuevos cuadros en dichas áreas?

En general, tanto los-as periodistas como los abogados-as tienen que pensar y sentir para qué trabajan, qué defienden, qué proyectan, cuál es el mundo que quieren y qué creen que es tiempo de dejar atrás porque todos los cambios que hoy nos resultan imperiosos, pero demasiado grandes, tuvieron antecedentes que fueron igual o más grandes en su momento. Por ejemplo, hoy nos suena demasiado grande el cambio que tendría que sufrir el matrimonio para permitir las uniones de personas del mismo sexo, pero siempre he creído que más difícil era entender cuando la esclavitud venía de tanto tiempo atrás que eso era una atrocidad, pero fue necesario entenderlo y enfrentarlo, cambiar el derecho y declarar que ninguna persona era una cosa, un objeto que podía dominarse, despreciarse y comercializarse.

Por eso creo, que, más allá de los temas que podemos ver señalando, por ejemplo, que la importancia actual de las redes hace que el abogado-a tenga que aprender a comunicar como nunca antes lo hizo, que tiene que aprender a hablar y a explicar frente a más gente; o, que para los-as periodistas la democratización de los medios signifique que tengan que repensar su función, todos-as tienen que pensar en qué tiempo estamos viviendo y cuáles son las causas por las cuales creen que deben luchar.

Mirar un mundo que está en medio de la peor crisis sanitaria nunca registrada, en medio de una guerra fría atroz donde la lucha es por el derecho a sobrevivir la enfermedad, con el centro del poder militar y simbólico que es Estados Unidos en una crisis tan espantosa que se vio en los días del asalto al Capitolio y donde es necesario que los otros países, los otros proyectos, los otros pueblos  y subjetividades tengan derecho a existir, a hablar, a avanzar, para poder evitar que la vida sea tan sólo derrota, caos, tristeza y devastación.

11.- Hemos visto imágenes suyas junto con un maestro eximio de la poesía y del derecho, ángel de somarís, Gustavo Pereira y también hemos visto otra junto con la familia de artistas de los Queipo y luego, el domingo, en el Día Mundial de la Poesía usted honra a la poeta Lydda Franco  diciendo su regio poema Una… Comparto junto con Edgar Queipo esta última pregunta, a quien se la solicitamos, de él para usted, como una ofrenda de agradecimiento por esta entrevista: ¿cómo unir las leyes y la poesía, desde sus insondables misterios que también son los del arte, en la búsqueda de interpretar al mundo a través de la belleza, y al igual que en la ciencia, la imitación de la naturaleza en la búsqueda de la mayor felicidad posible para todos? ¿Cuánto de nobleza y cuánto de justicia hay en tal idea?

Gustavo Pereira es un ser maravilloso y creo que es el mejor exponente de cómo en Venezuela los sueños de justicia siempre tienen poesía, al tiempo que todas las voces que han gritado justicia en el país han tenido el cantaito de la gente del campo, el gritao del oriental o las voces de las abuelas de Los Andes, de la gente que camina las tardes en cualquier callecita de tierra o que se persigna en las calles coloridas de nuestro puerto.

La manera en la que se une, no creo que sea una fórmula matemática. Algunos dicen que el derecho es una carrera literaria porque es una en las que más se leen y que más se escribe. Otros, que muchos escritores que le tienen miedo a los pronósticos de la vida artística se meten a abogados porque es lo más cercano o menos incompatible con ser escritor. La verdad es que creo que la vida de los abogados tiene bastante poco de poesía.

Por eso, yo creo que, si la poesía es el arte de lo bello, la palabra del alma siempre hay poesía en quién clama justicia y en quién devela lo injusto. Un asunto que a veces se va colando en las leyes pero que siempre está en el fuego que las hace cuando es el pueblo quien las sueña, quien las exige y quien las escribe.

Desde allí creo que la única manera en que puedan transitar juntos el derecho y la poesía es que vengan desde el reclamo de justicia, desde el sueño de cuál es la República que queremos, cuál es el modo en el que todos cabemos en esta tierra y cómo nos comprometemos a ser mejores por nosotros mismos y por todos, que tiene que incluir necesariamente a aquellos que sentimos como los otros. Los otros porque tienen otra religión, otra idea, otro color, otro partido, otro proyecto.

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Alexis Blanco

Noticia al Día