De Interés: conocimiento sin amor (María Elena Araujo Torres)

De Interés: conocimiento sin amor (María Elena Araujo Torres)

Hemos aprendido a cultivar el conocimiento para aprender diferentes prácticas que nos permitan generar dinero del sustento o para obtener bienes materiales que harán nuestra vida más cómoda y más feliz. Para eso básicamente nos impulsan a estudiar. Y si escogemos una carrera u oficio que nos guste como práctica entonces la felicidad sería más alcanzable, porque cobraríamos por hacer lo que nos gusta. Al menos así nos han enseñado.

Pero todos los conocimientos son realmente inútiles sino cultivamos nuestra intención bondadosa. La sinceridad, la bondad verdadera, la generosidad como práctica diaria, el auténtico amor por el prójimo. Sino generamos estas virtudes entonces los bienes materiales como dadores de felicidad no sirven para nada, porque siempre llegará la cotidianidad que produce hastío y habrá que producir nuevos bienes para satisfacer nuestros deseos. Así pasan los años y se convierte en una inclemente rueda de deseos-satisfacción-deseos, sin fin.

Cuando vivimos solo para obtener bienes materiales o comprar cariño para satisfacer nuestros deseos, la vida se torna fútil y sin sentido. A muchos les llega el ocaso de la vida sin saberlo. La vejez triste o dolorosa es el resultado, pues la vida pasó en la búsqueda de la tan promocionada felicidad que venden los anuncios publicitarios.

Viene a la memoria el caso de la famosa película En Busca de la Felicidad. Un hombre desempleado, casado con una mujer ambiciosa de bienes materiales que lo abandona con su pequeño hijo. La trama hace llorar al público. El hombre pasa muchas penurias mientras busca la oportunidad laboral que le permita generar suficientes ingresos para cubrir sus necesidades materiales y las de su hijo. Y lo logra. En ese momento logra la felicidad porque incluso después se vuelve rico, según explican, debido a que fue un caso de la vida real.

En el transcurso de la película se muestra el dolor y la tristeza por el abandono, por la falta de comida, vivienda, carro, etcétera. Eso pasa a mucha gente, con la diferencia que no todos logran una gran empleo con grandes ganancias, ni se vuelven ricos.

La vida muestra necesario el amor para vivir. Y no solo el amor por los familiares cercanos. El amor como practica universal, generador de energía positiva para el mundo. Amor por los amigos, los vecinos, los que nos agreden, los que consideramos desagradables. El amor que genera apoyo al necesitado. A veces con un buen trato sincero, con palabras de aliento ayudamos más de lo que imaginamos al prójimo. Eso es donar amor.

Solemos molestarnos con la gente que nos cae mal, que consideramos odiosa, egoísta, mal hablada, pero si analizamos que cada uno de nosotros puede llegar a tener esas características las cosas cambiarían con respecto a esas personas. Entenderíamos que son consecuencia de situaciones contraproducentes que los hacen ser así. Si hacemos introspección encontramos que también hemos mostrado estas conductas de acuerdo a la situación que podamos estar viviendo. Y quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Entonces, por ahí va el tema. Por tratar de conocernos para corregirnos y transformar nuestros defectos en virtudes que beneficien a todos quienes nos rodeen. Si cada uno pone un grano de

arena, el entorno cambia para bien, porque si alguien me pone mala cara y yo se la pongo peor entonces genero mayor malestar. En vez de resolver complico más el entorno. Alguien escribió por allí: no es necesario que te conviertas en luz, con que no molestes basta. Así seríamos como las piedras. Al hacer un esfuerzo diario de generar sonrisa, cariño, solidaridad, generosidad al prójimo, estamos sembrando bienestar colectivo. Estamos generando la tan buscada felicidad permanente, si la cultivamos a diario. Esa es la verdad.

María Elena Araujo Torres