De abuelos a padres: Cuando se cría a los nietos (PARTE II)

De abuelos a padres: Cuando se cría a los nietos (PARTE II)

Foto: Gustavo Baüer

Algunos abuelos han tenido que criar a sus nietos y hacerlos sus hijos, pero bajo las precariedades y sacrificios más grandes

En el barrio Rómulo Gallegos las historias convergen, lo hacen en medio del riachuelo de aguas residuales que atraviesa, desde hace años, una de las calles y que desemboca en un descampado cerca de Milagro Norte. La cañada no es lo único que se desborda, pues en paralelo las preocupaciones, necesidades y oraciones también lo hacen.

A dos calles de nuestra historia anterior está la de Blanca de Díaz, ella tiene 66 años, está desempleada y vive en compañía de su nieto Christofer, él es el hombre de la casa y tiene apenas 5 años. “Yo le voy a decir la verdad, yo a él no lo considero mi nieto, sino mi hijo, yo hice todo lo posible por ponerlo a estudiar y todo, allí tiene su cuaderno”, dice con orgullo Blanca mientras abre la puerta.

Foto: Gustavo Baüer

En la entrada hay un muro que mide medio metro, no es para impedir que alguna mascota se salga, sino para que no se inunde la casa, pues una fuerte lluvia casi siempre se adueña del interior del hogar, por lo que tener los pies secos cuando el cielo se derrama, es casi imposible.

Blanca tiene tres hijos, solo dos de ellos viven, el papá de Christofer murió hace casi tres años. Blanca todavía llora la pérdida, pero se abraza a este pequeño que es su recuerdo más cercano y que, desde aquel último adiós, cría.

“La mamá de él se fue para Colombia, desde entonces yo lo tengo, lo poquito que ella me ha transferido por ahí yo lo tengo anotado en un cuaderno y eso hace ya como tres años”, dice Blanca desde la sala en la que dos mecedoras fungen como muebles.

Foto: Gustavo Baüer

Desde noviembre del 2020 el servicio de gas en la zona está obstruido tras las fuertes inundaciones de ese periodo, por eso, sobre una pequeña mesa en un rincón de la sala hay una cocina eléctrica, y una olla vacía le hace compañía, pues al igual que en otros hogares en este algunas veces tampoco hay comida.

Ella busca cómo sobrevivir con su escasa pensión, por tal razón vende hielo en su casa, pero esto es insuficiente cuando hay dos bocas que alimentar o alguna enfermedad que curar. Para Blanca los días son inciertos y dependen de Dios, así lo refleja su pausado andar y temerosos pasos, mientras desde adentro espera el grito de algún cliente que quiera comprar. Al momento de la entrevista era casi mediodía, Christofer recuesta su cara en la pared y pone su mirada fija en la pequeña cocina. Sus ojos lo dicen todo.

Foto: Gustavo Baüer

“Yo tengo otros dos hijos que también tienen sus necesidades, pero cuando pueden me ayudan. Para la comida a veces hay, a veces no hay y así. Hoy tengo arroz solo, es lo que hay para comer”, dice Blanca tratando de contener la tristeza, pero su mirada se inunda y la impotencia en sus manos la invaden.

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Luis Fernando Herrera

Fotos: Gustavo Baüer

Noticia al Día