"Con la nostalgia no se puede lidiar"

«Con la nostalgia no se puede lidiar»

La mejor noticia cultural que ahora mismo podríamos compartir con ustedes viene con doble tapa y en edición antológica: El Emporio del Libro aún no ha cerrado sus puertas y su propietario, el maestro librero Carlo Maglione, aún vive en Maracaibo. Luego de cuatro décadas sirviendo al afán del público amante de los buenos libros en Maracaibo y en el resto del país, nuestro último gran exponente de un oficio fundamental para el desarrollo del placer de pensar y de saber, este personaje que recién celebró sus 61 años el pasado viernes, aún conserva intacta su vocación de puente directo entre las obras impresas en papel bendito y la voluntad de creer y crecer, leyendo.

Émulo de Lewis Buzbee, autor de Una vida entre libros, Maglione permite comprender aquellas hermosas frases que nos relatan: «Los libros son lentos. Requieren tiempo. Se escriben despacio, se publican despacio y se leen despacio. Escribir una novela de cuatrocientas páginas puede costar años, publicarla todavía más, e incluso una vez adquirida, el lector puede pasarse muchas horas con ella: días, semanas y hasta meses, a veces». Desde esa pasión hemos querido conversar con un amigo a quien recordamos, a comienzos de los 80, detrás del «Lía Bermúdez», con una mesa repleta de maravillas que ahora agradecemos que él nos haya enseñado a leer. Sobre eso hablamos, vía internet…

-¿Que nos dice el epílogo de El emporio del libro…?

– No, de ninguna manera. El emporio del libro no está para ningún epílogo. Está, quizás, sí, en una especie de «pseudo animación suspendida». Yo, por problemas de transporte, estoy yendo muy poco (al espacio de Cecilio Acosta con Santa Rita). Mi amigo y socio, el fotógrafo Audio Cepeda, está trabajando también en El Emporio y también va, aunque esporádicamente, y abre. Es que nuestro público es irregular, por razones obvias, pero eso en lo más mínimo es un epílogo. Es una continuación más espaciada, más reducida, pero El Emporio sigue vivo. Sin duda alguna se niega a morir y no digo que es inmortal, sino que yo me niego a que eso sea así.

Alberto Añez, Carlos Maglione y Audio Cepeda.

-Entre tantas anécdotas y personajes que transcurrieron por su librería…¿Podría citar siete de ellas,, las que a su juicio condense esa experiencia cultural?

—Recuerdo que, a lo largo de casi 41 años, he tenido la oportunidad de viajar a varios lugares donde había librería de libros, y allí pude contactar a muchos de los colegas. El caso del profesor Szinetar, historiador, hermano de Vasco, el fotógrafo famoso, El tiene una librería muy hermosa en Mérida. Los hermanos Glizer, en San Antonio de los Altos, tienen una de la librerías de libros usados más bellas que he visto en Venezuela, e intercambiamos clientes. Y en las Ferias del Libro he tenido siempre contacto con algunos de estos notables personajes, protagonistas del oficio. El poeta Caupolicán Ovalles, durante una reunión de la Asociación Venezolana de Escritores, estuvo aquí en Maracaibo y pasó pasó por la librería. También lo hizo el maestro Gustavo Pereira. Me quedan muchos nombres, gente entrañable, muy cercana o tal vez muy lejana de mis afectos, pero de la cual se reconoce su valía en cuanto a sus aportes a la cultura venezolana. .Hay un nombre, cuya tarjeta perdí, hace 20 años, un especialista en el tema de la división histórica del Zulia, un conocedor en profundidad de la historia de la Villa del Rosario y demás sitios afines. De la biografía de Venancio Pulgar se llevó todos los libros que consiguió, así como de la historia del Zulia, y muchos también, de la historia de Venezuela.. Por allá, por los 80, Eladio Lárez vino un par de veces a esta ciudad y era mi cliente. En los 90, algunos viernes,Rafael Poleo ordenaba a su secretaria que me llamara, para ver si podía abrirle el domingo en el que vendría a Maracaibo, por asuntos de negocios, cosa que aunque no me enorgullece. me hace reconocer la extraordinaria calidad de conversador de aquel gran amigo del poeta Hesnor Rivera, Y así, gente que venía desde Caracas, sobre todo políticos que venían al Emporio a buscar sus libros. Algunos adecos, furibundos adversarios del proceso . Eso no era difícil para mí, porque muchos domingos abría ya que me encantaba trabajar. Oscar Yánez también vino a la librería y compró algo, él era también un gran conversador. No sé si haya sido sólo siete, diría que son muchísimos más, pero de aquí de Maracaibo podemos hablar de grandes conversadores y amigos. Mi experiencia con ese escritor que se cree el Cervantes de Maracaibo, Norberto Olivar, quien, sí, es un novelista, pero quien alteró todo lo que le dije acerca de mi experiencia de amistad con Hesnor Rivera, en su obra, Cadáver Exquisito. El poeta César David Rincón, sin duda alguna. El Maracuchismo-Leninismo completo. Digo, con Alberto Áñez , con Douglas Gutiérrez, con Blas Perozo Naveda..Y así con gente con la que me he distanciado, como Ángel Lombardi. , así como su difunta esposa, la poeta Lilia Boscan. Y gente entrañable, como los hermanos José Manuel y Carlos Delgado Ocando, mis maestros de marxismo; el doctor Arcadio Delgado Rosales, así como su hermano inolvidable, Francisco. Artistas como José Ramón Sánchez, Ender Cepeda, José Gregorio Gotopo, Ender Colina o Galvar Sánchez, junto con su padre, el memorable músico Havid Sánchez. Es una pregunta fuerte porque no quiero dejar gente por fuera. Los profesores de la Universidad del Zulia, Fabio Gutiérrez, gran matemático, y mi compadre Heber Nieto, fundador de la licenciatura en computación. Hubo muchachos que venían junto con sus padres y terminaron graduados y visitandonos siempre. No quiero olvidar a nadie, pero creo que tampoco tendrías espacio para mencionarlos a todos.

-¿Qué detalles de carácter político no deberían faltar en la hoja de vida de El Emporio?

—Vamos a ponerlo de esta manera: La gran mayoría de los libreros que yo he conocido a lo largo de mis viajes y de las cantidades de librerías que he visitado en España, en Colombia, en Canadá, en varias ciudades Estados Unidos y aquí en Venezuela, con los que he tenido contacto siempre. Antes, con el viejo modelo de cartas y, después, con los correos electrónicos. La gran mayoría eran anarquistas. Yo, en principio, fui apolítico. Hasta los 15 años. Luego fui leyendo, haciendo preguntas, conversando con mis maestros de entonces, como Heber Nieto, Marcos Patiño , Héctor Arciniegas, quienes empezaron siendo clientes y terminaron siendo muy amigos. En su mayoría eran hombres de izquierda. Luego, cuando di cursos de esperanto en la Universidad del Zulia, verifiqué mis convicciones, Hoy, viernes 12 de marzo, cumplo 61 años y legalmente seré un sexagenario, y declaro que ya estoy muy viejo para cambiar. Eso fue lo que le dijo Fidel al papa polaco cuando éste fue a la Habana. Le dijo «¿cuando vas a cambiar'» y él le respondió «estoy muy viejo para cambiar.». Todos los que me conocen saben que soy un viejo marxista, leninista, estalinista, de muchos años. En El Emporio hubo siempre un gran retrato de Carlos Marx, No voy a cambiar. El emporio era como espacio para gente de izquierda, Pero recibía sin ningún prejuicio a gente de toda corriente de pensamiento, con sus excepciones, claro.

-¿Cómo lidia con la nostalgia a través de medio siglo de oficio… Qué cosas agregaría o eliminaría, en retrospectiva, de esa trayectoria profesional?

–Con la nostalgia no se puede lidiar. La nostalgia para mí es un estado permanente. Forma parte de mi, de mi depresión, de mis neurosis, que sólo me alivian mis dos nietas, así como la esperanza de conocer a mi nieto, que nació en Panamá y aún no lo he conocido porque estoy sin pasaporte. Y se me ha puesto muy difícil renovarlo. Uno no lidia con la nostalgia, o al menos, yo no sé cómo hacerlo. Como dijo Jorge Manrique «Cualquier tiempo pasado fue mejor». El mundo de los libros tuvo una mejor época antes que esta crisis económica, producida desde afuera por los enemigos naturales de un proceso revolucionario de izquierda, que así la provocaron. Por culpa de esos naturales enemigos de ese proceso de izquierda dentro del país, eso se detuvo. He aprendido a vivir con esa nostalgia de, por ejemplo, hacer actividades culturales sin fines de lucro, desde el 2001 hasta el 2018. Tertulias, exposiciones, muestras de fotografía, teatro de calle, presentaciones de tambores, de músicos urbanos, de blueseros (Gabriel Torres y Bob Bush tocaron allí, en la calle). Hicimos 17 años de actividades culturales viento en popa.

–¿Es el oficio del librero susceptible de configurarse con rango académico superior…De qué le serviría a nuestros países formar verdaderos libreros, antes que a meros vende-libros?

—Si, sin duda. El oficio del librero debería poder configurarse como técnico superior o incluso como una licenciatura. Personalmente he asumido este oficio como algo muy digno de profesionalizarse. Pero debes hacer el trabajo bien hecho. Tienes que haber leído mucho, conocer de todos los géneros literarios y de todas las disciplinas científicas y humanas. Saber de autores y sus biografías. Haber leído muchísimos libros y tratar de recordarlos. Tener presente las épocas históricas.. Conocimiento de la historia de la literatura universal, local y nacional. Eso nos indica que hay que saber también de geografía, gramática, lingüística y saber de gustos literarios. Una buena cantidad de los conocimientos de un buen licenciado en letras, también son los del librero. Un comerciante puede organizar los libros de manera alfabética y no le importará colocar a García Márquez ahí por donde estará la G y sólo va a colocar una etiqueta que diga el precio. Eso lo hace cualquiera. Pero el oficio del librero es un poco más complicado, porque llega alguien y te dice «qué me recomienda». Ahí comienza otro proceso, si no tienes perspicacia de averiguar qué edad tiene, los intereses lo motivan, las películas que le gusten y así por el estilo, para entonces poder orientarlo, Por eso sí creo que hay que estudiar, y mucho, para ser un verdadero buen librero.

—¿Cuál ha sido el libro más raro, el más caro y el más importante que haya vendido alguna vez?

—Esta no es difícil. El libro más caro que tuve fue una edición de Venezuela Heroica, de Eduardo Blanco, que data de 1888, con todos los cinco cuadros, y que se vendió por por el equivalente, hoy, a unos $100. Era un libro que había sido condenado a desaparecer. Yo tengo dos libros publicados de narrativa corta. Y estoy escribiendo un libro de anécdotas interesantes y simpáticas de El Emporio..Por ejemplo, un abogado de La Rita que se murió y su familia tiró al lago varias cajas de libros y alguien salvó tres y me los trajo.. Había maravillas allí: Una primera edición, en cinco tomos, de Los viajes a las regiones equinocciales, del Barón Alejandro von Humboldt, publicado por el ME ,en 1901. Los cinco tomos de las Obras Completas de Cecilio Acosta, de ese mismo año. Vendí una Doña Bárbara, edición 1935, firmada por Rómulo Gallegos. También otros libros, firmados por Uslar Pietri. No la vendí, pero si me trajeron para que la restaurara, una edición de La Biblia, en gaélico, de 1700. No llegaba a ser un incunable, pero si era un libro raro. A un coleccionista de libros raros, de Mérida, le vendí una serie de libros en latín, de 1720, encuadernados en piel de cerdo, con un papel de mucha calidad. Tengo una primera edición de María Calcaño, de 1935, editada en Chile, en cuero. Tuve un libro de los Antipoemas, de Nicanor Parra, firmado por él y con unos dibujos suyos, que se lo vendí a un coleccionista de libros, de Chile. Estas preguntas tuyas producen mucha nostalgia.

-¿Podrá su noble oficio adecuarse a los cambios de la tecnología?…¿Cómo avizora el desarrollo de los llamados “ebooks” o libros digitales y cuánto ha de trastocar su oficio?

— Claro que sí podrá adecuarse. Hay alternativas desde el punto de vista de editar y vender libros digitales. Libros por encargo. El desarrollo de los iBooks lo que ha hecho es generar mayores lectores. Un poco por la novelería de leer en una pantalla blanca. No soy muy amigo de esas tecnologías porque sigo enamorado del papel. Pero como toda moda, toda novedad, atrae gente. Y los libreros tendremos que adaptarnos a las nuevas tecnologías. El Emporio no tiene Internet porque Cantv está brindando un servicio lamentable. Aquí en Maracaibo este trabajo lo está haciendo Puerto de Libros. En Amazon hay un montón de páginas que están haciendo eso. El oficio se trastoca un poco pero la idea continúa siendo la misma: aprender del libro y brindarle al cliente orientación sobre su lectura. Tengo buenas esperanzas en ese aspecto.

–¿Cuánto separa al buen librero que usted es de esos notables escritores que tanto ha ayudado a difundir?

— Creo ser un buen librero. Empecé a vender libros usados en la Plaza Baralt, en una mesita. Fui un buhonero más, de los que hubo en aquella época.. Después volví a ser buhonero y arrastré en eso a mi esposa, quien tiene licenciatura en educación, profesora de castellano y literatura, así como de historia del arte. Con la Armada trabajamos dos años y medio difundiendo la lectura. Cumpliendo el mandato de divulgar y promocionarla. Estuvimos en los territorios insulares, en Isla de Toas, San Carlos y en Zapara, también en el Sur del Lago, en Congo Mirador y en Los Puertos de Altagracia y en Puerto Cuervito, y otros lugares. Regalando y vendiendo libros. Con CarboZulia también logramos viajar por la troncal del Caribe haciendo ese trabajo. De los grandes escritores me separa la genialidad. He hecho mis pinitos escribiendo pero nada que ver con un Vargas Llosa, personaje que me cae fatal, pero de quien reconozco que escribe muy bien. Tengo más de un centenar de artículos de opinión publicados, más cuatro amenazas de muerte, dos aquí en Venezuela y dos en Colombia. También he publicado cuentos. Quizá sea la falta de talento lo que me distancia…Como decía antes, manteníamos un programa de donación de libros para bibliotecas escolares públicas y hemos ayudado a formar muchísimas de ellas. Tenemos como proyecto ofrecer, a alguna institución que nos los quiera comprar, esos 58 mil volúmenes que tenemos disponibles, para que ellos después los donen, ojalá que para hacer bibliotecas comunales. Nosotros hemos donado muchísimos libros. Si recuerdas, mantenía una caja llena de libros frente a la librería, para que quien pasara se los llevara. Aprovecho para recomendar a las autoridades que le metan la mano al liceo Baralt y lo rescate, porque da vergüenza pasar por allí y verlo en ese estado tan deplorable y triste.

–¿Cómo analiza las políticas editoriales desplegadas en estos 21 años de revolución en Venezuela…? ¿Cuáles serían sus sugerencias para ampliar tal proceso de difusión y promoción del libro?

— Creo que es una maravilla que se hayan podido publicar tantos libros gracias a esas políticas y en medio de tantas dificultades. La imprenta regional me publicó un poemario, en el 2010. Y en el 2004 se publicó otro. Durante la Cuarta República publicaba la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, que, debo reconocer, alcanzó gran mérito por su criterio editorial de gran calidad. Creo que el Centro Nacional de Libro ha hecho muy buen trabajo. Y ahí están El perro y la rana, Fundarte y Monte Ávila. En la Cuarta, para publicar sólo había que tener una palanca y no necesariamente talento, sino eso, influencias. Monte Ávila publicó cosas muy buenas, pero también otras muy difíciles de leer. En la actualidad el Estado ha publicado miles de libros y el éxito de las Ferias del Libro ha sido innegable. Habría sido estratégico crear una fábrica de papel y una de tinta, para poder ayudar a editar libros en Venezuela, además de periódicos, revistas, etcétera… Pero entonces llegó el Bloqueo y la historia ha sido más difícil.10.- La industria editorial a nivel mundial despliega estrategias de mercadeo que convierte a los escritores en una suerte de “estrellas del negocio”… Ofrezca su visión del asunto…

—La industria editorial a nivel mundial, como empresa capitalista, presta un servicio remunerado. Hay autores que son reconocidos porque pagan. Contratan una empresa de relaciones públicas para que haga que hablen muy bien de tí, Y se gasta en mercadotecnia, en trucos de «marketing», en ese tipo de cosas con las que se crean autores a partir de la nada. La venta de libros es un negocio capitalista. Se han encumbrado algunos autores que no entiendo, porque no los puedo leer, me aburro. Y punto. Carlos Marx ya advirtió que todo es susceptible de ser transformado en mercancía, de tener un valor de uso y un valor de cambio.

–Cuente, por favor, la historia y la leyenda de “Pepe Cilindro Cilindro”…

..Es un personaje de ficción, por tanto no existe. Es una especie de alter ego mío, que nació accidentalmente, Un día que fui a una farmacia a comprar algo, que eran cuatro lochas, pero eran aquellos tiempos cuando se había empezado a exigir el nombre y otros datos para darme la factura.. Y el empleado me insistió en lo del nombre y entonces yo le dije «ponga cualquiera», Y el de la farmacia me dijo, «bueno, voy a poner Pepe Cilindro Cilindro». Y le dije que estaba bien. El año pasado, Facebook censuró mi cuenta, con la cual hacía activismo político fuerte. Y hubo dos respuestas o quejas duras: una, de un pastor evangélico a quien le decía que yo no quería mantener vagos pagando diezmos. Y otro, músico, quien usaba un seudónimo, pero de quien conocía su identidad, que me amenazó. Dijo o escribió que “ había que matar a todos los malditos comunistas “.. Entonces me sancionaron y cerraron la cuenta, primero un mes y después me la quitaron. Yo no soy antisemita, pero soy propalestino y si, defiendo a la gente más necesitada. Y creo que eso no le interesa mucho a Facebook. Me denunciaron dos judíos sionistas por «comunista y racista», etcétera. Entonces, como eso no es verdad, que soy antisemita, abrí otra cuenta, esta vez con el nombre de Pepe Cilindro Cilindro. Me hicieron un favor porque tenía sólo 450 seguidores y ahora tengo 4500. Vivo haciendo proselitismo político atacando a la ultraderecha política fascista y defendiendo las causas del pueblo. No voy a cambiar.

 

 

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Alexis Blanco

Noticia al Día