Aleafar...In Memoriam...

Aleafar…In Memoriam…

Foto: Cortesía

La maestra artista Rafaela Baroni Miliani registró anoche la última de sus tres muertes. 85 años tenía la dulce mujer que nos enseñó a creer en la energía cósmica. Su corazón de maga cesó de latir a eso de las ocho, cuando las luciérnagas comenzaban a danzar entre la neblina de Betijoque, en cuyo hospital ocurrió la última de sus performances.

Tenía once años cuando mostró su dominio pleno de las formas de la catalepsia. Aquella niña se levantó de la urna donde estaba siendo veloriada con los rituales andinos tradicionales de cánticos acompañados con cuatros lúgubres. Veinte años más tarde, cuando tenía 31, la hermosa dama esclarecida, amante de las líneas sutiles, las formas gravitadas y las palabras preciosas volvió a suspenderse en el tiempo y en el espacio cruzando el umbral del zenith morado.

Dada clínicamente por muerta, en medio de ese nuevo velorio igualmente conmovedor, emergió de su estado cataléptico asombrando a sus dolientes con sus versos del rayo y la tormenta.

Aún no se sabe si tendrá la gracia de una nueva redención. La Virgen del Espejo, José Gregorio Hernández y todo el santoral católico acompañará a su más excelsa hagiógrafa, esa muchacha signada por el dolor y sus desventuras, la que también fue declarada ciega hasta que sus pupilas forjaron la llama sagrada de la luz, la de esos versátiles movimientos de performancista sin poses ni intereses mezquinos.

En esa revista de la Universidad de Los Andes, Ontosemiótica, Fermary Aldana busca respuestas científicas al corpus milagrero que era Rafaela: “Baroni, quien tuvo que ser hasta partera, recurre a los elementos que le ha dado la vida para hacer de ellos obra de arte, aunque menos deprimida que Frida (Kahlo), Rafaela majestuosamente ha sabido también plasmar en sus tallas y pinturas cada uno de los rasgos que han ido signando su vida”.

Hay nuevos motivos de duelo hoy en La Mesa de Esnujaque, donde ella nació, el primero de noviembre de 1935, y también en Betijoque, donde tenía su Paraíso de Aleafar y su taller Los ojos del búho, donde ya no llenará más ese ataúd donde dormía, quizás para explorarse a sí misma explorando el viaje infinito hacia la muerte. Toda ella una hada escorpiona, plena de misterios y de telekinesias cósmicas, energía que se detiene en el un, dos, tres de su último Día de la Mujer.

ENERGÍA CÓSMICA tormentosa como los arroyuelos de los páramos emanaba de Madre Rafaela que, ténganlo por seguro, nos avisó anoche mismo, bien temprano, de su último viaje, cuando el seretón paraguanero, Gustavo Colina escribía una crónica de los autovelorios que otra gigante de la energía cósmica, Lydda Franco Farías, realizaba en estado de “genius ludens” en su casa de San Jacinto, con Zavala su marido y Colina y su cómplice realengo, maestro Atenógenes Urribarrí…

Y a partir de ese detalle de la ceremonia de trascendencia poética infinita, este Shamán de Niquitao le apuntaba por WhatsApp los siguientes comentarios que, sin saberlo, eran reflejo de esa energía que cuál neblina cataléptica iba extendiendo por el orbe el elan bendito de la bienamada inmortal de Los Andes trujillanos:

…(Tu texto) Tiene ese toque inaprehensible de todo buen sueño..Como volutas de humo y voces ronquitas y roneras..El detalle del velorio inventado sería veta gozosa.. Abrazo conspirativo a lo Libro de San Cono…”

(…) Eso del velorio me recuerda a aquella artista que oficiaba su propio velorio, no recuerdo si era La Chúa de Sanare u otra que era dé Trujillo. Par de veces estuve en esos oficios. También Humberto Márquez tenía un proyecto similar que fue dejando de lado, tras verse muy cerca de la otra orilla.. Cosa muy seria esta de representar la muerte. Pero también un asunto muy elevado…”

“¡Ya recordé!!”…Rafaela Baroni se llama ella..Y sostiene que sus instancias de muerte son absolutamente reales. Ella ha sabido (de)construir su propio sufrimiento…”.

Y cerraba ese diálogo crucial (aún ignorantes del registro de Rafaela Baroni con Dante, con Virgilio y con Saramago), con apuntes sobre el juego de la muerte, allende las culturas ancestrales de los vedas y los mexicanos:
“Seizenso, la tendencia en Japón de asistir a tu propio funeral… sin haber muerto”, un artículo de la BBC sobre el tema, de 2019.

“En Japón los funerales para personas vivas los popularizaron en la década de los 90 personajes famosos de la televisión.
Asistir a un funeral nunca es una experiencia agradable, pero ¿y si fuera el tuyo propio y tuvieras la oportunidad de oír todo lo que a la gente le gusta de ti?

Los funerales para vivos son cada vez más comunes en países como Estados Unidos y Reino Unido, pero sobre todo en Corea del Sur y Japón, donde los llaman seizenso, que literalmente significa «funeral mientras estás vivo».

La empresa en Corea del Sur que mete a sus empleados en ataúdes para que valoren la vida

«La muerte puede ser muy hermosa»: por qué debemos acabar con el tabú sobre la muerte y hablar de ella a lo largo de nuestra vida

En su libro La muerte y morir en el Japón contemporáneo, la antropóloga de origen japonés Hikaru Suzuki explica que es una nueva forma de lidiar con la muerte. Los seizenso pueden ayudar a obtener una nueva perspectiva de la vida, enfrentar la inevitabilidad de la muerte y, en el caso de quienes padecen una enfermedad terminal, darles la oportunidad de decir adiós a sus seres queridos….”.

Y así cerramos un capítulo más de nuestras páginas y pasiones polímatas. Pero minutos después Gustavo llamó con el corazón en la boca, como sincopa tocada por El Chivo Nestor Gutiérrez:

-“¿Tú sabías que anoche murió en tu tierra Rafaela Baroni?”..

Y la campana en que se me ha tornado el trigémino recibió la ráfaga de viento olorosa a jazmines que Rafaela deslizaba por nuestros caballos desbocados. Y supe por qué la artista Dina Atencio me habló con tan especial dulzura sobre las intermitencias de la muerte inesperada y también volví a sentir a Aleafar sirviendo café en aquellas sendas experiencias suyas, cuando entraba y salía de su catafalco como poseída de la flor y la gracia de don Ramón Palomares diciendo Adiós Escuque y escuchábamos las energías de Laudelino y de José Antonio acompasando los esquejes de Adriano y desde entonces solo puedo sentir como esa neblina morada que ahora representa a la bienamada Rafaela Baroni Miliani va extendiéndose páramo abajo y montaña arriba y ese enjambre de cocuyos que no admiten ese trago de miche o de mistela que mezclados con estas lágrimas rebeldes nos permiten comprender la íntima relación qué hay entre Rafaela, y Josefa y Salvador y Ana Enriqueta y también al Flaco Prada, todos hijos preciosos de la sagrada esencia de todos nuestros misterios, los que nos vino a susurrar esta mañana el alma insondable de Rafaela, para quien su paisano, Víctor Valera Mora vuelve a musitar: “Yo no voy a morir nunca / yo no voy a vivir siempre..”. Descansa en paz, en tus juegos de ataúdes..

 

 

Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestro canal en Telegram haciendo clic en este link: https://t.me/NADZulia.

Además, puedes seguirnos en Instagram y Twitter como @noticiaaldia o síguenos en nuestra página de Facebook Noticia al Día.

 

Alexis Blanco

Noticia al Día