Rodolfo Izaguirre: "Gracias al cine supimos que existía un país"

Rodolfo Izaguirre: «Gracias al cine supimos que existía un país»

Fotografía de Rodolfo Izaguirre de la Colección Gráfica de Federico Prieto

De los 124 años del cine nacional, celebrados el pasado 28 de enero, Rodolfo Izaguirre ha vivido 91, lo cual le otorga una enorme ventaja en su labor de crítico cinematográfico.

Ser testigo vivo del devenir del séptimo arte en Venezuela y ser un acucioso investigador del hecho cinematográfico, le concede el derecho de opinar y develar las fragilidades de la producción criolla.

Rodolfo Izaguirre concedió una entrevista telefónica a Noticia al Día en la cual, con el encanto del buen conversador, nos brindó un fugaz recorrido por la historia del cine nacional, donde sobraron reconocimientos a la labor de los realizadores, pero también la crítica pertinente y sin edulcorantes.

 

De Manuel Trujillo Durán para acá

 

Luego del nacimiento del cine en Venezuela, con Manuel Trujillo Durán, pasaron muchos años para que fuese reconocido. Era un cine artesanal, donde los roles de director y productor los ejercía la misma persona.

Más adelante llegaría la industrialización del cine y las producciones que han permitido retratarnos como sociedad.

Recuerda que Bolívar Films, desde su constitución en 1943, llevaba un registro fílmico de la gestión de los gobernantes de turno, para luego proyectar tales imágenes al público que concurría a las salas de cine.

“Gracias a esas filmaciones nos conocimos y supimos que existía un país”, afirma.

Compara o conecta este hecho con un evento organizado en 1948, a propósito del ascenso al poder de Rómulo Gallegos, que recibió por nombre La Fiesta de la Tradición, organizado por Juan Liscano.

En aquella ocasión se congregaron en el Nuevo Circo de Caracas, cultores venidos de todas partes de Venezuela y fue un descubrir del país, a través de las expresiones de cada estado. Para la época resultaba arduo interconectar las diferentes regiones de la geografía nacional.

En el caso de Maracaibo y toda la costa occidental del Lago, hasta la construcción del Puente Rafael Urdaneta, teníamos poca conexión con el resto del país.

Izaguirre concede que el cine “ha llevado mucho palo, pero ha resistido”, y en ese acto de rebelde permanencia la cinematografía con sello venezolano se mantiene en pie y sigue haciendo presencia en los festivales nacionales e internacionales y en las salas del país, quizás no con la frecuencia deseada.

Define a la historia del cine nacional como “larga y dolorosa”, refiriéndose al poco apoyo con el que cuentan las producciones para poder rodar, ir a postproducción, comercializar. Asimismo, otro asunto a sortear es el sesgo que se impone a las producciones que cuentan con el respaldo oficial, principalmente en los últimos 22 años.

En el transcurrir del cine nacional identifica dos hechos relevantes: la aprobación de la Ley de Cinematografía, durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, y la creación de la Villa del Cine, en el mandato de Hugo Chávez.

La ley de cine dio un marco jurídico e institucional al cine nacional, mientras que la Villa del Cine brindó un espacio y una posibilidad a los realizadores.

Quizás por modestia, Rodolfo Izaguirre dejó en segundo plano su brillante gestión al frente de la Cinemateca Nacional durante 20 años, aunque señaló que gracias a esta institución el Estado venezolano reconoció la importancia del cine para el país.

Izaguirre define a los cineastas como “los poetas de este tiempo” y recuerda que en el cine confluyen todas las artes.

Considera que hoy día las producciones tienen a disposición todas las facilidades que ofrece la tecnología, pero muchos cineastas no saben contar historias. “Es necesario conciliar la narrativa con la tecnología”, asevera.

“Dejemos de hacer películas y hagamos cine… que las imágenes hablen”. Considera que algunos cineastas nacionales dan muchos discursos, pero no llegan al interior de los personajes, de sus historias.

No deja de hacer ver que, en su opinión, el cine de Román Chalbaud, es un ejemplo del deber ser. Refiere que películas como El Pez que Fuma, pueden ser apreciadas por cualquier espectador con mayor o menor nivel educativo y cada cual tendrá una lectura y un disfrute. Señala que este film es el retrato del país.

Sobre Margot Benacerraf, homenajeada este año en el Día Nacional del Cine, representa al cine de autor y también la incursión de la mujer en este ámbito en un tiempo en que todavía se pensaba que su lugar eran “los oficios del hogar”. Sin dudas, representó un logro para el género.

 

Uno de los sectores más golpeados

 

El cine depende de la economía y en este tiempo de crisis y pandemia ha sido uno de los sectores más golpeados.

Al momento de referirse a las películas memorables del cine nacional vuelve a relucir Chalbaud: Caín Adolescente (1959), El Pez que Fuma (1977), Oveja Negra (1987).

De las producciones recientes menciona a Lo que se llevó el río, de Mario Crespo; Pelo Malo de Mariana Rondón; Hermano, de Marcel Rasquin.

Afirma que el cine nacional sufre de epilepsia: alza el vuelo, decae, vuelve a resurgir, se adormece. Sin embargo, “avanza a su manera con esfuerzos titánicos”.

Cree no tener nada que aconsejar a las nuevas generaciones, simplemente que hagan su camino, que lo descubran por sí mismos. “Aprende tu oficio y ejércelo”.

Rodolfo Izaguirre, quien el año pasado recibió el Premio de Honor de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Venezuela, confía que el país de oportunidades que anhelamos va a volver y que, en ese retorno, el cine venezolano también va a regresar con mayor auge.

 

 

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F. Reyes

Noticia al Día